XI Premios Madrid. Mujer del Año

Cifuentes: "Mi Twitter es mi casa, y en ella recibo a quien quiero"

La actividad frenética de Cristina Cifuentes (Madrid, 1964) en las redes sociales y en los medios de comunicación para interactuar con los ciudadanos la ha convertido, a ojos de la prensa madrileña, en merecedora del premio Madrid a la Mujer del Año. En esta entrevista, la delegada del Gobierno en Madrid desvela las claves de su particular manera de abrirse a los demás.
  • Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid

    Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid
    Kike Rincón

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    Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid
    Kike Rincón

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    Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid
    Kike Rincón

Usted lleva muchísimo tiempo utilizando las redes sociales. ¿Cómo empezó?
Llevo en Twitter más de cuatro años y medio y casi seis en Facebook. Y ya las utilizaba en la época en la que nadie sabía qué eran, e incluso dentro de los partidos se consideraba una pérdida de tiempo y una frivolidad. Ahora todos los partidos políticos e instituciones son conscientes de que las redes sociales son un instrumento más para comunicarse con el ciudadano. De todas formas, yo gestiono las redes sociales de una manera muy personal. Estoy más centrada en el Twitter pero también estoy en Facebook, en Google +, en Linkedin, tengo una cuenta en Youtube, otra en Flickr... Intento estar en todas, pero sobre todo me dedico al Twitter.

¿Por qué Twitter?
Porque permite un contacto muy directo y muy inmediato, y tener mucha información en tiempo real. Para mí es un instrumento de trabajo. Es verdad que tengo poco tiempo y, aunque intento contestar, a veces no puedo. También intento no tuitear mientras estoy trabajando porque te distrae, aunque para mí Twitter es parte del trabajo. Pero sí le dedico tiempo, sobre todo por las noches; como mínimo un par de horas diarias.

Es mucho tiempo.

Sí. Y eso que desde que soy delegada del Gobierno tengo menos tiempo y debo tener más cuidado con las cosas que digo.

¿Ha influido su nuevo cargo, mucho más expuesto que el anterior, en su forma de utilizar las redes sociales?
Sí. Otros políticos tienen un equipo que les lleva su Twitter, pero yo gestiono el mío en exclusiva. Y es personal, no de la Delegación; el de aquí, el institucional, lo llevamos entre varias personas. Sin embargo, aunque mi twitter sea personal, yo soy la delegada del Gobierno, y por eso, desde hace año y medio intento colgar más información y hacer menos valoraciones personales. No solo porque estoy más expuesta, que también, sino porque en Twitter es difícil explicar cosas complejas en 140 caracteres. Y no admite matices: no puedes bombardear el 'timeline' de los demás para explicar algo. O lo tienes muy claro y lo puedes explicar de una manera muy concisa, o puedes inducir al error. Por eso intento ser prudente. Y luego pasa otra cosa. Yo tengo cierta tendencia a contestar... Intento no faltar al respeto, eso por descontado, pero a veces puedo ponerme un poco borde, y soy consciente de que no debo hacer eso. Hay ocasiones que tengo, no que morderme la lengua, pero sí que pensarlo dos veces, y hay cosas que me gustaría decir que no digo.

¿Por la imposibilidad de matizar?

Por eso. En una conversación, donde te puedes explicar con más detalle, es otra cosa. Pero en política y en redes sociales, si algo puede malinterpretarse se va a malinterpretar. Si los demás pueden sacar de contexto y darle un significado diferente, lo van a hacer. Digamos que he aprendido con los años a ser más cuidadosa.

¿Eso lo da la experiencia?
Sí. También es verdad que en Twitter hay muchos perfiles falsos, que ocultan la identidad de quienes los crean con el único fin de amenazar, insultar o entrar en debates estériles: es lo que se llama un trol. Y la regla número uno es no alimentar a un trol. Por eso hay que saber distinguir cuándo entran para provocarte, entrar en un debate estéril o tener protagonismo a tu costa. Y eso a veces es complicado. Yo intento hablar con todo el mundo, también cuando me critican. Intento contestar en la medida en que puedo, y si alguien me dice algo agradable le doy las gracias, y si alguien me dice algo que no es tan agradable intento explicarlo. Ahora tengo muchos seguidores y me resulta materialmente imposible contestar a todos.

Ha tenido usted algunas malas experiencias con Twitter, que no han sido óbice para que continúe utilizándolo con mucha intensidad. ¿Qué ha aprendido de esos episodios?

Tengo dos querellas presentadas. La primera en Facebook, porque llegó un momento en el que me harté. El hecho de que uno sea político no significa que tenga que aguantar cualquier cosa de cualquier persona, y si una calumnia es delito en la vida real, también debe serlo en Internet. El problema de Internet es que muchas veces la información no se contrasta. Hace poco, alguien difundió a través de las redes una foto mía con una frase supuestamente mía. En estos casos ni me molesto en contestar, porque me parece absurdo. Pero algunas personas han difundido a través de Facebook ?con cierta repercusión, que es lo que a mí me ha movido a presentar la querella criminal? que estaba siendo investigada porque tenía no sé cuantos millones de euros en Alemania; una mentira de principio a fin. Y me decidí a presentar una querella porque difamar e injuriar a una persona no puede salir gratis.

¿Y la otra?
Se trata de una querella en Twitter más genérica, por delitos contra el honor, donde voy englobando las amenazas graves que recibo, que en algunos casos son muy graves. Y yo, como creo en las redes sociales, que son un instrumento muy positivo para políticos, ciudadanos y periodistas, creo que hay que limpiarlas de las personas que, amparándose en el anonimato y de manera muy cobarde, las utilizan para insultar y amenazar. Por eso he presentado una querella, que de momento está admitida a trámite, y quiero llegar hasta el final, porque creo que esto beneficia a todas las personas que de buena fe, incluso dentro de la discrepancia que pueda haber, entendemos que esto no puede ser un espacio de impunidad, y que somos la inmensa mayoría. Los trols hacen mucho ruido pero no dejan de ser una minoría. A veces me acusan de no dialogar, pero hay muchísimas personas con las que hablo a diario, y si tengo tantos seguidores es también porque saben que mi perfil lo gestiono yo, y será mejor o peor, pero es auténtico.

Usted tiene ahora más de 40.000 seguidores y sigue a menos de 800 personas. ¿Qué le mueve a seguir un perfil?

Tú sigues a alguien porque te interesa lo que dice. También esto es un poco ficticio. Muchas veces me he planteado que no me importaría seguir a muchísima más gente, y si alguien me pide que le siga, normalmente lo hago. Pero cuando tú sigues a muchas personas, hay demasiada información y no te enteras bien. Con independencia del número de personas a las que sigo, un dato al que no presto demasiada atención, sí sigo listas de personas, de medios de comunicación, del mundo de la política, del mundo de la política, de la comunicación, del marketing... Al final, la clave es tener una buena aplicación que te permita organizar tus redes sociales para llegar a los contenidos que te interesan.

¿Y qué le hace bloquear un perfil?
Que me amenacen o me insulten. Alguna vez he bloqueado a alguien por error porque en una aplicación le he dado a una tecla sin querer y me ha pasado incluso con personas a las que conozco y aprecio personalmente. Al margen del error, es verdad que en alguna ocasión el límite entre el insulto y la impertinencia no está tan claro y también depende de tu estado de ánimo. Hay gente que es intencionadamente impertinente, y cosas que en un momento dado no te inducen a bloquear a alguien, en otro momento sí. Pero mi Twitter es mi casa, y en mi casa recibo a quien quiero. Yo no tengo por qué abrir las puertas de mi casa ni de mi Twitter a alguien que lo único que va a hacer es proferir insultos e impertinencias. Ojo, y esto no tiene nada que ver con las críticas: yo recibo críticas a lo largo del día y no solo las acepto, sino que además me interesan, porque yo quiero saber lo que opinan unos y otros. Pero creo que la falta de respeto es inaceptable. Igual que yo entendería que alguien me bloqueara si le faltara al respeto, si a mí me faltan al respeto también bloqueo. A mí no me gusta bloquear; pero, claro, insisto, si alguien no acepta las mínimas normas de la educación y del respeto, que se vaya con la música a otra parte.

¿Igual que fuera de Twitter?
Es diferente, porque en la vida real hay que tratar con muchas personas. El respeto y la educación deben aplicarse siempre. Yo por lo menos lo hago siempre; no le falto al respeto a nadie, porque creo que uno tiene que tratar con educación, dentro de la discrepancia, a cualquier persona. Lo que pasa es que en Twitter molesta más ese tipo de cosas por el anonimato, porque a la cara no te dicen ciertas cosas pero, aprovechando el anonimato, sí lo hacen. Y uno no tiene por qué aguantar ciertas cosas por mucho que sean a través de Internet. En todo caso, las personas que critican los criterios de otros a la hora de bloquear ignoran, a mi modo de ver, qué es Twitter y cómo funciona. Aquí no hay reglas: uno bloquea, sigue, deja de seguir a quien le parece y cuando le parece. No tiene por qué haber un motivo; no lo hay y no hay por qué exigirlo. No significa nada que sigas a alguien ni que dejes de seguirle, porque puede obedecer a muchas cosas. Pedir explicaciones a alguien de por qué te sigue o no es absurdo. En cualquier caso, yo sí tengo un criterio. Por este orden: la amenaza, el insulto y la falta de respeto.

El otro motivo de este premio ha sido la cercanía a la prensa. Cuando accedió a este cargo, en una entrevista con este digital, usted aseguraba que su prioridad era abrir esta institución a los ciudadanos. Su presencia en los medios es mucho más intensa que la de muchos de sus antecesores. ¿Tiene que ver esta presencia con la etapa de descontento ciudadano y de protestas que vivimos?
El último año y medio ha sido muy complicado. Hemos tenido dos huelgas generales, 3.419 manifestaciones en 2012, dos aniversarios del 15-M, el 25-S, el 25-A... La situación obliga a tener una mayor actividad mediática. De todas maneras, la obligación de los políticos también es explicar a los ciudadanos las cosas que se hacen, para bien y para mal. Esto tiene la ventaja de que te da cercanía y el inconveniente de que estás muchísimo más expuesto y que cualquier error, por pequeño que sea, se amplifica. Eso es inevitable.

Pero no todos los políticos se acercan a los medios para dar explicaciones con la misma intensidad.

Yo soy accesible porque debido a mi trayectoria, mis experiencias vitales y mi relación con el mundo de la prensa, entiendo que el trabajo del periodista es buscar la información y que la obligación del político es darla. Y es una obligación hacia los ciudadanos informarles de lo que estamos haciendo. Pero uno no puede trabajar exclusivamente al dictado de lo que dicen los medios de comunicación. Hay que buscar un punto intermedio. Y también ha aumentado mi exposición mediática porque he puesto especial interés en que tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil comparezcan más ante los medios de comunicación, y yo con ellos, para que puedan explicar a los ciudadanos cosas que no podrían saber de otra forma. A mí me interesa mucho que el ciudadano conozca las cosas positivas que hacen los cuerpos de seguridad, que están permanentemente pendientes del bienestar y de la seguridad ciudadana. Por eso trato de aprovechar mi cargo para poner todo eso en valor.

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