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Crítica teatral.- Münchhausen: los mundos de Nic

Crítica teatral.- Münchhausen: los mundos de Nic

sábado 19 de noviembre de 2011, 00:00h
Si no conocen el significado de 'Münchhausen', no lo busquen hasta después de asistir a la representación de la obra con ese título en el teatro Valle Inclán. Es un consejo como espectador para que puedan disfrutar más de la velada.
'Münchhausen' es casi el debut como autora de Lucía Vilanova. Ha escrito un drama familiar que también podría ser una obra de suspense. Salva Bolta, el director, se decanta por la primera visión, imponiendo un distanciamiento desapasionado, sobre todo en las escenas de conjunto. Ni siquiera en la reunión familiar –finalmente todos los miembros juntos- se permite un desbordamiento de los sentimientos, como si quisiera llegar a la última escena limpio de drama para que ésta cobre una dimensión enternecedora.

Nic (Nicolás) es un niño permanente enfermo, con un crecimiento retardado. Es el auténtico protagonista. Desde su punto de vista vemos cómo son las relaciones de sus padres, el carácter fantasioso de su hermana mayor, el mundo aparentemente feliz de la asistenta y locura senil de la abuela. Nic está presente en todas las escenas. Pero su auténtico drama se manifiesta en los encuentros con su gemelo muerto prematuramente. Esas escenas, con dos mundos paralelos, son estremecedoras. ¿Cómo desaparecerá el fantasma de la mente del superviviente? Es la gran incógnita de la función, que arranca con cierta premiosidad pero va acelerando el pulso a medida que Nic va creciendo y su enfermedad no acaba de curarse.

La interpretación es ajustada y correcta. Cuenta el elenco con tres veteranos actores, Carmen Conesa, Adolfo Fernández y Teresa Lozano, quien tiene las escenas más golosas de la función. Y, además, vemos a tres jóvenes –muy jóvenes- actores que se enfrentan a papeles densos. Samuel Viyuela, Macarena Sanz y David Castillo son los tres hermanos, interpretados con solvencia e intensidad. A Castillo lo estamos viendo desde que tenía 7 años. Pero su trabajo ha sido hasta ahora en la pequeña y gran pantalla. Despertó simpatías en 'Cachorro' y, desde hace años, es un descerebrado 'lumpen' en la serie 'Aída'. Que, con poco más de 18 años, se lance al teatro tiene mérito. Y como protagonista, en un personaje totalmente alejado de lo que hemos visto hasta ahora. Tengo la impresión de que Bolta lo ha marcado de cerca para lograr la credibilidad de su atormentado personaje. No es arriesgado pronosticarle un futuro brillante sobre la escena.

Paco Azorín ha diseñado una escenografía deliberadamente aséptica. Difícilmente podemos intuir una cálida convivencia familiar en esa casa, casi una clínica. Brillante la solución de dos escenarios opuestos para desarrollar la acción en dos dimensiones.

Como todos los espectáculos que se presentan en la sala Nieva del teatro Valle Inclán, este se puede disfrutar con una cercanía que deja a los actores casi al alcance de la mano.
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