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Corrida de la Prensa: cornalón y triunfo de un torerazo, Iván Fandiño

Corrida de la Prensa: cornalón y triunfo de un torerazo, Iván Fandiño

jueves 23 de mayo de 2013, 00:00h
Toros de PARLADÉ, desiguales de presentación, con 2º y 3º muy justos. Mansos y encastados los cuatro primeros, más parados 5º y 6º. EL CID: silencio; ovación; palmas. IVÁN FANDIÑO: oreja que pasea la cuadrilla tras ser cogido. DANIEL LUQUE: silencio; algunos pitos. Plaza de Las Ventas. Corrida de la Prensa. Casi lleno. Presencia de la infanta Elena de Borbón en una barrera del tendido uno. Observaciones. Parte médico de Fandiño: herida por asta de toro en tercio medio cara interna de muslo derecho, con una trayectoria ascendente de 25 cms. que causa destrozos en músculo cuadriceps, contusiona el fémur y alcanza cara externa en tercio superior de este muslo. Contusión de vasos femorales con rotura de colaterales. Contusión en región dorsal. Pronóstico grave que le impide continuar la lidia. Es intervenido bajo anestesia general en la Enfermería de la Plaza y se traslada a la Clínica La Fraternidad.
La cara y la cruz de esa religión compulsiva y laica que es la fiesta de los toros se presentó este miércoles en la corrida de la Prensa. Y tuvo un mismo protagonista, un mismo sumo sacerdote: Iván Fandiño. El coletudo vasco, tras torear a la perfección a su primero, difícil por su casta, y emocionar a todos los catecúmenos que asistíamos a la liturgia, fue empitonado y volteado cuando, tras un pinchazo, se tiró a matar o a morir. La cogida -de 225 cm. en la pierna derecha y pronóstico grave- fue espectacular y encogió el ánimo de la gente, mientras la cuadrilla llevaba al héroe a la enfermería y después una oreja. Del resto de la celebración, poco que contar: El Cid cumplió y Luque fracasó, ante un interesante encierro de Parladé.

Iván Fandiño tiene el cuerpo curtido de costurones y el alma torera limpia. Iván Fandiño ha escalado su posición a base de sufrimiento, de plazas de talanqueras, de encierros duros, esos de los que huyen las figuritas o figurones -él es figura auténtica- que también le rehuyen a él, a pesar de que su hoja de servicios a la fiesta está más llena que la de ellos.

A pesar de que en el 'sancta sanctorum' de esta religión oplorosa y flamígera, pongamos que se habla/escribe de Madrid, es adorado por su honradez profesional. Por medirse a bicornes de cualquier divisa, por intentar siempre el toreo puro, sin trampas, el eterno. Y por lograrlo en muchas ocasiones, como en esta corrida de la Prensa. A ver quién tiene su historial tan lleno de faenones y orejas en Las Ventas. A ver...

Toreo puro, valor y lidia
Y una vez más mostró el oro puro del toreo clásico y artístico a la par, de la honestidad y el valor, de la entrega y la capacidad lidiadora. Desde que se abrió de capote para festonear las mejores verónicas que se han visto en las 14 tardes, 14 consecutivas que llevamos. Con las manos bajas y embebiendo al burel perfectamente para enlazar con la siguiente y rematar con una media tan barroca que hubiera firmado el mismo Belmonte.

El toro, justo de trapío pero con los problemas -benditos problemas para el espectador, malditos para los malos coletudos- de la casta, tras dolerse en banderillas, quería un torero de verdad para entregar su vida. Y a fe que lo encontró en la pañosa. Primero con dos estatuarios escalofriantes, rematados con una trincherilla y uno del desprecio que levantaron al público.

Después con la verdad del toreo: series de redondos largos y profundos como la mar océana, con la muñeca mágica del temple, con las astas del bicorne rozándole los alamares y sometidas pese a su cabeceo. Luego con naturales primorosos de idéntica factura y abrochados, como los anteriores, con escultóricos pases de pecho marcadísimos al hombro contrario.

Transmisión y emoción

Siempre colocado y ligando, siempre con la verdad por bandera, siempre transmitiendo a los tendidos toneladas de emoción, como en los adornos finales de este faenón, el mejor a años luz de todos los que hemos visto. Pero se equivocó al entrar a matar sin que el enemigo estuviera bien colocado, por lo que se tiró después como un rayo encima de los pitones, dejando un espadazo a cambio de que el bicho se lo colgara de las astas mientras una aguja oprimía el esófago del público.

Aún desmadejado y sangrando quiso seguir para ver caer al toro, pero se lo llevaron en volandas a la enfermería para después, como al acabar el festejo, recibir la cuadrilla las más restallantes palmas que se hayan escuchado esta temporada en el altar venteño. Loor a Fandiño.

En la retina y en la memoria

Del resto de la corrida, poco ha quedado en el disco duro de la memoria. El encierro de una divisa de las comerciales sacó más problemas y casta de la esperada y desbordó a un Luque vulgarísimo y posmoderno: ventajista en el cite y en la metedura de pico. Y El Cid, que en algunos momentos remedó al de su mejor época, cuando era un adalid del toreo puro, se tapó y anduvo con dignidad.

Pero, claro, lejos muy lejos de lo que había hecho Fandiño, que se queda en la retina y la memoria de los espectadores, quienes luego comparan con las actuaciones de sus compañeros, que siempre se devalúa ante el 'fandiñismo'. Por eso no lo quieren las figuritas o figurones.

Por eso lo quieren en la cátedra venteña, donde le consideran figura, como esa especie a extinguir que son los aficionados cabales, que le tienen en su altar. Loor a Fandiño. 
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