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Obituario.- Francisco Valladares: Un hombre vital

Obituario.- Francisco Valladares: Un hombre vital

domingo 18 de marzo de 2012, 00:00h
La prodigiosa generación de José Tamayo está ya a punto de extinguirse. Esta semana trágica han desaparecido dos puntales: José Rubio y Paco Valladares. Queda –esperemos que por mucho tiempo- Fernando Guillén.
Francisco Valladares fue desde los 14 años un galán, una voz y una vitalísima persona. Solo desde su inmensa vitalidad se puede entender que sobreviviera en la última década a un infarto y a una leucemia. Hace muy pocas semanas lo encontré en un estreno y, al preguntarle por el proyecto de Orquesta de señoritas, me comentó que lo había abandonado por algún “problemilla” de salud. Su muerte ha sido una noticia dolorosa, muy dolorosa.

Tras arrancar teatralmente en el T.E.U. apareció en la pequeña pantalla desde sus inicios en España. Su extraordinaria voz le permitía trabajar como presentador o cantante. La  incipiente Televisión Española le catapultó a la fama y este medio se la reverdeció, junto a María Teresa Campos, cuando las cadenas privadas comenzaron a emitir. Pero su gran obra estuvo en el teatro.

Tamayo contó con un jovencísimo Valladares para María Estuardo y José Luis Alonso para Medida por medida, en 1955. Sería este director el que le proporcionaría uno de los mayores éxitos del actor: Las mariposas son libres.

Se estrenó en 1970 en el teatro Marquina. En las primeras semanas no fue nadie a verla pero, de repente, el teatro pasó a llenarse cada tarde y pudieron estar varias temporadas en cartel. La repondría doce años más tarde en el Maravillas. Pero, para entonces, ya había estrenado Descalzos por el parque, con Sonia Bruno y La casa de las chivas, el primer gran éxito de Jaime Salom.

Se manejaba Valladares con igual maestría en la alta comedia y en el drama. El año 1974, poco después del atentado contra Carrero Blanco, estrenaba en el Fígaro La Fundación, uno de los grandes textos de Buero Vallejo.

En los años 80 dio el salto a la frivolidad para aprovechar sus dotes para el canto y su vena cómica. Ya en 1977 protagonizó una comedia con música, Yo quiero a mi mujer, en la fue reaparición y despedida teatral de Alfredo Landa. A las órdenes de su entrañable amigo Fernández Montesinos estrena Por la calle de Alcalá (1983), un formidable éxito de taquilla. Y, tres años más tarde, con el mismo director y Concha Velasco, Mamá quiero ser artista, otro suceso taquillero. Seguramente su brillante y continuada carrera teatral lo mantuvo apartado del cine. Su filmografía apenas abarca una decena de títulos y entre ellos, dignos de mención, La gran familia (1962) y El hombre que supo amar (1978).

Entró en el siglo XXI sobre la escena y casi desde ella ha desaparecido. En 1998 sufrió un infarto poco antes de estrenar El gran teatro del mundo. Volvió a trabajar en cuanto pudo. Hasta que en 2008 le fue diagnosticada leucemia. Pero también superó su primera acometida y reapareció con Llama un inspector. Más tarde hizo gira con Trampa mortal. Su última aparición en Madrid fue el pasado verano en la versión musical de Las de Caín, en el teatro Español. Pero tras ese estreno siguió estudiando proyectos, pensando que tenía por delante todo el tiempo del mundo. Hasta que la enfermedad reaparecida le ha vencido.

Francisco Valladares había nacido en Pilas (Sevilla) el 20 de agosto de 1935 y falleció en Madrid el sábado 17 de marzo.
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