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Crítica teatral.- Málaga: trío de ases

jueves 21 de febrero de 2013, 00:00h
Málaga es un drama contemporáneo escrito por el suizo Lukas Bärfuss que se representa en el teatro del Arte (San Cosme y San Damián, 3) bajo dirección de Aitana Galán. Son los intérpretes Ana Wagener, Roberto Enríquez y Críspulo Cabezas. Es una historia nada complaciente sobre un matrimonio separado, con problemas para ocuparse de su niña durante un fin de semana.
Cada uno de los cónyuges tiene planes para el fin de semana. El marido debe presentar un trabajo en un congreso médico. La esposa quiere viajar a Málaga con su nueva pareja. La única solución es dejar a la niña de siete años al cuidado de un joven aspirante a cineasta.

Lo que podría ser una anécdota se convierte en una mirada despiadada sobre las parejas contemporáneas, sus desencuentros, sus egoísmos, sus miedos. Ambos se lanzan a la yugular del otro a la más mínima ocasión. La niña, a pesar de sus palabras, parece importarles poco. En medio de su drama se infiltra el joven Alex, hijo de una vecina que, a sus 19 años, quiere formarse como director de cine en Nueva York. Él se encargara del cuidado mientras los padres hacen su vida. Del final solo podemos adelantar que es demoledor.

Este montaje está interpretado por un espectacular trío de actores. Ana Wagener y Roberto Enríquez se mueven en el terreno de los sentimientos con una falta de pudor deslumbrante. Son dos seres frágiles, violentos, egoístas, desconcertados ante su propia situación. La tremenda escena posterior al desdichado fin de semana está interpretada con absoluta perfección. Ambos tienen acreditadas carreras estupendas en cine, teatro y televisión. Quizá por eso su gran calidad sorprende menos.

El tercer vértice del triángulo es Críspulo Cabezas. A punto de cumplir diez años de su debut en escena con “La noche del oso” (2003) este joven actor ya ha llamado la atención en montajes como “Los persas” y, sobre todo, “Edipo”. En “Málaga” es el elemento más inquietante. Su aparente ingenuidad oculta una personalidad siniestra, desordenada. Pero el actor siempre queda como un joven cuya travesura máxima puede ser meter un dedo en el ojo a los mayores. Me recordó al perturbador joven, encarnado por Terence Stamp, que en la película “Teorema” consigue desintegrar a toda una familia.

Un trío interpretativo de ases para una función que deja sin aliento al espectador, quizá un poco decepcionado por un final que deja muchos puntos suspensivos. Cada uno deberá sacar su conclusión.
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