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Los riesgos para la salud en Japón tras el accidente nuclear

Los riesgos para la salud en Japón tras el accidente nuclear

miércoles 16 de marzo de 2011, 00:00h
El primer ministro japonés Naoto Kan ha asegurado que “Japón se enfrenta a la peor crisis tras la segunda guerra mundial” refiriéndose a las consecuencias económicas por el terremoto del pasado viernes día 11 y sus muchas réplicas, así como por el devastador tsunami posterior, que ha afectado de momento a dos centrales nucleares con el riesgo que ello puede conllevar para la salud de la población. En el momento de escribir este blog, las autoridades japonesas y los expertos en energía nuclear de todo el mundo, nos confirman que de momento las fugas de radiación en la central nuclear de Fukushima, han siso mínimas y controladas y que no suponen un riesgo para la salud de los ciudadanos. Pero tendremos que esperar aún para saber con certeza la magnitud de esta nueva catástrofe natural que pone al mundo en jaque una vez más.

Ahora son muchas las personas y no solo en Japón, las que se preguntan sobre los efectos de este tipo de radiación nuclear sobre la salud de la población, recordando el tristemente famoso caso de Chernóbil (Ucrania, 1986). Tenemos que creer, de acuerdo con todos los expertos en todo el mundo y también los españoles del Consejo de Seguridad Nuclear, que la situación que está viviendo Japón no tiene nada que ver, porque los reactores nucleares están parados, lo que imposibilita una explosión nuclear.

De todos modos, las emisiones de radiaciones al exterior podrían perjudicar a la salud de los ciudadanos pudiendo llegar a producir el conocido “síndrome de radiación”, tanto de forma aguda como crónica, que suele ocasionar náuseas, vómitos, diarreas, deshidratación, infecciones severas, alteraciones de la piel, caída del cabello, diversos tipos de cáncer en la sangre, los pulmones, los riñones, el aparato digestivo, el aparato reproductor y la médula ósea, amén de mutaciones genéticas y malformaciones congénitas.

La radiación no se siente ni se huele pero penetra en el organismo a través de la piel, el aparato digestivo y con las inhalaciones en el aparato respiratorio, acumulándose en todos los órganos provocando serias alteraciones para la salud. De entre los más de 60 contaminantes radiactivos que se producen tras la fisión del uranio, los que más preocupan son el Yodo, el Estroncio y el Cesio. El Yodo radioactivo se acumula rápidamente en la glándula tiroides provocando un cáncer a medio y largo plazo, razón por la que se está administrando Yodo en capsulas a los ciudadanos, con el fin de saturar la glándula, porque una vez saturada, el organismo tiende a eliminar todo el Yodo restante del organismo, deshaciéndose así del radiactivo.

El estroncio y el cesio se acumulan en los huesos y los músculos, provocando alteraciones en su estructura que pueden desencadenar diversos tipos de cáncer óseo y muscular. Por otra parte, las células de organismo que se afectan con más rapidez son las “células madre” que al ser pluripotenciales tienen una actividad constante. En este caso se llegarían a ver afectadas la médula ósea y las células de la sangre, desencadenando linfomas y leucemias fundamentalmente, además de una clara disminución de la capacidad inmunitaria del organismo, lo que desarrollará una cascada importante de infecciones que pueden desencadenar la muerte.

También se puede ver afectada la fertilidad, aunque más en la mujer que en el hombre. En la mujer, los ovarios ya tienen en su seno los óvulos que poco a poco irán madurando con cada ciclo menstrual, por lo que se afectarán en su crecimiento y es posible que un óvulo alterado sea fecundado y pueda desencadenar serias malformaciones congénitas en el feto. Sin embargo, en el hombre los espermatozoides se regeneran cada 90 días, por lo que todos los que hayan sido alterados desaparecen tras este periodo de tiempo, pudiendo asegurar la fecundación con espermatozoides sanos a medio-largo plazo. Por otra parte, si la radiación afecta a una mujer embarazada, puede llegar a provocar un aborto espontáneo en el primer trimestre y alteraciones genéticas importantes que pueden desencadenar diversas malformaciones congénitas.

Pero todas las alteraciones sobre el organismo humano serán siempre dependientes tanto de la dosis de radiactividad recibida como del tiempo de exposición, que es a lo que se acogen todas las autoridades sanitarias y políticas japonesas para asegurar que, al menos de momento, la situación de catástrofe no está siendo peligrosa para la salud de los ciudadanos, toda vez que cuando se ha producido la liberación controlada de material radiactivo a la atmósfera, ya no había personas al haber sido evacuadas a más de 30 kilómetros de distancia. Todos los expertos aseguran que en este momento, la alerta se sitúa ya en el “nivel 6” de la “escala internacional de sucesos nucleares” (INES), que como podemos ver en el gráfico, significa “accidente importante”.

Confiemos en que la situación pueda controlarse y que al menos la salud de los ciudadanos japoneses no se vea alterada por esta terrible catástrofe natural. Japón es un país muy bien preparado para afrontar un terremoto, pero un tsunami de estas características es muy difícil de predecir y mucho más de poder controlar.

Dr. Jesús Sánchez Martos
Catedrático de Educación para la Salud
Universidad Complutense de Madrid

Jesús Sánchez Martos

Catedrático de Educación para la Salud en la Universidad Complutense de Madrid

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