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Un Metro con sabor a flamenco

Un Metro con sabor a flamenco

La Cumbre Flamenca en el suburbano se ha convertido en un acontecimiento señalado en el calendario cultural de la región

domingo 16 de septiembre de 2007, 00:00h
Arranca en el Metro de Madrid un taconeo de trenes, un chirriar de palmas y el tronío de las voces ásperas del jondo. Es la Cumbre Flamenca, la tercera edición de una cita que adquiere pestigio en el calendario de los eventos culturales de la región. Lo que empezó siendo una idea sin nombre ha acabado convirtiéndose en un acontecimiento que también suma puntos el currículum de los artistas. Por los andenes del Metro han pasado ya cantaores y bailaores como Tomatito, Manuela Carrasco, Niña Pastori, o el Capullo de Jerez. Este año le toca a José Mercé, el Güito y Carmen Linares. El flamenco se ha subido al tren de Madrid.
El Metro huele a flamenco en septiembre. Desde hace tres años el comienzo del curso coincide con la celebración de la Cumbre Flamenca de la Comunidad que se ha convertido ya en un "clásico", a ojos de su organizador Roberto Azorín, quien asegura que a muchos artistas empieza a interesarles esta cita en su agenda. Lo demuestra el cartel que en estos tres años ha exhibido la Cumbre, en el que figuran cantaores y bailaores de la talla de El Capullo de Jerez, El Lebrijano, Tomatito, Manuela Carrasco, María Pagés y, este año, José Mercé, Carmen Linares, Antonio Carmona, Aurora Vargas, Pansequito y El Güito.

Ya en el 2002, la Comunidad de Madrid decidió dar protagonismo al flamenco en el marco de una serie de ciclos musicales que pretendían promocionar el Metro como algo más que un mero sistema de transporte. Allí se dieron cita aquel año Sara Baras, Rafael Amargo y Antonio Canales, además de Bebo Baldés, Falete y Diego El Cigala. "Por fin en 2004 nos decidimos a organizar una cumbre estable, animados por el interés y la afición de la presidenta Esperanza Aguirre por el flamenco", explica Roberto Azorín.

El Capullo de Jerez, en 2005 Buscaron un lugar -la estación de Nuevos Ministerios- y a los artistas invitados. "Fue un punto -dice-. Nos costó mucho organizarlo  y convencer a estas figuras del flamenco de acudir a un acontecimiento como éste, porque el Metro no es un lugar muy común, y nos desbordó la respuesta del público". Con la experiencia del primer año, la segunda edición de esta Cumbre contó con mayor seguridad y organización. "Pensamos que no había que concentrar a todo el mundo en un hall y colocamos más pantallas por el vestíbulo, de modo que los espectáculos se pudieran contemplar desde diversos lugares, no sólo a pie de escenario", igual que ocurrirá este año.

Se prevé que en esta ocasión el festival, que estrena escenario en el vestíbulo de la estación de Chamartín, más de 20.000 personas puedan disfrutar cada noche a eso de las diez -y, eso sí, gratis total- del evento, una cifra que ya se alcanzó el pasado año. Entonces miles de pasajeros o personas que acudieron expresamente a Nuevos Ministerios se reunieron bajo tierra con los artistas, a quienes no les importó los problemas de espacio o las deficiencias de sonido "porque el Metro no es un lugar con buena acústica", recuerda.

Carmen Linares y José MercéJosé Mercé, "encantado"
El propio José Mercé, que abrirá la gala de este año el lunes, 17 de septiembre,  reconoce que no le asusta la acústica. "Espero que aunque no sea la mejor, habrá buenos técnicos que nos puedan poder un sonido aceptable". Mercé está "encantado" de cantar en el Metro, una idea, a su modo de ver "genial".  "Deberían hacerse muchos escenarios de este tipo". A su ánimo contribuye el hecho de que la cita sea en la capital: "soy muy madrileño aunque sea de Jerez porque siempre que trabajo en Madrid me siento en mi casa y vengo mucha ilusión y muchas ganas".

El Güito y Pansequito Para Pansequito -pareja artística y sentimental de Aurora Vargas- cantar en el Metro es "una experiencia nueva y sorprendente" de la que espera "mucho". Cree que esta es una de las cumbres con más caché, por los artistas que le acompañan en el cartel". Cuando se le pregunta que qué cree que tienen en común el metro y el flamenco responde: "Eso quisiera saber yo, vamos a verlo con esta nueva experiencia".

En la organización los nervios están a flor de piel. "Han sido muchos meses de preparativos, "prácticamente un año, desde que acabó la cumbre 2006", explica Roberto Azorín, quien reconoce que "lo peor" es lograr reunir en una misma semana a artistas de renombre. Después viene el montaje, ubicar el escenario y prever la seguridad,  algo que promete estar totalNiña Pastorimente garantizado. "Para esta cumbre tuvimos una idea muy original que no pudimos llevar a cabo, y que era organizarla en una túneles vacíos de la estación de Chamartín por los que pasará una futura línea de Metro. Sin embargo necesitábamos un entarimado gigante y no había tiempo ni recursos. Pero no lo descartamos para otra ocasión". Eso será, tal vez, el próximo curso. Pero ahora la Cumbre está a punto de subirse al tren.
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