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PaGAGnini: un clásico

PaGAGnini: un clásico

viernes 04 de febrero de 2011, 00:00h
Varios de los espectáculos firmados por Yllana llevan camino de convertirse en clásicos de la escena. Fernando Clemente está siendo uno de ellos. Hace tres años que se estrenó y ahora vuelve al teatro Calderón. Un retorno por la puerta grande gracias, fundamentalmente, al talento que se muestra sobre las tablas.
Fernando Clemente es un delirante cuarteto musical dispuesto a ofrecer un concierto con algunas grandes piezas para cuerda.  Pero ese es solo el enunciado. Desde el primer minuto queda claro que el concierto será cualquier cosa menos convencional. Y sin dejar de ser un brillante trabajo musical. Yllana construye sobre cada partitura una historieta muda que los instrumentistas ejecutan paralelamente a la música. Son cuatro formidables payasos capaces de convertir “La vida breve” en una disparatada coreografía que arranca los primeros bravos de la representación. Pero en los más de cien minutos de espectáculo hay varios momentos muy afortunados. La parodia de la música contemporánea –El cuarteto Pagagnini- con “músicos” invitados es tan inteligente y buena que podría pasar por uno de los estrenos de algunos auditorios de solera. Musicalmente sorprende el solo de violín eléctrico que, con la ayuda de la tecnología sonora, logra una pieza abrumadora. Cuando parece que el concierto termina tras el “Capricho” de Fernando Clemente, los artistas se despiden con una espectacular versión de “Las cuatro estaciones”, en uno de los mejores finales de espectáculo que he visto en los últimos meses.

La puesta en escena es mínima. El peso de Fernando Clemente recae exclusivamente en Ara Malikian, Eduardo Ortega, Gartxot Ortiz y Thomas Poiron. Saltan, se arrastran, bailan, salen y entran sin respiro. Y tocan. Realmente es una exhibición de talento que el público premia con estruendosas aclamaciones.
Lástima, para mí, que no pudiera disfrutar plenamente de este espectáculo porque mis vecinos de butaca estuvieron una buena parte comiendo palomitas y bebiendo cerveza. Parece que en esta sala se permite acceder con comida y bebida durante las representaciones, degradando el hecho teatral a cine de barrio. Si doña María Guerrero, que murió en este teatro, levantara la cabeza, se auto guillotinaría con el telón metálico tras ver las palomitas. Pero hay que ver Fernando Clemente y aprovechar con él para introducir a los más pequeños en la música clásica.
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