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Buenas actuaciones de Duffau, Flores y Simón

San Isidro: qué buenos vasallos coletudos si oviesen bon señor bicorne

San Isidro: qué buenos vasallos coletudos si oviesen bon señor bicorne

Por Emilio Martínez / DC
martes 24 de mayo de 2011, 00:00h
¿Conocen ustedes la frase histórica del Poema del Mío Cid y referida a este personaje en la jura de Santa Gadea? Sí, hombre, sí. Aquella de "qué bon vasallo si oviese bon señor". Pues eso. Eso es lo que mejor resume lo acontecido este lunes en la segunda novillada del ciclo en la que una terna internacional, el francés Tomás Duffau, el mexicano Sergio Flores y el español López Simón, se estrellaron ante los guapos de presencia bureles de Montealto, ayunos de sangre brava en sus corpachones.
Novillos de MONTEALTO, de gran presencia excepto el primero y variado pelaje, descastados excepto 2º y nobles. THOMAS DUFFAU: saludos tras aviso; saudos. SERGIO FLORES: gran ovación tras petición; ovación. LÓPEZ SIMÓN: ovación; palmas. Plaza de Las Ventas, 23 de mayo. 14ª de abono. Más de tres cuartos de entrada.

Sus antagonistas, los espadas mantuvieron no sólo un alto nivel técnico y de entrega, sino también coincidieron en otros dos denominadores comunes: competencia en quites con variadas suertes capoteras y un buen ramillete de estocadas, como la Simón en la foto. Por lo que el festejo mantuvo el interés de los aficionados en mayor medida que la mayoría de las corridas de toros.

El menos favorecido por la mano de su banderillero de confianza en la hora del sorteo fue el galo, al que correspondieron dos enemigos de parigual comportamiento: mansos de libro, que huían de pencos y engaños, aunque con idéntica nobleza que sus hermanos. Así, Duffau, con técnica y valor, intentó extraer agua del negro primero y del castaño cuarto e incluso mostró un estilo clásico muy refinado.

Algo más permitieron al mexicano el 'colorao' y ojalado segundo, único con un punto de casta codiciosa -que se prestó allucimiento de su picador Plácido Sandoval 'Tito'-, y el negro chorreado en morcillo quinto, a los que aplicó una quietud muy tomasista, amén de floreados y ajustados quites con el percal y varios momentos de arrimón entre los pitones de ambos.

Y unos segundos más le duraron las embestidas a López Simón, quien inició de hinojos sus labores muleteriles ante el jabonero que le correspondió en primer lugar y al negro último. Templanza y hermosura por redondos también de pie y algunos latigazos artísticos en adornos y remates. De modo que loor a la terna y suerte para el futuro. Y que el peor de los festejos que nos resten -todavía casi tres semanas, ¡ay!- sea como mínimo de este interés. Y olé.
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