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La zorra o ¿una zorra?

La zorra o ¿una zorra?

jueves 06 de octubre de 2011, 00:00h
Recuerdo, en estos momentos de reflexión sobre tan astuto animal que habita en los montes de España, al que fuera ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que tuvo que dimitir por el malestar que fue creciendo en su entorno político por su presencia en una cacería con el juez Garzón. Un ministro poco rentable que vino de la mano de la crispación con el PP y se fue como había llegado. Pero hoy le recuerdo porque antes de marcharse hizo una propuesta que no estaba mal. Fue aquello de que sería preciso revisar la forma en la que los aspirantes llegan a obtener la titularidad de juez. El dimitido ministro propuso organizar un MIR similar al que se hace en la carrera de medicina. Desconozco lo que pretendía conseguir D. Mariano con aquella fórmula, pero si le aplicásemos justicia y objetividad, podría ser un buen sistema para evitar que los jueces que aprueban las oposiciones y alcanzan tal distinción, además de saber todos los artículos de un montón de leyes, estuvieran suficientemente preparados en el conocimiento de la calle. Que en vez de pasarse estudiando varios años encerrados en una habitación sin contacto con la naturaleza, sin conocer a quienes deberán juzgar, tuvieran un amplio currículum de relaciones personales.

La idea no estaba mal. Además de estudiar sería preciso conocer en profundidad a las gentes que se mueven diariamente por los barrios y ciudades, a esos cuyos comportamientos son susceptibles de ser juzgados. Seguramente evitaríamos confusiones o errores como el que leo en los periódicos estos días sobre una sentencia del juez del Olmo. Al parecer el juzgador interpreta, con lógica, que hablar de la zorra es simplemente hacer mención a ese animal, mayor que un gato que no deja en paz a las gallinas y que es la pesadilla de muchos campesinos. Pero, claro, esto de zorra ostenta también otro significado menos culto, más utilizado por el pueblo llano que disfruta de escasos recursos lingüísticos para andar dando vueltas al lenguaje y lo hace todo más directo. Para ellos una zorra es varias cosas a la vez y si se dice en un ambiente familiar, urbano en el que el oído más próximo es el de su mujer o cualquier otra señora que esté en el entorno, lo de zorra, deja de ser un cazador de gallinas para convertirse en objeto del verdadero animal, aunque hable. Es decir que lo de zorra pasa a ser una agresión, diga lo que diga la bonita estructura de una sentencia judicial.

Pedro Fernández Vicente
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