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Los nuevos 'farolillos rojos' de la polución

Los nuevos 'farolillos rojos' de la polución

lunes 30 de enero de 2012, 00:00h
En la plaza de Fernández Ladreda y en el barrio del Pilar se encuentran dos de las estaciones de medición de la contaminación que peores datos registran en Madrid, después de que el Ayuntamiento quitara en 2010 las más problemáticas.
"Estamos toda la mañana preocupados por el paro y ahora nos dicen que está alta la contaminación en el barrio. Habría que prohibir todo lo que molesta: que quiten la estación", afirma un hombre de mediana edad que está sentado en un banco cercano a la estación de medición del barrio del Pilar cuando se le pregunta si sabe que en tan solo 10 días este punto superó toda la contaminación permitida para todo 2012. Su acompañante, un jubilado, asegura que el problema va a seguir existiendo haya o no estación , aunque no termina de entender el dato: "¿Esto es igual que cuando te hacen un control de alcoholemia?". Su acompañante le explica: "Es como si hubieras bebido ya lo permitido para todo el año".

Si antes las estaciones de Marañón, Luca de Tena o Recoletos eran las que peores datos registraban, bastante por encima de los máximos legales, ahora han aparecido otros nombres, como el barrio del Pilar o la plaza de Fernández Ladreda. Esto no significa que la contaminación haya crecido en estos lugares, sino simplemente que han quedado las primeras en la lista de las estaciones que registran más contaminación, después de que el Ayuntamiento eliminara las cinco estaciones que peores medias daban de dióxido de nitrógeno -el contaminante que la capital no consigue poner a raya-.

En 2009 la media máxima fue de 82 microgramos por metro cúbico y se registró en la plaza del Doctor Marañón, en la Castellana; mientras que en 2011 la estación situada en Fernández Ladreda, más conocida como plaza Elíptica, fue la que peores niveles registró, con 63, cuando el límite legal está en 40. Asimismo, hubo en esta estación 103 picos de contaminación, cuando lo máximo permitido son 18.

El Ayuntamiento siempre ha defendido que el cambio en la red de medición fue legal. Nadie lo duda, pero eso no impide que, desde entonces, haya recibido críticas de la oposición y las asociaciones ecologistas. "Es verdad que había una desproporción porque casi todas las estaciones estaban muy cerca del tráfico, que es el principal responsable de la contaminación, pero ahora ha habido un vuelco hacia el otro lado", indica Paco Segura, de Ecologistas en Acción. Según explica este experto en transporte y calidad del aire, hay estaciones llamadas de tráfico, las más cercanas a las carreteras, que están en el límite de la distancia permitida por la normativa. Tan solo un poco más lejos serían de fondo urbano.

La del barrio del Pilar es una de las de tráfico al estar a menos de cien metros de Monforte de Lemos, una vía con siete carriles, pero está situada al inicio del parque de la Vaguada, rodeada de árboles. Cerca de la zona hay grandes vías de comunicación como la avenida de la Ilustración, que es parte la M-30, o la M-607, más conocida como carretera de Colmenar Viejo, aunque no llega a ser un nudo viario como tal. En uno de estos nudos se encuentra la estación de Fernández Ladreda, que fue la que peores datos cosechó en 2011. La carretera de Toledo o A-42, la avenida de Oporto, Marcelo Usera, Antonio Leya o Santa María de la Cabeza confluyen en este punto que cuenta, además, con una estación de autobuses. Ahora bien, la estación medidora está un poco alejada de todo el meollo, en una placita situada junto a un aparcamiento al aire libre. También fue movida con la remodelación de 2010, aunque mantiene su nombre.

La mayoría de los vecinos de la plaza de Fernández Ladreda aún no saben que han pasado a ser el 'farolillo rojo' de la contaminación. Entre todas las personas consultadas, tan solo un estudiante del instituto de la zona dice estar al tanto. "He estado en sitios peores", asegura un malabarista que pone un poco de color a la plaza y trata de llegar a fin de mes con el dinero que recibe de los conductores junto a la salida del túnel de la A-42. "Si esta estación da peores datos que la de plaza de Castilla, cuando en aquella hay diez veces más movimiento, tiene que ser porque allí los vientos llegan limpios de la Sierra y aquí [al sur de la ciudad] ya llegan sucios", aventura un taxista que acaba de comprar un vehículo híbrido y espera obtener una subvención de 2.500 euros por apostar por un coche más ecológico. Sus compañeros son optimistas: "Yo creo que en unos años esto se va a llenar de coches híbridos y eléctricos".

Algunos viandantes consultados en esta plaza inmensa -para atravesar la sucesión de grandes vías de comunicación se necesita un buen rato- le quitan importancia a la contaminación. "Si ya hay contaminación hasta en los pueblos", espeta una anciana que no quiere hablar con la prensa. "Claro que nos preocupa respirar este veneno", asegura otra mujer.

En algunos casos, los vecinos de las estaciones que han salido del mapa de la contaminación no han olvidado que en sus barrios las condiciones son bastante malas, aunque ya no haya registros. Los más reivindicativos son los de Arganzuela, que antes tenían la estación de Luca de Tena con medias altas y picos de más de 400 microgramos de NO2 por metro cúbico (si varias estaciones lo alcanzaran durante tres horas Madrid entraría en alerta) y ahora tienen una de fondo urbano, en una plaza junto a una calle pequeña con poco tráfico e, incluso así, incumple la normativa europea.

Además de estos nuevos 'farolillos rojos' que poco a poco harán olvidar a los antiguos ahora desmantelados, curiosamente, una de las 24 estaciones de la red se llama Farolillo. Está en una zona residencial de Carabanchel y en 2011 se quedó justo en los 40 microgramos por metro cúbico de NO2 que pone como límite la normativa.
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