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Todo para el niño, pero sin el niño

Todo para el niño, pero sin el niño

martes 08 de mayo de 2007, 00:00h

Pareciera estar generándose cierto despotismo ilustrado, al hablar de la infancia y de los jóvenes. Hablamos de cambiar el mundo con los niños, ¿pero dada su edad, de verdad se respeta lo que nos dicen? Expresamos que son el futuro. ¿Pero nos acordamos de su presente? Deseamos un mundo mejor. ¿Pero responsabilizamos a los niños como ciudadanos? Apostamos por un mañana con adultos responsables e implicados en la justicia social. ¿Pero damos ejemplo de dignidad humana?

Queremos conocer a los jóvenes. ¿pero les dejamos expresarse?, ¿les escuchamos? Decimos el mejor interés del niño. ¿Pero se les consulta?
Buscamos socializarlos. ¿Pero con qué modelos? Verbalizamos mucho de niños y jóvenes. ¿Pero de lo que les motiva y ocupa a ellos, o lo que nos preocupa a nosotros? Luchamos por dejar en heredad un entorno más favorable. ¿Pero les dejamos tomar parte activa en el diseño de las políticas que les afectan y condicionarán?

Protegemos a los niños discapacitados, desfavorecidos y marginados. ¿Pero les posibilitamos que se preparen para hacerse cargo de su propia vida?
Fantaseamos con la construcción de la paz. ¿Pero enseñamos a los jóvenes a cooperar, a negociar conflictos, a ser solidarios, a respetar la diversidad?
Valoramos la democracia intergeneracional. ¿Pero les incentivamos su capacidad crítica, su autonomía, su capacidad de razonamiento y elección? Aplaudimos que los niños opinen. ¿Pero se hace factible en escuelas, hogares, medios de comunicación, hospitales? Alentamos que la niñez desarrolle sus competencias. ¿Pero los adultos compartimos la información, el poder, la adopción de decisiones con ellos? Confiamos en que el niño esté formado para intervenir. ¿Pero capacitamos a los adultos y profesionales para infundir actitudes de participación?

Oímos a los niños. ¿Pero qué nos dicen?: Que nos les escuchamos.
Planteamos que la familia es el entorno primigenio donde los niños aprenden a participar. ¿Pero se confunde la opinión con la decisión, el debate con el chantaje?
Reivindicamos el derecho de expresión. ¿Pero se aprovecha la escuela para formar mediadores sociales, que establezcan normas que preserven la libertad individual y colectiva? Sabemos del riesgo de la apatía. ¿Pero no la propiciamos cuando obstaculizamos la implicación desde las barricadas construidas de prejuicios?
Ratificamos que los niños son capaces . ¿Pero no es verdad que cuando les prestamos atención nos sorprenden? Conocemos la importancia del grupo. ¿Pero incentivamos las reuniones de niños, para que aprendan entre ellos, adopten sus propias decisiones y elijan a quienes han de representar sus intereses?
Decidimos dar la voz a los niños. ¿Pero los empleamos para transmitir nuestros mensajes?

Promovemos causas que entendemos justas y utilizamos a los niños. ¿Pero les permitimos implicarse en la elección u organización de las mismas?
Besamos a los niños en público. ¿Pero no son manipulados por los políticos en campaña electoral? ¿O algunas ONG para impactar o dar lástima?
Propugnamos dotar de más responsabilidades a los hijos a la par que cumplen años. ¿Pero lo hacemos en temas controvertidos (como adscripción religiosa, orientación sexual, ideología política)?


Tarareamos el estribillo de la participación. ¿Pero se promueve el asociacionismo infantil y juvenil en el tiempo libre? ¿Se permite que a corta edad se colabore como voluntario en ONG? Garantizamos los estados partes de la convención sobre los derechos del niño, el que sea escuchado en los procedimientos judiciales y admnistrativos. ¿Pero establecemos y generalizamos a leyes nacionales, reglamentos y normas de manera explícita el derecho a la participación? “Nosotros no somos la fuente de los problemas, somos los recursos que se necesitan para resolverlos. No representamos un gasto, representamos una inversión.No solamente somos gente joven,somos personas y ciudadanos de este mundo”.[Mensaje del Foro de la Infancia, leído ante la Sesión Especial de Naciones Unidas].


Javier Urra
Psicólogo Forense del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Patrono de UNICEF

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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