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Cercanías: un viaje hacia el ahorro

Cercanías: un viaje hacia el ahorro

Por David Canellada
lunes 19 de diciembre de 2011, 00:00h
Comodidad, calidad y fiabilidad. Son tres de los pilares sobre los que Renfe trata de apuntalar su servicio de Cercanías. Ahora, en tiempos de crisis, sus responsables añaden otra razón para dejar el coche en casa: el bolsillo. "Un viaje en Cercanías cuesta diez o quince veces menos que en un coche particular", advierte el gerente comercial de la compañía, Mario Muñoz.
Pero ese ahorro económico se puede traducir en otra unidad más valiosa que el dinero: el tiempo. "Para nuestros usuarios, el Cercanías supone cada día ganar horas de sueño, días de vacaciones... En definitiva, bienestar", señala Muñoz.

En concreto, según los estudios elaborados por la propia compañía, llegar hasta Atocha desde una de las ciudades situadas en las afueras de Madrid -como, por ejemplo, Alcorcón- supone unos 22 minutos en coche y cuesta cerca de 2,29 euros en combustible. Si, además, aplicamos la ratio correspondiente a la amortización de un coche de gama media, el aparcamiento, el seguro y todos los gastos derivados que conlleva, ese viaje se dispara hasta los nueve euros.

En el Cercanías, este mismo trayecto se cubre en 18 minutos y tiene un coste, si se usa un billete sencillo, de 1,50 euros. "Pero el viaje puede ser aún más barato -explica una técnico de la gerencia comercial, Pilar Dulce-. En caso de comprar un bonotren, el viaje saldría a 1,13 euros, mientras que a los usuarios de un Abono Transporte les cuesta sólo 0,68 euros".

En la práctica, sin embargo, estas diferencias son incluso mayores, ya que el estudio está elaborado sobre unas condiciones 'ideales' de tráfico que no tienen nada que ver con las que sufre Madrid a primera hora de la mañana. "Yendo a trabajar en coche se pierden, de media, 14 minutos diarios en congestiones -explica Pilar Dulce-. Pero en hora punta, el tiempo que pierdes sólo en el atasco se va a 35,1 minutos, y eso supone cerca de 500 euros en costes de personal". Para un trabajador, ese tiempo perdido en embotellamientos interminables puede suponer entre siete u ocho días de su tiempo libre a final de año.

La evolución del transporte de cercanías, de hecho, ha discurrido en los últimos años de forma paralela a la del mercado laboral, de forma que el número de viajeros se ha convertido en una especie de radiografía de la población activa madrileña. En el año 2006, justo antes de que estallase la crisis, este servicio alcanzó un máximo histórico de 987.000 viajeros diarios.

A partir de ahí, el Cercanías fue perdiendo pasajeros a una velocidad similar a la que se iban llenando las colas del paro. "Un informe sobre la elasticidad de la demanda revela que por cada 25.000 empleos que se pierden en la Comunidad de Madrid, Cercanías pierde un punto de demanda", explica Mario Muñoz.

Las últimas transformaciones en la red de Cercanías -la apertura de la estación de Sol o la línea hasta el aeropuerto- están empezando a romper esta tendencia. Según los datos facilitados por Renfe, el 2011 se cerrará con una ligera subida del dos por ciento con respecto a la media de 859.000 pasajeros diarios que se registró en 2010.

La explicación, además del impulso de estas nuevas infraestructuras, tiene que ver con las subidas del precio del combustible. "En este último año hemos notado un incremento de viajeros a finales de cada mes -asegura el gerente comercial de la compañía-. Es gente que, en un momento determinado, decide que deja el coche porque le resulta más barato el Cercanías".

Pero esa voluntad por seguir disputando la hegemonía de los transportes al coche no cesa. La última apuesta de Renfe ha sido la de llevar a sus viajeros directamente al aeropuerto, sin necesidad de usar otro medio de transporte. Desde que empezó a funcionar, a finales del pasado mes de septiembre, la línea al aeropuerto ha registrado una media de 3.000 pasajeros diarios, muy por encima de los 2.000 o 2.500 que habían previsto los responsables de la compañía.

Y es que, en este caso, el coche tampoco resiste la comparación con el Cercanías. "Desde una localidad como Collado Villalba se pueden tardar cerca de 70 minutos en coche -explica Mario Muñoz-. En Cercanías, contando con unos cinco minutos de transbordo, son 55 minutos". Pero el coche no es el único que sale perdiendo en estas comparativas. La línea Exprés del aeropuerto de la EMT tarda cerca de 40 minutos desde Atocha, mientras que el tren llega en 20 minutos.

Uno de los secretos para esta buena aceptación es que el servicio ha sido concebido como un medio de transporte interurbano que permita llegar al aeropuerto desde cualquier punto de la Comunidad de Madrid. E, incluso, desde las poblaciones más próximas, como Toledo, Ávila, Segovia o Guadalajara. "Desde Segovia se tardan 20 minutos en llegar a Chamartín con un tren Avant, y desde Chamartín al aeropuerto son otros 11 minutos", asegura Muñoz. 

Y, si hablamos de precios, los Cercanías madrileños se sitúan también como uno de los más baratos de Europa. En Heatrow, este mismo servicio cuesta seis euros, mientras que llegar al aeropuerto milanés de Malpensa cuesta entre siete y once euros. En Madrid, la tarifa máxima para llegar hasta Barajas es de 4,40 euros.

Pero, a pesar de que estos datos trazan un perfil halagüeño para el Cercanías, una de las estadísticas que más enorgullece a sus responsables es la que habla de la satisfacción de los pasajeros. En concreto, los viajeros dan a los trenes madrileños una nota de 7,68 en una escala de diez. "Nuestro objetivo es hacer más fácil la vida de los madrileños -sentencia Mario Muñoz-. No se podría entender la vida actual en una comunidad como Madrid sin un tren de cercanías rápido, eficaz y eficiente como el nuestro".
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