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El monstruo de Leganés

El monstruo de Leganés

jueves 28 de junio de 2007, 00:00h
La legalidad de la moción de censura en Leganés no camufla el inmenso hedor antidemocrático de una decisión política que pisotea, de forma miserable, los intereses de una inmensa población sometida a los vaivenes y caprichos de cuatro dirigentes de medio pelo. Desde la fuga de Tamayo y Sáez, resuelta finalmente de la única manera digna posible con la repetición de los comicios, no se había vivido un caso tan chusco de malversación de la ley, la política como servicio público y, finalmente, los principios más elementales como en el que estos momentos se padece en este gran municipio madrileño.

El impudor con que, desoyendo los dictados de la decencia, los mismos que perdieron su oportunidad en tiempo y forma se la conceden ahora, sin pagar un precio que cargan en exclusiva en el ciudadano, constituye un ejemplo de libro de todo lo que no se debe hacer en política cuando de verdad se contempla ésta como un medio para mejorar la vida de los demás y no como un fin para conseguir un poder individual.

Poco importa que, aritmética y legalmente, el acuerdo de la presunta izquierda sea factible; y menos aún que se apele con inmensa desvergüenza al sentir mayoritario del leganense desoído en su momento por una mezcla  quizá de juego sucio e intereses bastardos. Lo sustantivo, en esta historia, es que PSOE e IU han demostrado su disposición a alterar el orden de los factores para convertir al votante en un rehén, a la ley en una palanca y a la democracia en una excusa: no se entendieron cuando tocaba, vienen a decir, pero ahora que lo hemos apañado volvemos a empezar sin advertir que sus plazos han de ceñirse a los intereses de los ciudadanos.

La mediocridad, que según Wilde consiste en estar delante de la grandeza y no percatarse de ello, sólo es superada en este episodio por la cara más dura: hace falta tenerla de mármol para dar este espectáculo degradante a ojos vista de todos y, en lugar de esconderse, sacar pecho y presumir sin pudor. Hasta ahora el monstruo de Leganés formaba parte de las leyendas urbanas, epígrafe coñas marineras, ahora sabemos que existe y además gobernará la ciudad después de haberse zampado, de un bocado bulímico, el manual de decencia que presuntamente acompaña a todo aspirante a político.

Posdata. No mucho mejor es el caso de Villalbilla: allí el PP se ha servido del voto de dos concejales expulsados del PSOE para ganar la alcaldía que perdió en las urnas. El nuevo alcalde, Iván Borrego, a quien no se conoce ligazón alguna con Leganés en contra de los indicios, puede estar dispuesto a todo con tal de pisar moqueta y ponerse un sueldo de 72.000 euros. ¿Pero también lo está su partido? Pregunto en voz alta a mi querido Francisco Granados: ¿Apoya usted una jugada vergonzosa que se sirve de dos cuasitránsfugas para lograr una alcaldía a cambio de dos sueldos y una cuota de poder? No me lo quiero creer, pero ésos son los hechos.

Antonio R. Naranjo es Director de Diario de Alcalá
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