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Hay algo más Sr. Mas

Hay algo más Sr. Mas

miércoles 19 de septiembre de 2012, 00:00h
Acudí a escuchar con interés al Presidente de la Generalitat Artur Mas al desayuno que tenía programado en Madrid, justo dos días después de la manifestación de la diada que tantos ríos de tinta ha hecho correr. No hubo demasiada presencia del mundo político no catalán, así que como espectador privilegiado de las tesis del President, no he podido resistirme a la tentación de dar mi opinión sobre lo que allí se dijo.

Comenzó Mas su alocución anunciando que daría sus opiniones de forma que no resultaran ofensivas para nadie y lo cumplió. Con un lenguaje deliberadamente ponderado y cuidado en la forma, pero de un indubitable fondo radical, confeccionó un discurso perfectamente estudiado y estructurado en relación a lo que él percibe como la realidad de Cataluña.

El resumen, a sabiendas de que simplifico en una frase un discurso de media hora, es éste: Cataluña siente una cierta fatiga (sic) de España y España una cierta fatiga de Cataluña, consecuencia de las reclamaciones continuas de esta última hacia la primera y de la negativas también continuas de ésta a dichas reclamaciones; por tanto, puede haber llegado el momento de la separación, que debe articularse en torno a un debate democrático de igual a igual.

Hago mención, en primer lugar a un error de concepto que es común a todo nacionalismo, un error que podríamos denominar metonímico, y que les lleva a la asunción -considerando el todo por la parte- de que su opinión coincide con la de la totalidad del territorio y ciudadanos al que representan institucionalmente. Así pues es ‘Cataluña’ la que al parecer está fatigada; no algunos (muchos o pocos) catalanes, sino ‘Cataluña’.

Así, es comprensible que para Artur Mas y la casi totalidad de los políticos nacionalistas catalanes, “Cataluña ha hablado” en la manifestación de la Diada. Cuando -sin entrar en discusiones bizantinas sobre el número de asistentes- es evidente que “la mayoría de Cataluña ha callado” no asistiendo a una manifestación excluyente desde su concepción, que no celebraba la fiesta de Cataluña, sino que segregaba la participación de la ciudadanía, al asentarse sobre la reivindicación de lo que, hoy por hoy, es una minoría independentista y en la que, tras la gigantesca difusión mediática del acto, no acudir era un gesto al menos tan elocuente como asistir.

El segundo gran error del President Mas, error un tanto incomprensible dado que él mismo es nacionalista, se basa en el hecho de considerar -y en este caso creo que es una consideración deliberada e interesada- que la relación que une a Cataluña con el resto de España, no se sustenta sobre una relación sentimental y solidaria como corresponde a una nación o un país, sino sobre una especie de contrato mercantil, que circunscribe toda nuestra relación a un flujo de transacciones comerciales. Esto por supuesto favorece las tesis independentistas al simplificarlas al extremo: la solidaridad no forma parte de un contrato y como el contrato que tenemos no nos gusta, nos vamos.

No haré una consideración extensa sobre el hecho de que el President describiera nada menos que una posible secesión de una parte de un Estado de la Unión Europea, de una forma un tanto ingenua y casi como si se tratara de algo tan sencillo como borrarse o apuntarse al canal Plus, soslayando deliberadamente en su discurso la debacle económica y política cierta que ocasionaría a Cataluña. Pero no me extenderé en ello, como digo, porque eso abundaría su tesis de un país basado en un ‘contrato mercantil’ y donde las únicas, llamémosle inquietudes, son los términos de resolución del contrato.

Yo no me encuentro en absoluto fatigado como español con Cataluña, ni creo que lo estén la inmensa mayoría de los españoles, si acaso estamos fatigados con
una política nacionalista que, para ocultar los fracasos propios, acude, de forma recurrente, al victimismo y a culpar al resto de sus errores.

Y es que hay algo más Sr. Mas. hay algo más que nos une, un algo más que provocaría que ante una urgencia económica de Cataluña que requiriese la ayuda del resto de España, nos llevaría a prestarla sin condiciones de ningún tipo (aunque supiéramos que eso nos haría un poco más pobres al resto), porque no estaríamos ayudando a unos ‘socios’ sino a unos compatriotas; un algo más que nos hace sentir que el idioma catalán no sólo es un patrimonio de Cataluña, sino de todos los españoles; un algo más que nos lleva a considerar como propios los éxitos deportivos de los catalanes o los éxitos comerciales de las empresas catalanas, un algo más producto de siglos de lazos culturales, sociales, familiares y sí, también económicas, entre todos los españoles.

Circula estos días en internet un vídeo del que, estaremos de acuerdo, se puede considerar el catalán más universal de la historia. Me refiero a Salvador Dalí y parece ser que son sus últimas palabras en público, en las que con apenas un hilo de voz dice: “Viva España, viva Cataluña”. Sería muy difícil resumirlo mejor.

Ángel Garrido García
Presidente del Pleno del Ayuntamiento de Madrid
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