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La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) inauguró en septiembre un nuevo centro de acogida en Getafe

Refugiados en Getafe

Refugiados en Getafe

martes 18 de octubre de 2011, 00:00h
Las guerras, catástrofes naturales o persecuciones por motivos raciales o ideológicos obligan a muchos ciudadanos a huir de sus países en busca de territorios más seguros. Son refugiados. La Convención internacional de 1951 compromete a los Estados a ofrecerles asilo. Madrid cuenta con tres centros para acogerles. El más nuevo acaba de ser inaugurado en Getafe. 
Run tiene 26 años y llegó a España, desde Somalia, lugar donde nació, hace tres. Allí siempre tenía “muchos problemas”. Run, que está aprendiendo nuestra lengua,  llama ‘problemas’ a las hambrunas, a las guerras continúas, a las matanzas, a vivir sin “nada de nada”. Su país, que vive una guerra civil desde 1991, está “totalmente destrozado”. “Pasaba mucho miedo, a la gente siempre la estaban matando, a muchos enfrente mía. He visto a gente morir de hambre, a niños pequeñitos que yo conocía”, lamenta. La mayor parte de su familia sigue en Somalia. “Es difícil mantener el contacto y cuando lo consigo siempre me dan malas noticias, me siento mal porque no puedo ayudar”, cuenta.

Hablando somalí, árabe, italiano e inglés, pero “ni una palabra” de castellano, llegó a Madrid en avión a finales de 2008 y pidió asilo en el aeropuerto de Barajas. Dice que “no tenía miedo, sabía que aquí no había problemas, que había paz”. La trasladaron al centro de acogida de refugiados de Alcobendas. Tiempo más tarde, y ya con el asilo concedido, consiguió trabajo a media jornada como limpiadora en el centro de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) de Getafe. “Aquí estoy muy bien”, añade. Quiere quedarse en España aunque no está segura porque su marido, también somalí, ha pedido asilo en Suiza.

Mientras, en Somalia las cosas no mejoran. A principios de verano saltaron las alarmas internacionales. Cuatro millones de personas, según la ONU, necesitan ayuda humanitaria urgente. El 30 por ciento de la población se encuentra en un estado grave de desnutrición.

Ahmed
Otro trabajador del centro de acogida getafense es también refugiado. Se llama Ahmed y es palestino. Dejó Gaza, lugar donde vivía, tras la masacre de finales de 2008, cuando una ofensiva militar israelí terminó con la vida de casi 1.500 personas en doce días. Tras un año en “varios países cercanos a Palestina”, Ahmed llegó a Madrid en agosto de 2009. Igual que Run, pidió asilo en el aeropuerto de Barajas y fue trasladado a un centro de acogida, en su caso al ubicado en Vallecas. Aprovechó su estancia allí para asistir a clases de español y realizar otros cursos de formación (un solicitante de asilo no puede trabajar hasta pasados seis meses de su solicitud). Después, encontró su actual trabajo en la recepción del centro de Getafe. A día de hoy habla nuestro idioma perfectamente y es activista por varias causas que considera injustas. “Voy a protestas contra la ocupación de mi país pero también participo en la lucha social aquí”, afirma. “Ahora tengo los mismos derechos que los españoles y pago mis impuestos”, añade.

En Gaza colaboraba con la UNRWA (United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees) ayudando “sobre todo” a mujeres y niños con problemas psicológicos como consecuencia “de la ocupación, los bombardeos…”. “Cuando la presión se hizo más fuerte ya no había posibilidad de seguir trabajando”, relata. Su “sueño para toda la vida” es “volver a la tierra”: “Pero mi tierra no es Gaza, no es un campo de refugiados, mi tierra es Jaffa, ahora llamada Tel-Aviv, donde vivió mi abuelo antes de la guerra del 48”.

Mohammed
A diferencia de Run y Ahmed, a Mohammed le ha sido denegado el asilo, lo que, por otra parte, es lo más común. Y es que, según los datos manejados por CEAR, de las 2.738 personas que en 2010 accedieron al procedimiento de asilo tan solo 260 lo consiguieron. Asimismo, 351 personas obtuvieron protección subsidiaria (dispensado a aquellos que no pueden ser reconocidos como refugiados, al no cumplir los requisitos establecidos en la Convención de Ginebra, pero existen motivos fundados para creer que si regresasen a sus países de origen se enfrentarían a un riesgo real) y 20 obtuvieron protección por razones humanitarias (concedida a aquellos que, por ejemplo, acrediten una enfermedad de imposible tratamiento en sus países). “Que te concedan el asilo es como que te toque la lotería”, afirma Mónica López, directora del centro de acogida de Getafe.

Mohammed es del Aiún, ciudad más importante del Sahara Occidental y escenario de las principales protestas “contra la ocupación marroquí y en apoyo a la independencia saharaui”. Precisamente Mohammed fue activista, lo que le dificulta enormemente su vuelta: “Solía ir a manifestaciones para buscar la libertad, pedía un Sahara libre”, comenta. Ahora no entiende por qué el Gobierno español le deniega el asilo. “España dice que entiende el problema en el Sahara Occidental pero evita responsabilidades, antes de 1976 éramos españoles y ahora no tenemos ni nacionalidad ni trabajo ni nada”, argumenta. Antes de irse, enseña a la periodista un artículo del periódico 20 minutos que tiene guardado, donde se relata la muerte de un joven saharaui que fue disparado por la Policía marroquí. “Era mi primo”, concluye.

Estas son solamente tres historias de refugiados. Tres de los más de 43,7 millones de personas que en todo el mundo, según los últimos datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), han sido víctimas de desplazamientos forzados. Ellos tres tienen ‘la suerte’ de residir en Madrid.

Mayoría de musulmanes
El centro de refugiados de Getafe fue inaugurado oficialmente el 21 de septiembre, aunque funciona desde abril. Está dirigido por CEAR y cuenta con subvenciones estatales -del Ministerio de Trabajo e Inmigración y del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad-, además de la aportación de la Obra Social La Caixa y la cesión del suelo por parte del Ayuntamiento del municipio. Con una capacidad máxima de 116 plazas, actualmente hay 60 cubiertas. Los países de procedencia de sus usuarios son, entre otros, Costa de Marfil, México, Palestina, Irán, Sudán o Somalia. “Aproximadamente el 60 por ciento de los residentes son de origen musulmán”, informa López.

La directora del recinto asegura que la mayor parte de usuarios son “hombres solos” aunque “también hay muchas mujeres con niños”. “Tenemos dos plantas, la primera para mujeres y familias y la segunda para hombres, porque parece que eso da un poco más de intimidad, hay que tener en cuenta que muchas de las mujeres que vienen han sufrido agresiones sexuales”, dice.

La petición de asilo se puede realizar en el aeropuerto de Barajas a la llegada a la capital o directamente en la Oficina de Asilo y Refugio de la calle Pradillo. A partir de ahí, es la Cruz Roja la entidad encargada de hacer la 'primerísima acogida', en un hostal o albergue, mientras se realizan los exámenes médicos necesarios para poder entrar en centros de larga estancia. "desde que se solicita asilo hasta que se ingresa en un centro de larga estancia suele pasar un mes o un mes y medio", explica López. Después, se analizan las necesidades de cada solicitante -si precisa clases de español o atención psicológica urgente, por ejemplo-. La media de estancia en un centro de refugiados es de nueve meses aunque es una decisión del equipo técnico "que lo suele consensuar con la persona".

Se trata, en definitiva, de hacer que los refugiados se sientan protegidos y fuera de peligro aunque, tal y como dijo el presidente de CEAR, Carlos Berzosa, "centros como este no deberían de existir, porque no debería existir ningún lugar del mundo en el que se violen los derechos humanos ni las personas sean perseguidas por sus ideas o por su identidad". Mientras esperamos la llegada de un mundo más justo, el objetivo es conseguir que estas personas se sientan lo mejor posible en España, en Madrid, en Getafe.
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