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Crítica teatral: 'Los Miserables' arrasan la Gran Vía

Crítica teatral: 'Los Miserables' arrasan la Gran Vía

Por Celia G. Naranjo
jueves 30 de diciembre de 2010, 00:00h
Lleno hasta la bandera. Así está estos días el Lope de Vega. Da igual que sea miércoles, que haya que abrirse paso a codazos entre la multitud para llegar al teatro y que los precios no sean precisamente anticrisis. 'Los Miserables' es el musical de estas Navidades, y punto.
Al ver la aglomeración que se forma cada día a la altura del número 57 de la Gran Vía, uno se pregunta si hay algún famoso a la vista o si se está estrenando el espectáculo del año. Sí y no. En 'Los Miserables' hay al menos una celebridad, el eurovisivo Daniel Diges, aunque esta vez interpreta un papel algo más pequeñito que su fama.Y no, no se estrena nada. El musical de estas Navidades, que es el 'inquilino' del inmueble, ha ostentado ese título muchas temporadas más. Pero todavía no hay quien le tosa.

En el Lope de Vega cuentan la historia de una crisis que deja a la de fuera en niveles ridículos, pero contada como si no existieran ni la una, ni la otra. Allí dentro, 'Los Miserables' son ellos, no el público. Y los productores no han reparado en gastos para demostrarlo.

El despliegue de medios es abrumador. No hay otra palabra para describirlo. Muchos actores, muchas voces, mucho colorido y mucho de todo. Lo consabido de la historia y de la música -algunos incondicionales tarareaban fragmentos de canciones- no resta un ápice de emoción a la representación. Algunos de los actores (Ignasi Vidal, como Javert; Lydia Fairen, como Éponine; y Diges, como Enjolras) llegan a hacer maravillas con su voz. Y el protagonista, Gerónimo Rauch, encarna a un Jean Valjean inolvidable y potentísimo.

El talento de sus compañeros y el de la orquesta, que aguanta bien el segundo plano al que la relega el empuje de los cantantes, hacen el resto. El vestuario, la iluminación y el despliegue tramoyista tampoco desmerecen el conjunto. El resultado son tres horas vibrantes que no dan un respiro al espectador. Cuando termina el espectáculo, el infierno navideño de la Gran Vía, la crisis y la reforma laboral parecen una broma comparados con la Francia posrrevolucionaria de Víctor Hugo. De eso se trata. ¿O no?
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