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Calumniado Madrid

Calumniado Madrid

Por Álvaro Ballarín
viernes 17 de diciembre de 2010, 00:00h
En su felicitación navideña, Gallardón ha tomado esta vez prestadas palabras de Pío Baroja para desagraviar a nuestro “calumniado Madrid”. Aunque haya pasado ya un mes de la negativa del Gobierno a la refinanciación de la deuda, o precisamente por eso, ahora desde la distancia, conviene aclarar algunos principios.

Como regla general, las administraciones diligentes son aquellas que gastan lo mismo que ingresan. Este principio no se desvirtúa porque se recurra al endeudamiento. Al contrario, para las grandes obras que transforman las ciudades o territorios, no solo se puede, sino que se debe recurrir a la deuda. La amortización financiera de los bienes de inversión debe ir pareja a su amortización física o, lo que es lo mismo, a su vida útil. Esperar a ahorrar el dinero que cuesta sufragarlas llevaría muchos años y nunca se alcanzaría la cifra necesaria, porque siempre habría “urgencias” políticas. Además, sería económicamente ineficiente, ya que retrasaría la prosperidad de las sociedades y se haría beneficiarias de las obras a generaciones distintas a las que hacen el esfuerzo y a estas se les privaría de su disfrute.

Precisamente para cubrir este intervalo de tiempo están las instituciones financieras: el papel fundamental que desde su origen y a día de hoy tienen los bancos es financiar las inversiones inmuebles y el fondo de maniobra de las empresas.

La deuda de Madrid tiene su causa en el soterramiento de la M-30, una inversión que no sólo cicatriza una herida urbana sino que, sobre todo, acaba con la fractura social que condenaba al extrarradio a ciudadanos que vivían a apenas 600 metros del Km. “0”; además reduce millones de horas de trabajo, la contaminación y las muertes por accidentes. La inversión en la M-30 se amortizará financieramente en 30 años, aunque su vida útil será de cientos de años. Según esta periodificación, si después de incluir la amortización financiera anual del préstamo (pues esta es la parte que “se consume” en el ejercicio) entre los gastos corrientes del Ayuntamiento de Madrid la cifra total de estos no supera a los ingresos, no se desvirtúa el principio general de que los ingresos sean iguales a los gastos.

Pues bien, este principio se cumplía en los Presupuestos en vigor del Ayuntamiento de Madrid para 2010, ya que con los ingresos de este año se podía hacer frente a los gastos y dar incluso superávit, hasta que en mayo, como consecuencia de la crisis de confianza en la deuda pública de España que motivó las llamadas de Obama y otros líderes europeos exigiendo disciplina a España, el Gobierno cambió las reglas del juego a mitad del ejercicio y prohibió refinanciarse a los ayuntamientos, cuando estos solo representan el 6% del total de la deuda pública de España; sin embargo, no ha se aplicado esa limitación a sí mismo –ni a las comunidades autónomas-, que suman el 94% restante (desde esa fecha el Gobierno de España ha refinanciado 140.000 millones de euros).

Con su negativa a permitir la refinanciación de la deuda –en unas circunstancias tan excepcionales como las actuales, con la merma de ingresos que tienen los ayuntamientos-, el Gobierno ha convertido una deuda financiera en una deuda con proveedores. Ha hecho recaer la financiación del fondo de maniobra, que en una sociedad avanzada corresponde a las entidades financieras, sobre los hombros de los proveedores y con ello ha puesto en riesgo su viabilidad y el empleo de sus trabajadores.

Con esta concepción de las entidades financieras, no es de extrañar que el Gobierno considere que la función de estas no es otra que la de financiar sus continuos déficits, que no tienen su origen en una inversión productiva –a diferencia de la deuda del Ayuntamiento de Madrid- sino en gasto corriente, en gasto consuntivo, o sea, en nada que quede para el futuro... una nada que tendrán que pagar las generaciones venideras.

No es justo, por tanto, el trato que se le está dando a Madrid, que ha optado por la decisión óptima a la hora de elegir las inversiones y que ha procedido de forma técnicamente impecable a la hora de financiarlas. Ya en tiempos de Baroja Madrid era calumniada; por lo que se ve, hay cosas que no cambian.
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