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El voluntariado como fuente de capital social

El voluntariado como fuente de capital social

Por Álvaro Ballarín
miércoles 01 de febrero de 2012, 00:00h
En el último Pleno del Ayuntamiento, la concejala de Izquierda Unida Milagros Hernández ha propuesto que voluntarios desarrollen el denominado programa LIBRO de recogida, selección y donación de libros.

Conviene recordar que la selección -y consiguiente catalogación- de libros es una labor principal cuya prestación corresponde a los profesionales bibliotecarios, mientras que a los voluntarios corresponde desempeñar labores importantes pero complementarias. Esta propuesta, al igual que la que se suscitó hace unos días sobre la presencia de voluntarios en las bibliotecas públicas para desarrollar labores auxiliares, son una buena ocasión para poner en valor el voluntariado.

En el Ayuntamiento de Madrid, desde los tiempos en que la alcaldesa era responsable de los Servicios Sociales, somos firmes partidarios de los beneficios que
conlleva la acción del voluntariado para ayudar a crear un tejido social sano y fuerte. En los países latinos, mas individualistas, es menos habitual que en América ese “arte asociativo” del que habló Tocqueville y que no es otra cosa que la tendencia de la sociedad a autoorganizarse en una infinidad de asociaciones voluntarias.

Este “arte asociativo” produce capital social en el sentido que le da Fukuyama a esta expresión: conjunto de normas o valores informales que comparten los miembros de un grupo que trabajan juntos y que permiten su cooperación.

Y este capital social es fundamental para la creación o consolidación de una sociedad civil integrada por los colectivos, organizaciones y asociaciones que se sitúan entre los individuos y las administraciones.

Por tanto, los voluntarios, el voluntariado, crean capital social. Y este capital social se materializa a través de las externalidades positivas o, lo que es lo mismo, los beneficios que recaen fuera de la actividad de que en cada caso se trate y que favorecen a toda la sociedad. Por ejemplo, un taller literario o una actividad de cuenta cuentos (que por cierto ya se vienen desarrollando en las bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid), no sólo genera beneficios para los jóvenes que los reciben - aprendizaje cultural- y los voluntarios que los imparten -satisfacción en sus propias motivaciones-, sino que también generan valores de cooperación social - capital social- y hace a la sociedad civil más fuerte y cohesionada.

Por tanto, el voluntariado tiene que convertirse en un valor de prestigio social. Un voluntariado libre, solidario, no remunerado, organizado, y que no sustituye trabajo retribuido. Pocas acciones como la del voluntariado reflejan mejor el axioma de que “una virtud sólo es virtud si se practica por ella misma”.

Álvaro Ballarín.
Concejal presidente del distrito de Moncloa- Aravaca.
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