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El cuarto mundo avanza en Madrid

El cuarto mundo avanza en Madrid

lunes 10 de enero de 2011, 00:00h
Sueldos de menos de 500 euros. Trabajadores marginados por el  mercado laboral. Familias que sobreviven con poco más de 1.000 euros al mes. Jóvenes formados, licenciados y titulados que sueñan con ser mileuristas... Es el paisaje que deja la crisis después de dos años. Pero no es la única realidad que se vive en Madrid. La capital de España, con su milla de oro, alimenta 3.357 fortunas de más de 600.000 euros. Son las dos caras de la crisis. El cuarto mundo irrumpe con fuerza en nuestra sociedad.
A José Luis, la evolución del mercado le trae sin cuidado. No entiende de ingeniería financiera ni sabe qué criterios usan las agencias de calificación de riesgo para evaluar la deuda de un país. De hecho, hay conceptos que no había oído hasta hace dos años. Pero hay una cosa que sí sabe. Ha pasado casi 50 años de los 68 que tiene trabajando. Día y noche. Sano o enfermo. Robando tiempo al tiempo para sacar adelante a su familia. Ahora, toda su vida vale poco más de 1.000 euros al mes.

La situación de Sixto no es mucho mejor. Acaba de pasar la barrera de los 60 años y está en paro desde agosto de 2008. Es la primera vez desde 1973 que pasa más de un mes seguido sin trabajar, pero ya no hay sitio para él. "A mi edad, las empresas ya no me quieren", lamenta. "Yo estoy en condiciones de trabajar igual que hace 15 o 20 años, pero...".

Uno de los rechazos más dolorosos se produjo hace unos meses. Había llegado a un acuerdo con una empresa de construcción que trabaja en el Cerro de los Ángeles, pero todo se vino abajo cuando vieron su edad. "Me dijeron que empezaba a trabajar un lunes, así que me pidieron la documentación para hacerme el contrato". Eso fue el jueves anterior. Tras enviar los papeles, Sixto recibió una llamada de la empresa en la que le preguntaban si la edad que figuraba en su DNI era su edad real. "Después de eso, ya no me volvieron a llamar", lamenta.

Ahora, agotado el subsidio del paro, vive con los 427 euros de la Renta Mínima de Inserción mientras mantiene la esperanza de encontrar un trabajo. Después de dos años buscando, Sixto ha asumido que sus 32 años de experiencia como oficial de 1ª ferrallista no le van a servir para nada. "Pero resulta que las empresas tampoco quieren a los jóvenes sin experiencia", denuncia, indignado. "Lo que las empresas quieren son inmigrantes a los que puedan tener trabajando de ocho de la mañana a ocho de la tarde por cuatro euros. Se están aprovechando de la crisis para explotar a la gente".

Ellos dos forman parte de la nueva realidad social dibujada por la crisis y que ha hundido a cerca de un millón de madrileños por debajo del umbral de la pobreza. En concreto, según un informe elaborado por UGT con datos de la UE, son 983.000 los madrileños que malviven con menos de 7.070 euros al año. "Estamos hablando de gente que no llega al nivel de renta mínima para llevar una vida digna", explica la secretaria de Políticas Sociales de UGT, Ana Sánchez de la Coba.

Y los datos de la Agencia Tributaria no son más optimistas. Según Hacienda, seis de cada diez madrileños declararon ingresos por debajo de 6.000 euros durante el ejercicio 2008. Pero este avance de la pobreza no es el único efecto de la crisis. Como contraste, Madrid concentra a la mayoría de los ricos que integran la minoría de la realidad económica española. En concreto, según los datos de Hacienda, hasta 3.357 personas declararon haber ingresado más de 600.000 euros durante el año 2008. "La mayoría son altos ejecutivos y miembros de consejos de administración de grandes empresas", subrayan desde el sindicato UGT.

La primera víctima de estos demoledores contrastes es la clase media. El cuarto mundo está irrumpiendo con fuerza en nuestras sociedades y multiplicando las diferencias entre una minoría desahogada y una gran mayoría que cada vez mira al futuro con  mayor temor. "Cada vez nos parecemos más a la sociedad de Estados Unidos que a una sociedad del bienestar", denuncian desde UGT.

La fuerza destructora de esta nueva crisis es tal que ha borrado de un  plumazo los sueños de toda una generación. Incluso los sueños más sencillos. Es el caso de Gimena, que a sus 35 años tiene que hacer un ejercicio de equilibrismo cada mes para sacar adelante a sus tres hijos con un sueldo que apenas supera los 1.000 euros. "Yo pensaba que tenía derecho a tener hijos, pero me he dado cuenta de que no, de que es un privilegio".

Su indignación aumenta cuando empieza a hacer cuentas. "El alquiler, las tarjetas de crédito, el teléfono, el comedor de los niños... La cuenta se me queda vacía el mismo día que cobro. Yo pensaba que en este país, si trabajabas duro, podías sacar a tu familia adelante", comenta con rabia. "Pero ahora veo que he sido demasiado idealista".

Su caso, de hecho, es una rara excepción entre la gente de su generación. "La mayoría de la gente de mi edad no tiene hijos", señala. Ella, sin embargo, tenía claro que quería ser madre. "¿Es que tenemos que renunciar a nuestra maternidad? ¿O tengo que renunciar a darle un hermano a mi hijo?". Gimena conoce muy bien la respuesta a esa pregunta, aunque a veces, cuando tiene que pedir dinero a la familia o a los amigos para llegar a fin de mes, cae en la tentación de arrepentirse. "No sé si tenía que habermelo pensado. No por mí, sino por ellos. Me gustaría poder darles muchas más cosas", lamenta.

Y eso que, en cuestión de sueldo, casi puede considerarse una privilegiada. Juan trabaja desde los 18 años, pero nunca ha llegado a cobrar más de 500 euros al mes. Ahora tiene 24 y acaba de terminar Ingeniería Técnica de Obras Públicas, pero la falta de oportunidades le ha devuelto a las aulas. "Acabé la carrera el año pasado, pero no encontraba nada, así que este año decidí matricularme en Ingeniería de Caminos".

Ese mismo desierto laboral le mantiene, muy a su pesar, en casa de sus padres. "Es un poco triste, la verdad. Siempre he sido muy independiente y me lo he pagado todo desde los 18 años, pero ahora no puedo. De aquí a los 29 voy a tener que estar como un  niño pequeño", lamenta.

Su último empleo fue una beca en una empresa en la que apenas le pagaban 500 euros. "Decían que era una beca, pero ni te enseñan ni aprendes nada. Yo allí trabajaba como uno más", denuncia. Ahora vive de hacer sustituciones como conserje y de dar clases particulares. "No tengo un sueldo fijo porque depende de las clases, pero casi nunca paso de los 350 euros al mes", lamenta. "Hacer una vida no está ahora mismo entre mis planes".

Esos planes, si nada lo remedia, pasan por salir de España a medio plazo. "A día de hoy, tengo claro que mi futuro no está en España. En otros países europeos, como Alemania, hay una gran demanda de ingenieros y los sueldos alcanzan los 4.000 euros. ¿Me voy a quedar aquí cobrando 600 euros por el mismo trabajo?" Una pregunta a la que él mismo responde, cargado de incredulidad, cuando piensa en los años que lleva estudiando. "El Estado está invirtiendo en mí para formarme y después me empujan a marcharme porque aquí tienes que ser becario hasta los 40 años. No lo entiendo".

"A Madrid le pasa lo que les pasa a las grandes ciudades", denuncian desde UGT. "Aquí se concentran las grandes fortunas y  las rentas más bajas que apenas superan el umbral de pobreza. Además, esta es una comunidad particularmente cara". A las cerca de 3.400 fortunas de más de 600.000 euros les siguen, muy de cerca, las 29.373 personas que, en 2008, declararon ingresos entre los 150.000 y los 600.000 euros.

Y mientras, ese ente abstracto que son los mercados siguen presionando para que se amplíe la edad de jubilación, se reduzcan los permisos de maternidad o se privaticen organismos públicos. Una de sus víctimas más recientes ha sido la ayuda de 460 euros para los parados de larga duración. "En definitiva, recortes al estado de bienestar que pasan la factura de la crisis a los que menos responsabilidad han tenido en su origen", denuncian desde UGT.

Esas presiones han hecho caer ya a Grecia y a Irlanda y amenazan a Portugal. En esa lista, España es el siguiente objetivo. "Eso que llaman los mercados tiene rostro", denuncia Juan, airado. "Son señores que tienen nombre y apellido y que se enriquecen cada vez más con cada rumor especulativo". Pero esa especulación tiene otro reflejo. Un reflejo en un espejo cóncavo que ha atrapado a miles de madrileños, escupiéndoles una imagen grotesca y deformada de sus sueños e ilusiones.
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