www.madridiario.es
Una guerra civil que duró 983 días

Una guerra civil que duró 983 días

Por Enrique Villalba
lunes 18 de julio de 2011, 00:00h
Este lunes se cumplen 75 años del inicio de la Guerra Civil en Madrid. Madridiario explica, con la colaboración de varios especialistas, los principales episodios del conflicto en la región y la capital.
La posibilidad de una guerra se venía ya gestando desde las elecciones de febrero de 1936, que ganó el Frente Popular. La izquierda y la derecha moderadas que conformaban las mayorías en la República se habían ido radicalizando poco a poco. El ambiente iba crispándose y deteriorándose. Los tiroteeos, las venganzas y las muertes en ambos bandos eran frecuentes. En total se sufrieron en toda España 130 huelgas y 71 asesinatos. Los generales proclives, según el Gobierno, a un golpe militar fueron cambiados de zona.

Madrid era el centro del universo político español y, por tanto, el escenario de la mayor parte de este preludio bélico. "Aunque la capital era una ciudad inclinada a la izquierda, entre los madrileños era cada vez más frecuente ver al vecino como amigo o como enemigo, sin matices. Se juzgaba a la gente por el periódico que leía, por si iba a misa, por si llevaba mono de trabajo, cuello duro o sombrero", explica Javier Cervera, doctor en Historia y Ciencias de la Información, profesor universitario y autor de varios libros sobre la Guerra Civil.

El grado de tensión subió de forma exponencial entre los días 12 y 13 de julio. Un grupo de falangistas mató al teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo a las puertas de la ermita del Humilladero, en la calle de Fuencarral. La respuesta no se hizo esperar. Algunos compañeros del muerto fueron a casa de José María Gil- Robles, líder de la CEDA, para cobrarse venganza. Al no encontrarle fueron al domicilio del diputado José Calvo Sotelo, le detuvieron, le subieron a un vehículo, le dispararon en la nuca y abandonaron su cadáver ante las puertas del Cementerio del Este. Para entonces la sublevación militar ya estaba en marcha por lo que el asesinato de Calvo Sotelo no cambió los planes de los generales, salvo de Franco que, tras decir que no participaba, decidió hacerlo.

Cuatro días después comenzaba la sublevación en Melilla (el día 17 a las 17.00 horas). Pero nadie en Madrid tuvo noticia de ello hasta la jornada siguiente por la tarde.
"El golpe de Estado estaba planteado como cruento y ejemplar. No tenía nada que ver con los pronunciamientos del siglo XIX. El ejército español era digno de un país subdesarrollado de la época y no tenía capacidad para mantener una guerra durante más de dos meses. Por eso, había que darse prisa en terminar el conflicto. La manera más sencilla era tomar Madrid", argumenta Antonio Morcillo, presidente del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema).

Franco, destinado en Canarias, tenía bajo su mando las mejores tropas del Ejército -la Legión y los Regulares-, pero no era suficiente. Hitler y Mussolini no tardaron en prestarle su apoyo en forma de tropas, instructores y suministros. El Gobierno republicano recibiría la ayuda de la Unión Soviética y las Brigadas Internacionales.

Lucha en la sierra
En Madrid, las organizaciones políticas y sindicales comenzaron a ser armadas por los militares el día 19 de julio. "Fue un error dar armas al pueblo porque el Estado perdió el monopolio de la violencia y perdió las riendas de la situación", asegura Cervera. Ese mismo día el general Fanjul se hacía fuerte en el Cuartel de la Montaña con un millar de militares a los que se sumaron 186 falangistas. La reacción de la población fue rodear el edificio y trasladar a la zona tres cañones que al día siguiente comenzarían a disparar sobre el edificio al negarse Fanjul a rendirse. Tras cuatro horas de combate el edificio fue asaltado. La mayoría de los 130 sublevados fallecidos -murieron también 20 asaltantes- cayeron asesinados por quienes entraron en el inmueble. Fanjul fue detenido y salvado del linchamiento por las fuerzas de seguridad.

Ante el fracaso de la sublevación en Madrid, el general Mola enfiló hacia la sierra de Guadarrama para intentar entrar en la capital, según el plan establecido. Fue frenado por la orografía y las unidades de voluntarios que fueron enviados al primer frente bélico real en la región. "El ejército republicano estaba muy mal preparado. Sin uniformes, sin instrucción, casi sin municiones. Los voluntarios pegaban cuatro tiros y se volvían a sus casas. El trabajo de los oficiales leales al Estado fue fundamental para parar a las tropas sublevadas y eso que muchos de quienes estaban bajo su mando desconfiaban de sus mandos y cuestionaban sus órdenes", comenta Pedro Montoliú, director de Madridiario, cronista de la Villa y autor de los dos volúmenes titulados 'Madrid en la Guerra Civil. La historia y Los protagonistas'.

La guerra podía haber terminado en septiembre si las tropas de Franco, que avanzaba por la carretera de Extremadura, hubieran llegado a la capital. Sin embargo,. el 21 de ese mes, Franco decidió desviarse hacia Toledo para liberar el alcázar en el que resistían 2.000 personas, de ellos 800 guardias civiles, 300 militares, 200 falangistas y 700 civiles. "Lo hizo tanto por motivos propagandísticos como porque deseaba obtener el mando único del ejército nacional y eso exigía prolongar la contienda", analiza Montoliú.

En la ciudad se vivía hasta entonces con una cierta calma chicha y bastante libertad de costumbres. Los periodistas extranjeros visitaban la ciudad, la gente acudía a los cines, el vestido habitual era el mono de trabajo, los saludos y las costumbres cambiaron. Estaba permitido el matrimonio oficiado por militares, así como las uniones por convivencia y por embarazo.

La situación cambió a partir del 28 de agosto de 1936, cuando un Junker alemán bombardeó por primera vez la plaza de Cibeles. "El Gobierno ya había tomado medidas para evitar daños aéreos como cerrar el Retiro, cambiar los horarios del comercio, establecer toques de queda, ordenar cortes de luz y habilitar refugios en el Metro", explica Montoliú. Era el primero de una larga serie de bombardeos que afectaron a numerosos edificios, incluido el Museo del Prado lo que obligó al Gobierno a trasladar más de 500 obras a Valencia en camiones. Desde el 23 de octubre, el lanzamiento de bombas desde los aviones franquistas fue habitual y la psicosis de la población hacia la amenaza aérea creció. Hubo días en que, sobre la ciudad, llegaron a enfrentarse más de un centenar de aviones.

Se llegó así a noviembre. Ante la proximidad del ejército llamado nacional el día 6 el Gobierno republicano decidió abandonar Madrid y ordenó que evacuasen a Valencia a los presos más significados que estaban detenidos en la Cárcel Modelo. El general Miaja que quedaba como máximo representante constituyó una Junta de Defensa de Madrid. Esa misma noche, un jovencísimo Santiago Carrillo se hizo cargo de la Consejería de Orden Público. Para cumplir la orden de evacuación de los presos, Carrillo, que no tenía hombres a su mando, pidió a la Comandancia de Milicias que se encargara del traslado.

En la madrugada del día 7 comenzaron unas sacas de presos que en vez de ser llevados a Valencia fueron trasladados en autobuses de la EMT a Paracuellos del Jarama y Torrejón y allí fueron fusilados. Estos acontecimientos se repitieron varias jornadas hasta el 5 de diciembre. Fueron asesinadas en total 2.400 personas. "Por lo que parece, Carrillo no fue el responsable directo, aunque está demostrado que supo lo que estaba ocurriendo y que, a pesar de ser el responsable del orden público, no hizo nada", asegura Cervera. Morcillo apostilla que "fueron días de mucho descontrol y ni Miaja, controlado por sus asesores rusos, ni las milicias, tomaban de manera única las decisiones". Estos 2.400 muertos se sumaron a los 4.400 que ya se llevaban contabilizados en Madrid desde el inicio de la sublevación militar.

'No pasarán'
Según Cervera, "Franco pensaba que la entrada a Madrid iba a ser un paseo militar. Pero la toma de Toledo provocó que tardase un mes en recorrer los 60 kilómetros que lo separaban de la capital porque los republicanos estaban preparados para defenderse". Y agrega: "Eligió además entrar a la ciudad por la zona más complicada: urbanizada, con un río y en cuesta".

Cuando el general Varela, al frente de 30.000 hombres, llegó a la ciudad, las tropas republicanas, formadas por 23.000 hombres, estaban mucho mejor preparadas. A ello se sumó la suerte que los mandos republicanos tuvieron al capturar a una dotación tanquista que llevaba encima el plan de ataque franquista.

Fracasado el efecto sorpresa, las peleas se encarnizaron en la Casa de Campo, la Ciudad Universitaria, Usera y Carabanchel. "Franco no tenía ejército para entrar y Miaja organizó una resistencia bastante enconada, beneficiado por el efecto llamada de la propaganda, que creó el mito del 'No pasarán'", abunda el responsable de Gefrema. Al no obtener los resultados esperados, Franco estabilizó el frente. Según Morcillo "todos los especialistas consideran un error que se fijase en la Universitaria allí la línea de batalla. Hubiese sido más fácil la defensa desde Brunete, que controlaba una horquilla desde Valdemoro hasta la sierra".

La estabilización del frente en la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria hizo que los ataques de la artillería sobre la ciudad fueran constantes. La Gran Vía era atacada todos los días, especialmente a la hora de la salida de los cines. Fue rebautizada como la avenida del quince y medio, en honor al calibre de los obuses que utilizaba la artillería franquista situada en el cerro de Garabitas para asolarla. La actual plaza de Vázquez de Mella era conocida como la 'plaza del guá' porque todos los obseses que pasaban por encima de la Telefónica -utilizado por la artillería para fijar posiciones- caían en dicha plaza.


Madrid, sin gatos
Otra de las consecuencias de la estabilización del frente a las puertas de Madrid fue la falta de alimentos. El racionamiento en la ciudad comenzó el 20 de noviembre y se vio agravado por la presencia de 200.000 personas desplazadas a Madrid por el avance de Franco. Para sobrevivir, la gente tuvo que tirar de imaginación. Las tortillas de patatas se cocinaban sin huevos y sin patatas, los gatos desaparecieron de las calles, soldados de ambos bandos traficaban con papel de liar y tabaco. Los que se lo podían permitir, viajaban a los pueblos para cambiar dinero o joyas por pollos o leche. La Cruz Roja intentó hacer llegar las cartas que escribían los familiares separados por las líneas de frente

Una vez fracasada la toma de Madrid, Franco trató de aislar la ciudad. En diciembre intentó cortar el acceso republicano de Madrid a la sierra. Para ello, avanzó desde El Escorial hasta Aravaca. El esfuerzo de los republicanos, apoyados por las brigadas internacionales, evitó las intenciones franquistas.

El segundo episodio fue en febrero de 1937. Las tropas de Franco trataron de entrar por el Jarama. Consiguieron tomar Ciempozuelos y San Martín de la Vega, pero la aviación les frenó. La tercera intentona partió desde Guadalajara y supuso un descalabro para la Italia fascista. Las tropas motorizadas de Mussolini fueron vencidas debido a que las fortísimas lluvias convirtieron los caminos de la provincia manchega en un cenagal. "Franco se encontró con el problema de que las carreteras radiales formaban cuñas más estrechas cuanto más se acercaban a Madrid. Al no poder cercarla del todo, la ciudad perdió su interés estratégico porque el conflicto ya se había diseminado por toda la península", asegura Morcillo. La República trató de recuperarse intentando tomar Brunete, pero a pesar de la dureza de los combates, no lo logró.

En los últimos meses de la guerra, rodeados por casi todas partes, los madrileños esperaban una solución definitiva al conflicto mientras cundía el derrotismo entre la población. Entre los responsables se enfrentaban dos tesis: la del coronel Casado, apoyado por los anarquistas, partidario de poner fin al conflicto con un acuerdo con Franco, y la de Negrín, apoyado por los comunistas, que apostaba por aguantar hasta que comenzase la casi segura guerra de Europa.

Finalmente Franco no aceptó más que la rendición incondicional y frustró los planes de Casado, que se trasladó a Valencia para luego exiliarse. El 28 de marzo de 1939, el coronel Prada entregaba Madrid al coronel Losas en el hospital Clínico. "La muchedumbre se reunió para recibir a las tropas de Franco. Unos, felices por su liberación. Otros, con el temor de lo que estaba por venir", concluye Montoliú.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios