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'Fellgood': humor implacable y político

sábado 04 de mayo de 2013, 00:00h
Hasta el domingo 12 de mayo se puede ver en las Naves del Español (Legazpi) uno de los montajes teatrales más interesantes de la actual temporada: Feelgood. Una comedia potente, corrosiva, sobre la trastienda del poder político servida por un impecable reparto y una excelente dirección de Alberto Castrillo Ferrer.
Como pasa con la desternillante “Burundanga”, nos reímos –y mucho- con “Feelgood” a pesar de las cosas tan tremendas que suceden en el escenario. El texto de AlistairBeaton es muy inteligente y su adaptación al castellano tremendamente eficaz. Han pasado doce años desde que se estrenó en el West End londinense, pero parece escrita aquí y ayer. Todos reconocemos personajes y situaciones de los que aparecen cada día en periódicos y televisiones. Estamos en las tripas del congreso del partido en el poder. El equipo del presidente le prepara su discurso final, el decisivo para revalidar triunfos. Pero en ese despacho comienzan a pasar cosas que, tratadas de otra manera, pondrían los pelos de punta. Sin embargo el humor las hace digeribles sin que por eso pierdan su contundencia.

El montaje demuestra una cohesión y un entusiasmo ejemplares. En “Feelgood” todos y cada uno de los intérpretes está impecable, el ritmo escénico es una máquina de relojería y la dirección un ejemplo de minuciosidad e inteligencia. El final de la primera escena es del mejor vodevil. Las transiciones están resueltas con eficacia y resulta interesante la propuesta del tercer cuadro de dar un giro de 180 grados a la escenografía. Conviene comenzar a seguir con detenimiento al actor y director Alberto Castrillo Ferrer. En este espectáculo cada escena tiene multitud de detalles, de acciones, de gestos que revelan una personalidad minuciosa, preciosista. Todo eso ya lo advertimos en su monólogo “IldebrandoBiribó”.

Este es un proyecto que nació de los propios actores, compañeros en “Todos eran mis hijos”. Se nota que se han implicado a fondo por hacer un buen producto que, a la vez, les pueda ser rentable. A juzgar por la reacción del público, no dudo que tendrá un largo recorrido porque es teatro de hoy y de gran calidad.

Es gratificante ver a dos actores tan populares por la televisión, como Fran Perea y Manuela Velasco, desempeñar con gran acierto los duros personajes de la comedia. Seguramente quien cala más entre los espectadores es Jorge Bosch como el ministro tarugo, íntimo amigo del presidente. La suya es una interpretación de manual, en el punto perfecto de comicidad tanto verbal como gestual. Creo que es lo mejor que le he visto a Bosch. Junto a estos tres, otros tantos actores, menos conocidos pero igualmente estupendos: Jorge Usón, Javier Márquez y Ainhoa Santamaría. Hasta los cinco minutos finales de vídeo, con Carlos Hipólito en la pantalla, son un ejemplo de buena interpretación.

Humor político, teatro de actualidad y entusiasmo profesional en un montaje que me atrevo a recomendarles antes de que acabe su temporada.
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