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Crítica teatral: Celos y agravios, una belleza barroca

jueves 11 de julio de 2013, 17:56h

En este desolador panorama escénico del verano de 2013 merece la pena destacar un hermoso montaje del teatro barroco español: "Celos y agravios". Puede verse en el teatro Fígaro, dirigido por Liuba Cid y protagonizado por Vladimir Cruz. Un digno ejemplo de cómo pueden montarse nuestros clásicos.

  • Los actores de

    Los actores de 'Celos y agravios'
    Antonio Castro

  • Los actores de

    Los actores de 'Celos y agravios'
    Antonio Castro

La versión de esta comedia de 1636 es clara y directa. Los enredos están perfectamente ordenados para que el espectador no se pierda en los conflictos de estos personajes que buscan amores y venganzas. Don Juan, soldado burgalés, llega a Madrid para conocer a doña Inés, con la que va a casarse. Pero también quiere vengarse del asesino de su hermano y de la deshonra de su hermana. La casa de su futura esposa en la calle Alcalá es el punto donde convergen todos los conflictos. Don Lope parece ser el seductor de Inés, y también es el enemigo del que debe vengarse el galán. Al final de una serie de encuentros, equívocos y duelos, todo el mundo queda resarcido.

Liuba Cid y los actores del Mephisto teatro ofrecen un vodevil disparatado con economía de medios y mucho talento. Nos encontramos ante una representación como si se hubiera producido en un corral de comedias. Un telón pintado es el único decorado y los actores miman entradas y salidas a la vista del público. Además, esta compañía se permite un lujo: el extraordinario vestuario de Tony Díaz realizado con papeles y cartones. El resultado es espléndido y los figurines muestran una gran creatividad.

Otra evidencia para el público es que los actores se divierten con la representación y transmiten alegría al patio de butacas. Con mucha frecuencia, los directores se acercan al repertorio clásico con miedo, solemnidad y reverencia, aunque sean comedias de enredo como la que nos ocupa. Esta compañía entiende qué es un disparate, y busca hacer disfrutar al público sin ningún pudor en exagerar los arquetipos. El figurón (Rey Montesinos) se desmadra sin ningún temor al ridículo, el criado Sancho (Justo Salas) acentúa su físico de gañán desgarbado y las damas no se recatan en manifestar su admiración por los hombres más agraciados.

Además, es sumamente meritorio que los actores se desenvuelvan con agilidad embutidos en esos complicados trajes. El resultado es un espectáculo con ritmo acelerado, con una deliciosa interpretación del verso y con un humor inteligente que se agradece en un panorama que, no pocas veces, cae en lo chabacano para hacer reír. "Celos y agravios" no provoca carcajadas pero pone una sonrisa constante en el público.

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