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Crítica teatral: Los habitantes de la casa deshabitada

lunes 21 de enero de 2013, 00:00h
Vuelve Jardiel Poncela a la cartelera con 'Los habitantes de la casa deshabitada', que se representa hasta el 24 de febrero en el teatro Fernán Gómez. El nuevo montaje está dirigido por Ignacio García y protagonizado por Pepe Viyuela, Abigail Tomey y Paloma Paso Jardiel.
Esta comedia de Jardiel, estrenada en La Comedia el año 1942, ha tenido poquísimas reposiciones en los setenta años transcurridos desde entonces. Hacía catorce de la anterior presentación en el teatro Español. Y es que, desde mi punto de vista, cada año que pasa sobre esta comedia la va dejando más desfasada. Además, ante una posible producción, el numeroso reparto y el complicado decorado, deben frenar a los interesados. Juanjo Seoane la ha producido ahora en un alarde de valentía. Creo que, inicialmente, iba a representarse en el Teatro Español, donde hubiera lucido bastante más que en el extraño escenario del Fernán Gómez. Y es que la acción, que debería ser trepidante, se lastra por ese desarrollo en horizontal de la escena. Seguramente hubiera resultado un poco más misteriosa en un espacio como el Español.

A estas alturas una comedia de fantasmas, hombres sin cabeza y esqueletos queda un poco pueril. La maquinaria escénica ha progresado de tal manera que los sencillos trucos que ideó Jardiel parecen hoy juegos de niños. Queda el diálogo chispeante, el retorcimiento del lenguaje hasta el absurdo que sigue provocando la sonrisa. Pero ya nos sobran párrafos como el de Gregorio –el chofer– contando todo lo que acabamos de ver los espectadores. Se atribuye a Jardiel la afirmación de que, en una comedia, debían repetirse tres veces las cosas: la primera por la acción de la obra, la segunda para que se enterara el público y la tercera para que la entendieran los críticos. No deja de tener gracia, pero todos hemos evolucionado mucho en el último medio siglo.

Los personajes de esta obra tampoco tienen la gracia de 'Cuatro corazones con marcha atrás' o el suspense de 'Eloísa está debajo de un almendro'. Solamente se alcanza un ritmo trepidante y una situación extremadamente absurda en el último acto, cuando aparece Rodriga, un auténtico personaje "jardielesco" al que da vida su nieta Paloma. La actriz conoce todos los recursos de su ilustre antecesor y saca el máximo partido a esta descerebrada pueblerina. También, dándole la réplica, es cuando brilla más Pepe Viyuela. La colocación de los chistes por Paloma Paso es impecable. Consigue arrancar carcajadas diciendo simplemente: "Esta debe ser la trágica…".

Ahora se sale de ver a Jardiel con una sonrisa en los labios y con la sensación de haber visto un tipo de teatro que será cada vez más extraño en las carteleras del siglo XXI. Así que aprovechen la ocasión.
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