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Inmaculada Álvarez, presidenta Aseme

Álvarez: 'La recuperación pasa por un gran pacto en el que la mujer tenga una voz propia'

Álvarez: "La recuperación pasa por un gran pacto en el que la mujer tenga una voz propia"

miércoles 12 de enero de 2011, 00:00h
Tres de cada diez empresarios de la Comunidad de Madrid son mujeres. Una proporción baja pero que supera con creces el exiguo siete por ciento de hace apenas unos años. Su voz, sin embargo, todavía se escucha bajo en los grandes foros empresariales: sólo dos de los asistentes a la reunión de Zapatero con los 40 grandes empresarios de este país eran mujeres. Estas cifras siguen justificando la existencia de una asociación destinada integramente a las mujeres (Aseme). Su presidenta, Inmaculada Álvarez Morillas, ha hablado con Madridiario.
 La crisis, democrática, ha conseguido avanzar en ese sueño de igualdad que se resiste desde hace tiempo: golpea por igual a las empresas gestionadas por hombres o por mujeres. "No tenemos datos -explica Inmaculada-, pero es un goteo constante". El balance, sin embargo, es positivo después de todo. La Asociación de Mujeres Empresarias de Madrid (Aseme) tiene ahora más afiliadas que antes de la crisis. "Muchas mujeres han perdido sus trabajos y han pensado que una forma de afrontar el futuro podía ser montar su propio negocio", explica Inmaculada Álvarez Morillas, quien lleva 20 años al frente de Aseme y más de treinta en un mundo, el de los negocios, tradicionalmente dirigido por hombres. "Hemos pasado por malos momentos, pero nada parecido a los que estamos viviendo y a los que nos quedan por pasar". Y advierte: la salida a la crisis tiene que pasar por un gran pacto social, político y empresarial en el que las mujeres participen con una voz propia.

Para empezar con algunos datos, ¿Sabe cuántas mujeres empresarias hay ahora mismo en la Comunidad de Madrid?
Mil y pico. Aproximadamente, 1080.

¿Son más o menos que hace dos años?
Son muchas más. Se ha ido quedando mucha gente en el camino, pero también hay muchas que ven la última oportunidad. Las han despedido y ven una forma de intentar salir de esta situación montando su propio negocio. Hay muchísima autónoma.

O sea, que en ese escenario que ha planteado la crisis, es más la gente que se lanza a intentar la aventura...
Sí, pero está cerrando mucha empresa y se está dando de alta mucha mujer de forma individual, de forma autónoma. Hemos perdido empresarias y hemos ganado autónomas. Estamos asistiendo al cierre de muchísima tienda, de mucha pequeña industria, de una pequeña empresa que tenía 'x' servicios... Todo eso se ha perdido. Y, sin embargo, ha aumentado el número de mujeres que se ha quedado en el paro y que ha pensado que la única forma de afrontar el futuro era buscarse su propio negocio.

¿Había visto algo parecido a esta crisis?
Nunca. Hemos pasado malos momentos. Yo me acuerdo, por ejemplo, en la época de UCD, cuando Abril Martorell decía que la crisis estaba ahí y, efectivamente, lo estaba. También hemos pasado hace unos años toda la crisis de las '.com' y todo esto, pero nada parecido a lo que se está viviendo ahora mismo. Y lo que nos queda por vivir.

Ha hablado de la dureza de estos momentos para los empresarios, si además de empresario se es mujer, ¿cuesta más?
Yo creo que está afectando de igual manera a unos y a otros. El IVA lo tenemos que pagar igual, el IRPF lo tenemos que pagar igual, no hay contratación, no nos pagan las administraciones públicas... Podemos seguir llorando lo que queramos, pero es igual para chicos que para chicas.

¿Qué percepción hay a día de hoy de la mujer empresaria?
Muy buena. Hay que reconocer que, si hace 15 o 20 años el posicionamiento de la mujer era todo el día tener que demostrar, hoy no se mira en ningún sitio si una oferta está presentada por un hombre o por una mujer. Lo que cuenta es el trabajo bien hecho, y la mujer está desarrollando -sobre todo en tema de servicios centrados en las tecnologías- una labor muy importante, y realmente sí que se la ve con muy buenos ojos.

¿Se puede decir que el mundo de los negocios ya no es un mundo de hombres?
Ya no es tan exclusivo de hombres, aunque seguimos siendo muchas menos porque nos hemos incorporado mucho más tarde. Somos el 33 por ciento, pero hay que pensar que partíamos de una posición muy baja y que en estos últimos años se ha hecho un recorrido importantísimo.

¿33 por ciento? ¿Y cómo ha evolucionado este porcentaje en los últimos años?
Pues de ser un 7, un 8 o un 9 por ciento a llegar a ser el 33. El avance es absolutamente incontestable en ese sentido. Partíamos, es verdad, de una posición bajísima, fundamentalmente dedicadas al comercio y al textil, y hoy realmente se abarcan todos los sectores. Es verdad que la empresa promovida por mujeres todavía es de menor tamaño que la promovida por hombres, pero con muy buenos resultados.

¿Sabe cuántas mujeres hubo en la reunión de Zapatero con los grandes empresarios españoles?
Hubo dos.

Parecen pocas...

Bueno, realmente, estamos casi en la misma proporción. Es verdad que donde más dificultad estamos teniendo es en el acceso a las grandes empresas, en los consejos de administración y en aquellos sitios en los que se está llegando mucho más tarde, luego realmente era el reflejo de lo que hay. Si hemos empezado muy tarde con empresas muy pequeñas, es lógico que ese 33 por ciento esté en escalas mucho mas bajas que en las altas esferas.

Ha hablado de una progresión ascendente en términos cuantitativos y cualitativos, ¿sigue siendo necesaria una asociación exclusiva de mujeres empresarias?
Sigue siendo necesaria. Todavía hay, por ejemplo, todas esas autónomas que ahora quieren montar una pequeña empresa y que necesitan ayuda, y vemos cómo se encuentran más cómodas viniendo a exponer sus problemas a una asociación de mujeres. Luego, además, hay cosas específicas. Las mujeres hemos tenido siempre menos dinero en nuestro bolsillo y hay cosas como los microcréditos que son específicos para mujeres.

¿Cómo afrontan el futuro, la salida de la crisis?
Es cierto que se ha estado viviendo de lo que quedaba, de lo poquito que se tenía. Mucho más no podemos caer, luego yo creo que ya está todo ajustado y, a lo largo de 2011, no sé en qué parte de 2011, se debe de empezar a ver la salida del túnel y ver por dónde se pueden enfocar las cosas. Pero vamos, es un asunto terrible.

¿Estamos en el buen camino con las medidas que se están adoptando?
Yo creo que las medidas son del todo insuficientes. Habría que sentarse de verdad para buscar una solución. Todos -gobierno, oposición, agentes sociales...- deberíamos sentarnos y llegar de verdad a unos grandes pactos como se llegó en esa época en que Abril Martorell decía que la crisis estaba ahí. Hay que llegar a unos grandes pactos, como fueron los pactos de la Moncloa, para sacar este país adelante como podamos. Yo creo que estamos en una época de sangre, sudor y lágrimas de la que todavía mucha gente no se ha enterado, y que nos va a costar salir de ello, pero indiscutiblemente saldremos. Ahora no es momento de quedarse pensando 'qué triste es esto'. Hay que pensar un poco también en el vaso, sino medio lleno, sí con un cuartito, a ver si lo conseguimos rellenar entero. Y eso no se hace más que trabajando.

En esos pactos, en esas mesas de negociación, ¿tiene que haber una voz propia, independiente, de las mujeres empresarias?
Yo creo que sí tiene que haberla. El estilo de dirección de la mujer es diferente al del hombre, y lo que podemos aportar hombres y mujeres al mundo de la empresa, al mundo del trabajo, es complementario, y de ahí se puede sacar mucha riqueza. No es mejor lo que hace un  hombre ni es más bueno lo que hago yo. Simplemente, tenemos formas de hacer complementarias y distintas y yo creo que, efectivamente, deberíamos estar todos representados, pero no por ser hombres o mujeres, sino porque eso enriquece, igual que en la vida familiar enriquece el hombre y enriquece la mujer.

Es decir, ¿entiende que la mujer empresaria tiene una forma de actuar diferente, una visión propia?.
Sí, tenemos una forma de ver las cosas distinta. Quizás porque hemos estado metidas mucho tiempo en el entorno familiar vemos las cosas mucho más en conjunto, distribuimos mejor las tareas, la gerencia la hacemos de una forma completamente diferente... La mujer se está desarrollando muy bien en la dirección de recursos humanos, porque ven más a la persona. Como dirección de personal, ve más los problemas de cada uno, y vamos hacia un mundo en el que yo creo que son muy importantes todos los temas de conciliación, todos los temas por tanto de flexibilidad laboral, para unos y para otros. Conciliar no es una cosa de mujeres, conciliar es cosa de todos. Todos debemos ser partícipes y ahí estamos metidos todos: los gobiernos, las empresas, nuestros trabajadores, y estamos metidos nosotros personalmente. Todos tenemos que aportar para lograr la flexibilidad en la empresa, aportar compromiso por parte de los trabajadores, compromiso por parte de los gobiernos, con leyes, y dándonos las infraestructuras que necesitemos, porque no puedo hablar de conciliación si no tengo guarderías, o centros de ancianos, o centros de dependientes suficientes, o leyes suficientes que me haya puesto la administración. No puedo hablar de conciliación si la empresa no pone unas determinadas medidas de flexibilidad, de forma de hacer dentro de la empresa. No puedo hablar de flexibilidad si los trabajadores tampoco están por la labor. Y tampoco puedo hablar de ella si las personas, cada uno en su propio entorno familiar, no son capaces de saber gerenciar y distribuir tiempos de trabajo. Es un compromiso de todos, y mucho más en los tiempos hacia los que vamos, en los que va a haber poco trabajo y probablemente lo tengamos que repartir de otra manera y tengamos que comprometernos todos a un mejor hacer.

Y en ese compromiso que comentaba, ¿tal vez la mujer está más concienciada que el hombre...?
Sí, porque llevamos mucho tiempo compartiendo una serie de tareas y haciendo de todo, y yo creo que ha llegado el momento de la igualdad, de la diversidad, no digo ya de hombres y mujeres, sino la diversidad de personas de distinto color, de inmigrantes… de saber poner todo eso encima de la mesa. Yo digo muchas veces que es como hacer un puzle, y en ese puzle meterlo todo, y después ver qué es lo que se puede hacer y cómo involucra eso a todas y cada una de las leyes que tenemos establecidas. Claro, puedo sacar una ley fantástica, pero si esa ley luego está colisionando con otras leyes, habrá que ver cómo están el resto de las leyes y luego después establecer que todo encaje en el puzle.

¿Siguen siendo las mujeres las que renuncian a su carrera profesional?
Hasta ahora está siendo así. Para mí, una de las reformas fundamentales sería la reforma de los permisos de paternidad y maternidad. Me da igual que sean 20 semanas que 60 semanas que 60 años, pero creo que la mitad debe ser de la mujer y el otro 50 por ciento debe de ser del hombre. Es la única manera de que, cuando a un empresario o a una empresaria se le presenten un hombre y una mujer con la misma titulación, con los mismos méritos y capacidad, el hombre no tenga ese valor añadido y, sin embargo, sea un demérito para la mujer el tener treinta y tantos años, por ejemplo, y pensar que va a tener un hijo. Está claro que hay que salvaguardar las primeras semanas de maternidad por el hecho de que la mujer se tiene que recuperar, pero pasadas esas semanas, el 50 por ciento debe ser permiso de paternidad y el otro 50 permiso de maternidad. Me da igual cómo se establezca,  pero por ahí empezaríamos a ir hacia una primera igualdad, porque, si no, siempre se está renunciando de una sola parte. Al final es una rémora de contratación.

¿Cuáles son a día de hoy las necesidades de la asociación?
Pues, probablemente, poder llegar a toda aquella mujer empresaria que está en el último pueblo de la Comunidad de Madrid a la que no hemos llegado todavía porque no sabe que existimos y que está necesitando ayuda y que no somos capaces de llegar hasta ella. Y, por lo tanto, a lo mejor está pasando por una serie de dificultades por las que no debería porque podría tenerlas solucionadas sobre la marcha. Yo creo que eso es lo principal. Luego, pues como todo el mundo: dificultad de fondos, dificultades de gestión… las cosas del día a día.

Y ya por último, ¿un deseo para el año que acaba de empezar?

Tranquilidad. A ser posible que sea un año tranquilo, sin más sobresaltos económicos de los estrictamente necesarios. Aquello de paz y amor casi ya lo dejo. Simplemente me gustaría eso: tranquilidad.
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