www.madridiario.es
Camino a la libertad

Camino a la libertad

viernes 10 de agosto de 2007, 00:00h
“Salir de esto sola es imposible”. Lo dicen Lola y Olga, dos mujeres que han sufrido en sus vidas la crudeza de la violencia de género y que hablan desde la experiencia para que cualquier mujer que se encuentra en la misma situación se atreva a dar el primer paso hacia una libertad que le ha sido privada de una u otra forma. Madridiario ha hablado con ellas sobre una realidad que ya se ha cobrado este año 48 víctimas mortales, seis de ellas en Madrid, y que en verano parece recrudecerse, “ya que hay más convivencia” entre las parejas. Salir de este infierno, “se puede”.
Lola Aguilar, pediatra de 43 años, dirige el Centro de Atención, Recuperación y Reinserción de Mujeres Maltratadas de Madrid, una instalación pionera en España abierta en 1991 y que en 16 años ha evaluado a cerca de 750 mujeres que han sufrido malos tratos.

El centro, gestionado por la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, es gratuito y tiene una capacidad para “28 unidades familiares” que pueden seguir un programa integral destinado a mujeres y sus hijos, si se da el caso, y estructurado en cinco áreas de trabajo: jurídica, psicológica (“el pilar del tratamiento”), formativa, trabajo social y convivencia. El 20 por ciento de las plazas están reservadas a extranjeras.

El programa, que suele durar unos 18 meses, “es flexible y se adapta a cada caso” y al mismo acceden mujeres que primero pasan por la evaluación de un equipo técnico. “El primer criterio es que sea una mujer maltratada”, dice Lola Aguilar, y a partir de ahí, se decide si el preciso el ingreso al centro o si la persona afectada puede seguir un tratamiento en el exterior.

Lo primero, reconocer el problema
El proceso de recuperación, como se puede imaginar, “es muy duro”. “Las secuelas no son fáciles de superar porque supone analizar una vida y recordar mucho sufrimiento”, apunta Lola que, aún así, asegura que cerca del 80 por ciento de las personas que han pasado por el centro han podido rehacer su vida.

Para ello, lo primero es reconocer el problema. “Yo estuve en el 99 por un caso de maltrato psicológico y en un principio me resultó difícil asumir que era una mujer maltratada”, recuerda la directora del centro que, por ello, llama a la sensibilización de todas las personas para que esta situación “se deje de estigmatizar y se hable de ello de forma natural”. “Hay que normalizarlo porque es una experiencia que puede suceder a cualquier mujer”, comenta.

Lola Aguilar diferencia entre distintos tipos de maltrato. El peor, y el más común, es el psicológico reflejado, por ejemplo, en insultos, amenazas, control o aislamiento de la mujer.

Luego, hay casos de violencia física, sexual y violencia económica, en la que a la mujer se la priva del acceso al dinero del hogar. Y nadie se escapa de estas agresiones. “No hay perfil de mujer maltratada, la violencia no distingue de clase social o cultural aunque parezca que siempre está asociada a la marginalidad”, asegura Lola.

Tampoco hay perfil para el maltratador aunque sí se suelen dar los casos de que los agresores han vivido en su infancia un ambiente de maltrato. “Ven la violencia como algo útil”, dice Lola y por eso es fundamental que los niños que viven en un ambiente similar rompan cuanto antes con esa educación violenta”. Afirma la directora del centro que “los hijos son los grandes olvidados y tienen que vivir en un ambiente sin riesgo”.

Sin miedo
En el momento de pronunciar estas palabras se acerca Olga Aranda, una profesora de 37 años que viene acompaña de sus trillizos de 5 años y que se muestra dispuesta a contar sin tapujos su experiencia. Narra que vivió con su pareja sentimental durante 17 años y nunca reconocía en sí misma que era objeto de un maltrato. “Acepté que era lo que me había tocado en este mundo”, afirma, consintiendo una vida con estrés y cuidando cualquier detalle para satisfacer a su ex marido.

Entonces, cuenta que en una noche de abril del 2005 dijo ‘basta’ y decidió denunciar a su pareja, que tras el juicio ingresó en la cárcel. “Empecé a no tener miedo”, asegura, y fue cuando recurrió a la asociación y entró en el centro que dirige Lola Aguilar. “No sabía a qué entraba, te ves como un bicho raro, pero nunca me quise ir. Conocí a personas que contaban su experiencia y veía que se ‘habían casado’ con el mismo hombre que yo”, afirma Olga que, por entonces, empezaba a descubrir que “era capaz de estar sola y tomar decisiones” por sí misma. Sobre sus hijos, recuerda que “poco a poco empezaban a sacar toda la rabia que tenían dentro”.

Olga estuvo en el centro con sus hijos durante 17 meses, los cuatro primeros sin salir de la instalación, y después de todo ese tiempo ha vuelto a recuperar su vida. “Había buenos profesionales pero es primordial que te conciencies tú misma porque si no, es imposible salir de esa situación”, asegura. Por ello lanza un mensaje claro a cualquier mujer que vive como lo hacía ella: “le diría que se puede, que se debe salir”.

Su testimonio, como el de Lola, es el mejor ejemplo de que hay que tener una tolerancia cero contra el maltratador. En ese sentido ayuda la Ley Integral de la Violencia de Género, aprobada hace más de dos años,  que “es buena aunque a veces no se aplica correctamente”, dice Lola Aguilar, que por ello pide más formación en esta materia entre los jueces, abogados y fiscales. “Dar el paso es el momento más crítico”, aseguran las dos, pero el cambio merece la pena. Como dice Olga, “no hay que pasar ni una”.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.