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Fiestas de Madrid

Fiestas de Madrid

Por Mara Colás Amor
jueves 05 de mayo de 2011, 00:00h
Estamos de fiestas en Madrid. Acabamos de disfrutar de nuestro día grande, el 2 de mayo, rememorando la vida y el lejano día en que aquél grupito de madrileños se rebeló contra tanto francés mandando por aquí y se convirtieron tras esos hechos en historia de resistencia civil; aunque la única resistencia vista este año en esa fecha ha sido la de los ministros, todos, y Manuel Chaves a participar de los actos de nuestra comunidad convirtiéndolos en un plante en toda regla hacia los madrileños, que no parecemos  ser, ni queridos, ni aceptados por esta  familia socialista…¡por lo qué se ve!.

Y me planteo qué excusas podrá poner el señor Chaves, ministro de política territorial, que no sea solo el miedo atroz a una gran pitada que recuerde a aquellos otros  madrileños valientes y cansados de tanto abuso, aunque ahora ya no usemos macetas ni piedras en la protestas de la calle. Miedo a enfrentarse a su obligación, como responsable, de comparecer a la obligada cita.

Seguimos de fiesta en Madrid porque llega la verbena de San Isidro, con la oportunidad de disfrutarla y mucho, si sabemos organizarnos, si conseguimos parar del siempre igual, de alejarnos de la invasión política todo lo que nos dejen. Tras el pistoletazo de salida de esta semana que marca la recta final, el último empuje, la oferta de última hora. Estamos a tiempo de apagar la televisión, de rescatar un traje de chulapo o chulapa, o de Goyescas, ¡y a la calle todos a recuperar organillos, chotis y tiempos de ocio familiar, que no está de más rememorar aquello que nos hizo acreedores de la fama de chulos que los gatos llevamos a gala poseer!.

Tiempo de no mirar feria que no sea la nuestra, donde seguro que encontramos esa herencia de tiempos que fueron plenos y tal vez puedan volver, mientras queden castizos dispuestos a no dejar olvidar la grandeza y las costumbres que antaño marcaron esta tierra maravillosa llenita de historias que nos vio a unos, muy pocos y privilegiados, nacer.

Existió una obradora  conocida como “Tía Javiera” que venía de Villarejo de Salvanés, y que se hizo celebre por sus rosquillas. Tal fue su fama que bien pronto, los tenderetes de la calle vendían sus rosquillas afirmando ser familiares de la tal Tía Javiera, lo que hizo que en Madrid se cantara un sainete antiguo que rezaba:

“Pronto no habrá, ¡Cachipé!
en Madrid duque ni hortera
que con la tía Javiera
emparentado no esté”.

Por ello no deje de probar en San Isidro, si aún no conoce las rosquillas ‘tontas’, ‘listas’, ‘francesas’ y de ‘Santa Clara’.
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