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Cada vez hay más padres maltratados por sus hijos

Una escuela para 'dictadores' de 16 años

Una escuela para 'dictadores' de 16 años

viernes 20 de abril de 2012, 00:00h
Víctor (nombre ficticio), de 16 años, no era precisamente un adolescente 'modelo'. Agredía a sus padres, a menudo no iba a clase, fumaba porros, no respetaba las normas e imponía las suyas. Ahora trata de cambiar su conducta en Campus Unidos, un centro especializado en el maltrato familiar ascendente.
En casa de Víctor parece evidente que "había problemas". El joven se justifica asegurando que su casa "era lo peor". Mientras, sus padres, desesperados, aseguran que "la situación era insostenible". A través de la prensa conocieron que la suya no era aislada, que cada vez salen a la luz más casos de hijos que maltratan, verbal o físicamente, a sus progenitores y que, para tratar de dar respuesta a esta problemática, había nacido RecURRA, un programa de la Asociación GINSO.

La iniciativa, dirigida por el ex defensor del menor de la Comunidad de Madrid y doctor en Psicología, Javier Urra, cuenta con varios vértices. Por un lado, una 'red de expertos' —psicólogos y psiquiatras— distribuidos por diversos puntos de la geografía española que atienden de manera individualizada a las familias en conflicto. Por otro, terapias familiares en la sede principal del proyecto (Cea Bermúdez, 66) y, en tercer lugar, un recurso residencial, llamado Campus Unidos, ubicado en el municipio madrileño de Brea de Tajo. "Los que van al Campus son los más extremos, en los que ha habido violencia física o psicológica", afirma la psicóloga Sara Reyero. "Recibimos las llamadas para ver qué tipo de solución podemos ofrecer y, sí el problema principal no es el maltrato ascendente y es, por ejemplo, el consumo de drogas, facilitamos información de otros recursos disponibles", agrega.

Dos meses en marcha
En el Campus, jóvenes de 12 a 18 años reciben tratamiento psicoterapéutico impartido por personal especializado y con experiencia. Los cuatro 'chalés' de los que consta el centro, construidos en un terreno de más de 15.000 metros cuadrados, llevan más de dos meses abiertos, sirviendo así de residencia para la convivencia y reeducación de estos chicos.

Víctor dice que nota que ha cambiado: "Me cuesta aceptar las decisiones de mis padres, pero ahora me doy cuenta de que les echo de menos", apunta. Su padre lo confirma: "Le vemos mucho más tranquilo, ha disminuido su crispación, pero somos conscientes de que el proceso es lento, de momento no hay fecha para que salga". Y es que en el centro está obligado a seguir una disciplina a la que no estaba acostumbrado. "Para la mayoría de los jóvenes venir al Campus es un cambio importante, porque vienen de una situación en la que hacían lo que querían", afirma el coordinador del recinto, Alberto Bualé.

Allí, la rutina diaria les lleva a realizar tareas cotidianas a las que no están acostumbrados. Y es que, tal y como explica el director técnico del centro, Eduardo Atarés, "la semana está cuadriculada". "Se levantan todos los días a las 7.45 horas, recogen, dan clase —cada uno en su nivel, en función de la edad—, tienen terapia y, si se lo han 'ganado', momentos de ocio", añade. Los fines de semana reciben la visita de sus familiares y realizan excursiones. "De momento han ido al Zoo, a Cuenca, a ver un partido en el Bernabéu...", comenta Atarés.

Para el creador del proyecto, Javier Urra, especialista en la materia y autor de obras especializadas en el tema como 'El pequeño dictador', el balance de los dos primeros meses de andadura del Campus es "inmejorable". "De momento tenemos una docena de chicos y en la próxima semana entrarán más", dice Urra. Según datos de GINSO, hasta la fecha se han atendido 1.085 llamadas y se han desarrollado terapias con 185 familias en la sede principal.

Isabel (nombre ficticio) es otra de las jóvenes que reside en el Campus. Antes de llegar allí, vivía con sus padres en Pozuelo de Alarcón. Reconoce que dejó de ir a clase y que muchas veces se fugaba de casa. "Pasaba días fuera, me iba de fiesta y no llamaba ni daba explicaciones", afirma. Cuenta que su hermano actualmente cumple medidas judiciales por agredir a sus padres en El Laurel, un centro perteneciente a la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), organismo dependiente de la Consejería de Presidencia y Justicia de la Comunidad de Madrid. Ella tiene un juicio pendiente por el mismo motivo, aunque confía que el estar en el Campus juegue a su favor ante el juez.

Atarés confirma que son "frecuentes" los casos de hermanos que maltraten a sus progenitores. "Se imitan y la situación acaba retroalimentándose en casa", agrega.

Adopción e hiperactividad
Otra de las particularidades de estos adolescentes que se está descubriendo desde la puesta en marcha del programa es el hecho de que un porcentaje muy alto de ellos son adoptados. Y es que de los doce internos actuales, siete fueron acogidos de pequeños.

¿A qué se debe? Según Atarés pueden influir distintos factores. Desde que son niños que no han contado con una presencia continuada de la figura parental durante los primeros años de su vida —periodo en el que se forman el 90 por ciento de las conexiones neuronales—, hasta que sus madres biológicas pueden ser alcohólicas o drogodependientes. "Hay niños que nacen ya con síndrome de abstinencia", afirma el director técnico de Campus Unidos.

Muchos de ellos tienen además diagnosticado un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). "Son chavales que, por lo general, aceptan muy mal la frustración", apunta el ex defensor del menor. Los pacientes con TDAH se caracterizan por tener una falta de atención y de concentración evidente, baja autoestima e impulsividad. La Organización Mundial de la Salud cataloga el trastorno de "hipercinético" y señala que puede estar acompañado o no de problemas de conducta. Urra dice que en estos casos "los padres no saben cómo actuar, a veces pecan de permisivos, pero otras veces sí que ponen límites... hay de todo".

En cualquier caso, RecURRA ofrece una atención especializada a cada uno de los jóvenes. Eso sí, el precio no es accesible para todos los bolsillos: que un menor permanezca interno en Campus Unidos tiene un coste superior a los 3.000 euros. No obstante, buena parte de ese dinero puede costearse con los seguros escolares que los jóvenes adquieren al estar matriculados en el instituto. La idea es que a medio plazo la Administración pública pueda costear algunas plazas para familias sin recursos.

El programa de ayuda a familias en conflicto cuenta con un teléfono gratuito de 9.00 a 21.00 horas (900.656.565), la web www.recurra.com y la dirección de correo consulta@recurra.com.
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