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Cifuentes, ¿otro verso suelto del PP?

Cifuentes, ¿otro verso suelto del PP?

lunes 12 de marzo de 2012, 00:00h
Antes de llegar a la Delegación de Gobierno, la entonces diputada Cristina Cifuentes era conocida por su omnipresencia en Twitter. Sus nuevas responsabilidades le han impedido mantener su hiperactividad en esta red social, aunque eso no significa que haya bajado el pistón. En apenas dos meses, la nueva delegada del Gobierno se ha reunido con todo tipo de asociaciones y colectivos y ha opinado de lo divino y de lo humano.
Joyeros, policías, asociaciones de vecinos, sindicatos, prostitutas, jueces... Son sólo algunos de los colectivos que han tenido la oportunidad de exponer sus problemas, cara a cara, a la delegada del Gobierno. Y es que Cifuentes ha sustituido los debates en Twitter por formas de comunicación más tradicionales: reuniones y más reuniones para ponerse al día de todo lo que ocurre en la Comunidad de Madrid.

La ex vicepresidenta de la Asamblea cumple así una de las promesas que hizo cuando tomó posesión de su cargo. Entonces -y en una entrevista con Madridiario.es- Cristina Cifuentes se comprometió a que sus actuaciones al frente de la Delegación estuviesen inspiradas por dos principios básicos: diálogo y firmeza.

Hasta el momento, Cifuentes ha dado pruebas de que está dispuesta a cumplir su receta. A su más que probada disposición al diálogo se une un notable cambio de actitud respecto a las protestas y manifestaciones de indignación que siguen sacudiendo las calles madrileñas. Eso sí, la Delegación de Gobierno en Madrid se ha cuidado mucho de que en Madrid no se reproduzcan escenas como las que se pudieron ver durante las protestas estudiantiles de hace unas semanas en Valencia. Tanto, que la concentración de apoyo a los estudiantes valencianos que hace dos semanas recorrió el centro de Madrid -desafiando las prohibiciones y cortando durante varias horas importantes arterias como la Gran Vía, Cibeles o la calle Génova- se cerró sin que llegase la tan temida orden de cargar.

Pero eso no significa que no se haya aplicado el término "firmeza". Días antes, las Unidades de Intervención Policial de la Policía Nacional -los antidisturbios- ya habían dejado clara la nueva actitud de la Delegación a los manifestantes que protestaban contra la reforma laboral. Pero la primera prueba de este nuevo talante la tuvieron quienes intentaron 'colarse' en el metro dentro de la acción de protesta 'Yo no pago'. Además, la nueva delegada advirtió de que los manifestantes del 15-M, incluyendo los participantes en las asambleas semanales, tendrían que comunicar sus concentraciones con antelación. La negativa de los 'indignados' se ha traducido en identificaciones que pueden acabar en sanciones administrativas.

Pero, en estos dos meses, Cifuentes no sólo ha dado que hablar por sus decisiones. También se ha hecho notar por sus opiniones. En esta ocasión, la delegada ha sustituido el altavoz virtual de Twitter por los micrófonos de los medios de comunicación para opinar sobre lo divino y lo humano. Literalmente.

Su proposición para sustituir el término 'humanismo cristiano' por 'humanismo europeo' al referirse a los valores del PP no sentó bien dentro de su propio partido. Sobre todo cuando esa proposición fue acompañada de otra en la que, en contra de la demonización que hacen los populares del matrimonio homosexual, Cifuentes defendió mantener la legislación actual sobre los enlaces entre personas del mismo sexo.

Pero no era la primera vez que sus opiniones o creencias la convierten en 'verso suelto' dentro del PP. A los pocos días de su designación, los que no la conocían se sorprendieron al escuchar cómo ella misma se definía como "republicana y atea". Estas palabras hicieron que muchos de sus correligionarios se removieran inquietos en sus asientos y levantó una polvareda que sorprendió a la propia Cifuentes.

Cansada de los quebraderos de cabeza causados por esa falsa polémica, la ex vicepresidenta de la Asamblea se mantuvo firme, exigió que se respetase su derecho a sus propias creencias y siguió con su hoja de ruta para que el debate se centrase en su trabajo al frente de la Delegación. De momento, lo ha conseguido gracias a una hiperactividad que la ha llevado a transitar por los senderos de la Cañada Real, el aborto, los problemas del CIE de Aluche o el macroproyecto de ocio Eurovegas.

Pero en sus intervenciones ha vuelto a dejar clara su independencia y su disposición a encajar críticas y a debatir con quiénes no estén de acuerdo con sus opiniones. Es lo que sucedió, por ejemplo, con la manifestación contra la reforma laboral celebrada el pasado 19 de febrero. Lejos de minimizar el impacto de una protesta convocada contra la reforma impuesta por el gobierno de Mariano Rajoy, Cifuentes no tuvo reparo en admitir que la participación había sido "muy numerosa".

Días después, volvió a desmarcarse del camino marcado por la disciplina de partido para criticar, de forma velada, la actuación de su homóloga en Valencia. En concreto, Cifuentes recordó que la actuación de la policía "debe ser proporcional a la situación con la que se enfrenta". En los últimos días, tampoco le ha temblado el pulso a la hora de pedir explicaciones por las identificaciones indiscriminadas a inmigrantes o por supuestas irregularidades en los interrogatorios a varios manifestantes detenidos en la protesta contra la reforma laboral del pasado 10 de febrero.

Este camino propio ha dejado fuera de juego a muchos y le ha granjeado adeptos y detractores a derecha e izquierda. Ella, sin embargo, parece dispuesta, de forma sincera y honesta, a seguir adelante con esta forma de hacer política que ya le ha convertido en uno de los representantes públicos más influyentes de la Comunidad. Y eso a pesar de que, en política, ir por libre suele acabar pasando factura. O no.
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