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50 Aniversario (I)

El teatro Bellas Artes cumple 50 años

El teatro Bellas Artes cumple 50 años

miércoles 19 de octubre de 2011, 00:00h
En la primera mitad del siglo XX Madrid incrementó notablemente su censo de teatros. Al interés de los madrileños por las artes escénicas se unió la creciente popularidad del cine que paso, de fenómeno de barracón, a espectáculo de masas.
Además, la construcción de la Gran Vía, a partir de 1910, llevó aparejado el crecimiento de grandes edificios que, pensados sobre todo para el Séptimo Arte, también tuvieron escenarios teatrales. Pero no  fue la Gran vía el único eje de crecimiento teatral. En el entorno de la Puerta de Sol la vida seguía especialmente activa. Así, en la vecina Carrera de San Jerónimo se abrió el 10 de junio de 1916 el teatro Reina Victoria.

Especialmente monumental fue el teatro Odeón, abierto el 18 de junio de 1917. Hoy lo conocemos como Calderón. El 27 de enero de 1925 le llegó el turno al teatro Alcázar de la calle Alcalá, 20.  Poco más tarde, el 11 de abril de 1925, en un barrio más castizo, el de Embajadores, levantó el telón el Pavón. También en 1931 (11 de noviembre) se inauguró el Fígaro, proyectado inicialmente como cine. Muy próximo a éste se encuentra el teatro Nuevo Apolo, que se abrió el 10 de diciembre de 1932 con el nombre de Progreso.
El cine y la televisión, que comenzó sus emisiones regulares en España el año 1957, modificaron sensiblemente los hábitos de ocio de los madrileños.

Algunos empresarios vieron claro que los teatros con aforos excesivos resultaban muy caros de mantener y su ocupación no llegaba casi nunca al cien por cien. El siglo XX comenzaba su segunda mitad y en Madrid comenzaron a hacer su aparición los conocidos como “teatros de bolsillo”. El Bellas Artes fue uno de ellos y uno de los escasos supervivientes de esos años.

Nace un teatro
El 17 de noviembre de 1961 se inauguraba el teatro Bellas Artes de Madrid con un recordado montaje de Divinas palabras. El director y empresario José Tamayo lograba tener su propio teatro tras haber paseado durante quince años la compañía Lope de Vega por toda España.  Madrid ganó en esa década de los sesenta algunos locales de mediana capacidad, de los que sobreviven solamente el Arlequín, el Marquina y el Bellas Artes. Abrió la serie de los conocidos como “teatros de bolsillo”, el Recoletos que en marzo de 1957 estrenó Fuera es de noche, dirigida por Luis Escobar. En enero de 1962 se abrió el Club en los bajos del Palacio de la Música. Dos meses después levantó el telón el Torre de Madrid, rebautizado como Valle Inclán. Ya en diciembre de 1962 se abría el Marquina. Finalmente el Arlequín dejó el cine por el teatro en 1965.

Teatro en el sótano
Parece que en esa época las ordenanzas municipales eran mucho menos restrictivas que las actuales. Así se explica que se autorizara la apertura de teatros en sótanos, como es el caso del  Bellas Artes, que ocupó algunas dependencias del Círculo de Bellas Artes: la bolera, una piscina subterránea y dependencias de trabajadores. Durante tres años un equipo de cuatro arquitectos convirtió todo aquello en teatro. No estuvo exenta la construcción de conflictos con el Círculo, que entonces presidía el académico Joaquín Calvo Sotelo. Parece que algunas de las cláusulas firmadas con la empresa Actividades Teatrales resultaban onerosas para el Círculo. En un primer enfrentamiento, Tamayo se negó a modificarlas por lo que la entidad encargó al letrado José María Ruiz-Gallardón la defensa de sus intereses. Sin embargo renunciaron al procedimiento judicial al avenirse el arrendatario a negociar, pocos meses antes de abrirse el teatro, comprometiéndose a dedicar el nuevo espacio exclusivamente a las representaciones teatrales. La Junta Directiva del Círculo había firmado el convenio con Tamayo en agosto de 1957.

Inicialmente se iba a llamar “Teatro Club Bellas Artes”. Suponemos que la coincidencia con el nombre de Club, del teatrito de la Gran Vía, recortó la denominación definitiva.

La sala, con capacidad para quinientos espectadores, tiene una excelente visibilidad, patio de butacas y anfiteatro. En el primer vestíbulo, visible desde la calle, se pintó una hermosa alegoría teatral, firmada por Vicente Viudes. Sin embargo es complicado el montaje de espectáculo, porque el escenario se encuentra a dos niveles bajo la calle y su acceso es muy complicado.
Para celebrar el veinticinco aniversario de la apertura del teatro, el director volvió a montar Divinas palabras, contando también con Nati Mistral para encarnar a Mari Gaila. Pero, más allá del componente sentimental, la reposición no alcanzó el éxito de un cuarto de siglo antes.

Divinas palabras ha sido un título recurrente para abrir nuevos teatros. El año 1977 se recuperó para la escena –si bien durante no mucho tiempo- el teatro Monumental. Y el 28 de enero de ese año Nuria Espert encabezó un singular montaje de la obra de Valle, dirigido por Víctor García, un hombre que le proporcionó algunos de los grandes éxitos de su carrera.

Nuevamente las Divinas palabras sonaron por primera vez en un nuevo teatro. Fue la noche del 23 de febrero de 2006. Se inauguraba el teatro Valle Inclán y Gerardo Vera, director del Centro Dramático Nacional, dirigió también la monumental obra del dramaturgo que nombre a la sala.

Y el teatro de Valle Inclán fue el elegido para abrir La Abadía: Retablo de la avaricia, lujuria y muerte (14 de febrero de 1995).
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