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El Ayuntamiento inicia la revisión de los 17.000 elementos protegidos de la ciudad

jueves 21 de febrero de 2013, 00:00h
La elaboración del futuro Plan General de Ordenación Urbana de Madrid supondrá una profunda revisión del Catálogo de Elementos Protegidos que afectará a los 17.000 elementos, 9.000 de ellos edificios del centro histórico. El estudio comenzará el próximo 4 de marzo y supondrá la clasificación de todos los elementos en cuatro categorías —de muy relevante a poco relevante con dos intermedias— si bien estas clasificaciones no tienen por qué corresponder con los niveles de protección que finalmente aplique el Ayuntamiento.
El área de Urbanismo convocó el año pasado cinco concursos para revisar el catálogo de parques,  la arquitectura contemporánea, los edificios de los cascos históricos de los pueblos anexionados en los años 1947 y 1954, los locales comerciales y los edificios del casco histórico. El objetivo era verificar si se han producido cambios significativos en los últimos 15 años en el Catálogo de Edicios Protegidos y se han conservado los elementos que fueron protegidos entonces.

Para adjudicar estos cinco concursos se valoró la solvencia profesional y la oferta económica. A pesar de que a cada uno de ellos se presentaron varias empresas fue Enrique Bardají y Asociados el estudio que ganó los cinco concursos convocados. En su haber Enrique Bardají, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y gerente municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid con Enrique Tierno, presentó una dilatada experiencia con premios internacionales como el concedido en 1998 por la Unión Europea al Plan Especial de Protección y Rehabilitación de la Ciudad Histórica de Santiago de Compostela. A ello se unió una oferta económica inferior al de las otras cuatro empresas interesadas. De hecho, al Ayuntamiento de Madrid pagará por la revisión de todo el catálogo un total de 747.000 euros.

Con este dinero,  un equipo formado por 38 arquitectos dirigidos por Enrique Bardají y Luis Moya, catedrático en Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y especialista en rehabilitación de centros históricos y restauración de monumentos,  comenzará el 4 de marzo —el día 19 en el casco histórico— un trabajo de campo en el que valorarán fachadas, zaguanes, escaleras, lucernarios, patios, jardines , estructuras palaciegas… El estudio durará un año, durante el que se valorarán hasta 17.000 elementos protegidos, si bien se quiere también analizar los últimos ejemplos de arquitectura contemporánea, no catalogados, para determinar si deben ser incluidos en el futuro catálogo.

La clasificación resultante no conllevará, automáticamente, un grado concreto de protección, lo que ha motivado el temor de algunos profesionales de que la revisión que se inicia ahora vaya a mermar la protección actual del patrimonio arquitectónico de la capital.  “Los contratos que hemos firmado con el Ayuntamiento no nos permiten determinar si un edificio debe tener una protección estructural,  integral o parcial. Claro que nos gustaría opinar sobre las definiciones que finalmente se hagan pero la decisión última la tendrá el Pleno del Ayuntamiento de Madrid”, afirma Enrique Bardají.

Despilfarro energético

“El planteamiento de que el Ayuntamiento quiere flexibilizar el nivel de protección para facilitar la actuación de las empresas privadas y que estas tienden a devastar los edificios en función de sus intereses es algo del siglo XX, no de la protección activa del patrimonio arquitectónico que se precisa en el XXI. Es preciso hacer como en otras ciudades europeas e intervenir globalmente en la rehabilitación de nuestras casas. Tenemos que adecuar nuestros edificios a los criterios bioclimáticos que nos exige Europa. No podemos seguir sosteniendo el despilfarro energético y eso implica una protección activa de los edificios”.

Este concepto entronca con la postura del equipo de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid. “Debe haber unos criterios más flexibles sobre cada uno de los elementos catalogados, más que en su conjunto, con el fin de que se pueda garantizar una rehabilitación viable de los edificios”, explica Beatriz Lobón, coordinadora general de la Oficina de Planificación Urbana del Ayuntamiento de Madrid. Precisamente uno de los requerimientos de los concursos es fijar qué elementos pueden ser modificados si se quiere adecuar el parque edificado a las necesidades de accesibilidad y sostenibilidad económica y ambiental.

En opinión de Lobón, el nuevo catálogo  deberá responder a problemas como el causado actualmente por los locales comerciales con fachada a calle , la protección de elementos como escaleras o lucernarios —cuya sustitución, en función de su grado de protección, es a veces casi imposible— o la catalogación ambiental, categoría muy cuestionada por los responsables municipales. “No tiene mucho sentido mantener un edificio solo por el hecho de que esté situado en una zona. Lo importante es que el nuevo sea mejor que el anterior”, dice Lobón.

La elaboración de este catálogo quiere ser aprovechada por el equipo de arquitectos para cambiar la planta de la ciudad. “Con independencia del tipo de fachada de un edificio, es muy importante que aprovechemos el estudio para poner en el plano los patios y jardines de los edificios que ahora no están. La planta así trazada dará a los estudiosos una nueva concepción de la ciudad”, dice Bardají.
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