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Sevilla la Nueva se queda sin artesanos

Sevilla la Nueva se queda sin artesanos

martes 21 de agosto de 2012, 00:00h
Hace catorce años, el municipio de Sevilla la Nueva presenciaba el nacimiento de un mercado artesanal, una iniciativa privada para promocionar la creación y reunir hasta mil artesanos en sus talleres, pero de la que hoy sólo quedan dos grandes naves de ladrillo y un único artesano.
Situado en una localidad con 8.800 habitantes que está a 38 kilómetros al oeste de Madrid, el Pueblo Artesano de Sevilla la Nueva es ahora una especie de ciudad fantasma, una sombra de lo que pudo haber sido.

Las puertas del Pueblo Artesano abrieron el 10 de diciembre de 1998, momento en el que, tras una inversión de 1.000 millones de pesetas, se ocuparon 54 de los 104 talleres que componían el centro de creadores.

Trece años y medio más tarde sólo un artesano es testigo de ese "pinchazo". Se trata de Ernesto Goetz, ingeniero industrial ya jubilado, que mantiene el local de la que fue su empresa y ahora llama "chiringuito" donde pasa "el tiempo libre".

"La artesanía está por los suelos con la situación que hay", ha asegurado Goetz, que quiere vender el taller que le costó dieciocho millones de las antiguas pesetas.

Goetz, que vive en Sevilla la Nueva, se dedicaba a la búsqueda de aperos de labranza que después restauraba y vendía, una actividad que contempló para un futuro tras la jubilación.

Pero la crisis económica frustró sus planes: "Hubo muchísima afluencia durante los primeros años, pero hace cinco hubo un declive rapidísimo y la gente se fue a buscar los productos a las ferias", comenta.

La caída del consumo no es el único factor que Goetz señala como desencadenante del 'pinchazo' del Pueblo Artesano; el precio de alquiler de los talleres obligaba a los artesanos a "vender al doble o al triple de precio" productos que se "podían comprar en cualquier feria de artesanía de primavera o verano que hay en los pueblos muchísimo más baratos".

El Pueblo Artesano llegó a albergar unos sesenta artesanos de los que, "como tal, ya no hay nadie", indica Goetz: "Hay unos talleres pequeños de una o dos personas como máximo, que se dedican a trabajos de carpintería, por ejemplo", añade.

El objetivo inicial de esta "ciudad de la artesanía" aspiraba a alcanzar la cifra de mil artesanos, según declaró en 1998 el promotor Adolfo Pillado, que se mostraba entonces convencido de que "la gente se interesa cada vez más por la artesanía que se hace en nuestro país".

Goetz recuerda cómo se enteró del proyecto del Pueblo Artesano a través de un anuncio publicitario en la prensa: "Me interesó mucho, así como nos lo vendieron parecía interesantísimo el tema".

Así que se decidió, compró una nave y dedicó su tiempo libre a la tarea de restauración de aperos de labranza, una labor que había realizado durante muchos años en ferias los fines de semana.

Ahora, el artesano espera que aparezca un comprador de su nave, aunque no quiere "regalarla".

Pese a que el proyecto respondía a una iniciativa privada, desde el ayuntamiento recuerdan que se inició "una modificación para intentar ampliar los usos comerciales que estaban permitidos" en las dos naves de ladrillo rojo que constituyeron el Pueblo Artesano, pero que ahora está "parada" porque "ha habido un requerimiento".

El objetivo, según fuentes municipales, es el de "ampliar los usos" de los locales para que "tengan más viabilidad", han dicho fuentes municipales.
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