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Micromecenas para salvar la cultura

Micromecenas para salvar la cultura

viernes 24 de agosto de 2012, 00:00h
La microfinanciación o crowdfunding ha ido ganando terreno en la cultura. La falta de inversión en algunas iniciativas ha provocado que las artes escénicas recurran a este tipo de financiación privada a través de Internet. La ayuda de los 'mecenas' es imprescindible para rescatar algunos proyectos.
El crowdfunding es un término inglés que significa financiación en masa, también denominada financiación colectiva, microfinanciación colectiva, y micromecenazgo. Se trata de una cooperación colectiva, llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos y se suele utilizar Internet para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones. Este método se utiliza para muchos proyectos de diversa índole pero en los últimos tiempos está dominando con fuerza el panorama cultural. Y es que la crisis está provocando que muchas iniciativas se vean abocadas al fracaso al ser considerados no rentables en los tiempos que corren.

Este es el caso de la sala Guindalera -ver vídeo-, un pequeño teatro independiente de Madrid que reivindica la esencia de las artes escénicas y la cercanía con los espectadores frente a los grandes espacios teatrales que son más mediáticos y les resulta más sencillo conseguir financiación para cada una de sus representaciones. Precisamente, aportaciones económicas privadas fue lo que necesitó este emblemático pequeño teatro para la producción de 'El fantástico Francis Hardy, curandero de Brian Friel'. Consiguió los 4.400 euros a través de aportaciones privadas que permitieron estrenar la obra con gran éxito. La asistencia a un ensayo, invitaciones al estreno o asistencia a la fiesta posterior son algunas de las denominadas 'recompensas' para aquellos que aportan su dinero para que salgan adelante los proyectos.

Y es que los mecenas son parte fundamental de este novedoso y poco conocido crowdfunding cultural. En España existe poca cultura acerca de este tipo de financiación privada y menos aún a través de Internet. El ejemplo de la sala Guindalera es solo uno de los muchos que gestiona La Tahona Cultural, una de las pocas plataformas virtuales, con sede en Madrid, que trabaja con este tipo de proyectos culturales 'on line' a nivel nacional.

Esperanza, Alicia y Teresa se embarcaron en esta aventura hace menos de un año. Fue en el mes de febrero cuando comenzaron a investigar sobre este sistema de financiación y se dieron cuenta que podría convertirse en una solución más que eficiente para conseguir financiación para proyectos. "Es la tendencia futura porque será difícil volver a las formas de financiación tradicionales", afirma Esperanza Gimeno, una de las creadoras de la Tahona Cultural.

Los proyectos que promociona la web son todos aquellos relacionados con los ámbitos del patrimonio cultural, las artes escénicas, el diseño, la música, las artes plásticas, las publicaciones, los audiovisuales y cualquier otra manifestación cultural.

Los internautas con vocación de mecenas, pueden colaborar en la financiación de estos proyectos culturales a través de pequeñas aportaciones económicas que podrán oscilar entre los 5 y los 500 euros, y las mismas se tramitarán a través de una pasarela de pago segura. Además de convertirse en un activo importante de los proyectos apoyados, los participantes obtendrán diferentes tipos de recompensas a cambio de su aportación, que variarán en función de la naturaleza de cada proyecto. "Esto contribuye al entramado cultural y es una manera de hacerles sentir partícipes del proyecto en el que han colaborado para que se comuniquen con su creador", cuentan desde la plataforma.

Entre otros de los proyectos promovidos por la web y que lograron un éxito rotundo, figuran casos como el de La diva en casa, arquitectura del glamour -ver vídeo-, de Adam Bresnick. Se trata de un libro que recoge la tesis de un aquitecto norteamericano. La editorial prometió publicarlo si conseguían financiación. Y así fue. Una verdadera campaña de promoción a través de la plataforma cultural y por parte del promotor del proyecto consiguieron más de 4.000 euros para editar el libro.

La revista Primer acto, dirigida al mundo teatral, consiguió los 20.000 euros tras los cuarenta días de rigor que permaneció en la web. Surgió en 1957 y aunque se trata de una lectura muy reconocida en las artes escénicas, la situación económica casi les hace desaparecer de la escena española.

Una producción de los alumnos del Conservatorio Superior de Danza "María de Ávila, de Madrid también pidió financiación privada para salir adelante. Lo mismo ocurrió con otros proyectos como la realización de un taller de investigación sobre la accesibilidad en el teatro (Teatro sin Barreras), talleres de arteterapia para personas con algún grado de discapacidad o de exclusión social (La Colmena) y la publicación de un número especial en papel de I love travel, una revista online de viajes en la que los viajeros pueden escribir sus experiencias. También diferentes proyectos relacionados con la danza, el canto, el teatro e incubadoras culturales de jóvenes creadores pueden 'ver la luz'. Pero no todos los proyectos consiguen el apoyo de la gente. En este caso, "no se efectúa el cargo a las tarjetas por parte de los mecenas", asegura Esperanza, quien reconoce que a veces ocurre con iniciativas realmente interesantes pero que no llegan a hacer mella entre los internautas. Incluso genera desconfianza entre las personas que no se fían del pago on line. Es por eso que las creadoras de esta plataforma piden un mayor apoyo legislativo para evitar, insisten, "las lagunas legales que rodean a este tipo de procedimientos".

Aunque al micromecenazgo todavía le quede mucho recorrido por delante, lo cierto es que se está convirtiendo en la única herramienta posible a la que se agarran promotores y proyectos para sobrevivir a la caótica situación actual.
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