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Crítica teatral.- Romeo: tres amigos de Verona

lunes 07 de enero de 2013, 00:00h
El teatro Galileo presenta, hasta el 3 de febrero, “Romeo”, la adaptación del drama de Shakespeare que ha hecho Julio Salvatierra. Dirige Álvaro Lavín con tres jóvenes estrellas de la televisión como protagonista: Alex Barahona, Bernabé Fernández y Javier Hernández.
Hace ya algunos años que Teatro Meridional puso en escena esta recopilación de la historia de Romeo y Julieta para tres únicos actores. Ahora la recuperan sin que el paso del tiempo haya restado interés a esta versión comprimida. Porque “Romeo” es la historia de una amistad, la de tres jóvenes de Verona, compañeros de amores, aventuras y drama. Realmente asistimos a una representación de la historia de Shakespeare en la que dos de los actores se desdoblan en distintos personajes. Solamente Barahona, como Romeo, mantiene una sola personalidad. Sus dos compañeros pueden lucirse, además, en escenas como las protagonizadas por los frailes, desarrolladas en un tono de comedia que llega fácilmente a los espectadores. La síntesis no resta emoción a los desgraciados amores de los Montescos y Capuletos, aunque sí acentúa los fuertes lazos entre los tres jóvenes amigos. Mercutio, Benvolio y Romeo forman un triángulo que se rompe por los duelos a muerte o por la desgracia del amor con Julieta. La escena final, con un solo superviviente, acentúa esa amistad que solo la muerte ha podido destruir.

Álvaro Lavín recurre al texto y a los actores como baza principal para su montaje. Ha trabajado cada una de las personalidades y ha diseñado unas transiciones escénicas sencillas y efectivas. A un ritmo a veces vertiginoso, transitamos de las calles de Verona a la estancia de Julieta, o al convento donde se fragua la trampa para conseguir que el amor de los jóvenes triunfe.

Es sumamente gratificante que tres jóvenes actores, que se han convertido en muy populares gracias a series como Los Serrano, Física o química y El barco, se arriesguen a subir a la escena sin artificios, a cuerpo limpio. Arropados solamente con unos trajes que les sitúan en la época de la acción. Es un ejercicio difícil y arriesgado del que salen muy bien parados. Cada uno de los tres maneja un registro distinto. Alex Barahona, que ya ha hecho “Yepeto” y “El enfermo imaginario”, se mueve en escena con las trazas del galán que su físico le permite. Su Romeo no tiene la posibilidad de provocar sonrisas o carcajadas, por lo que actor tiene que hacer un trabajo de contención, de introspección para transmitir la tormenta interior que le asola. Bernabé Fernández –estuvo espléndido en “El enemigo de la clase”- tiene una extraordinaria naturalidad en el escenario. Es de esos actores que parecen estar más cómodos sobre las tablas que en el salón de su casa. Por eso pienso que, en el futuro, podrá afrontar cualquier tipo de personaje. Y queda Javier Hernández, debutante, que explota su vena humorística con un derroche de energía que contagia a sus compañeros. Él y Fernández encuentran sus mejores momentos en las escenas como frailes.

Son tres amigos de Verona a los que dan vida tres amigos actores perfectamente compenetrados. Este montaje es una de esas curiosidades de la temporada que, seguramente, agradecerán quienes gustan de teatro alejado del gran aparato escénico o luminotécnico: texto, interpretación y dirección.
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