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Joaquín de Luz: 'El músculo más importante del bailarín es la mente'

Joaquín de Luz: "El músculo más importante del bailarín es la mente"

jueves 04 de noviembre de 2010, 00:00h
Nunca se imaginó que terminaría cumpliendo su sueño de bailar en las más prestigiosas compañías de danza fuera de nuestras fronteras. San Fernando de Henares le vio crecer y despegar. Ahora Joaquín de Luz triunfa en Nueva York; pero Madrid no olvida que, aunque esté lejos, por sus venas corre sangre madrileña. Por ese motivo, la Comunidad de Madrid ha galardonado al bailarín con el Premio de Cultura en el apartado de danza.
Quedamos con Joaquín en el madrileño barrio de El Retiro. Cuando estábamos a punto de llegar al lugar en el que nos habíamos citado, divisamos una figura a lo lejos ¿será él? -nos preguntamos- pero no había duda. Simplemente su postura corporal, erguido y firme, con los pies colocados como si fuese a comenzar a danzar con elegancia, le delataban. Era él, el bailarín que comenzó su sueño hace ya 34 años gracias a su madre, que practicaba ballet por afición, y que terminó convirtiendo a su hijo en una figura de reconocido prestigio en el mundo de la danza. Aunque como cuenta el bailarín, tuvo que enfrentarse a las mofas infantiles de algunos amigos que no entendían su pasión por la danza y, como él les decía -recuerda entre risas- "soy el único chico en clase y con 50 chicas en majot, a ver quién es el idiota aquí."

Joaquín ha vivido practicamente toda su vida en San Fernando de Henares, municipio que ha sido testigo de su evolución profesional. Con tan sólo 9 años ingresó en la Escuela de Danza de Víctor Ullate y desde entonces "no he parado de hacer cosas", asegura el bailarín. Una época que recuerda con especial nostalgia cuando habla del gran maestro. "Víctor Ullate es único. Nos enseñaba las sensaciones de la danza, de saltar, girar y nos ponía ejemplos de la vida diaria". Una escuela y una generación privilegiada de la que salieron otros artistas como Tamara Rojo e Igor Yebra.

Tras ganar la Medalla de Oro en el concurso internacional de ballet 'Nureyev' de Budapest, Joaquín de Luz dio el salto internacional para cumplir su sueño americano. Con 20 años se embarcó hacia Estados Unidos, donde el ballet de Pensylvania se convirtió en su primera parada -siempre con un sueño- conocer a Baryshnikov. "Era mi ídolo y tenía que conocerle como fuera, así que me fuí a Nueva York". Y así fue, en 1997 entró a formar parte del American Ballet Theater, donde un año después ya era bailarín solista. El New York City Ballet es la compañía clave en la trayectoria del bailarín, en la que actualmente destaca como bailarín principal. Reconoce Joaquín que "es un sueño hecho realidad, quien me iba a decir que iba a terminar allí".

Una entrega profesional con "pocas vacaciones y descansos", pero con "muchas satisfacciones personales". En 2009 fue premiado con el galardón Benois de la Dance, el premio más importante de la danza a nivel mundial, considerado como el 'Óscar de la Danza'. Y ahora, la Comunidad de Madrid premia su trayectoria y méritos con los Premios de Cultura. Algo que enorgullece al artista: "Que te reconozcan en tu país no en nada fácil, nadie es profeta en su tierra y es increíble".

Y con muchos retos de futuro, entre ellos, el más inmediato es bailar en el Festival de la Habana, en Cuba. A largo plazo, es posible que se dedique a la coreografía, aunque eso será cuando sus piernas no le permitan danzar y saltar con la misma elegancia y entusiasmo. Como él dice, "hasta que el cuerpo aguante". Y es que la vida media profesional de un bailarín ronda los 40 años. "Tenemos mucho desgaste físico, es como ocurre con los futbolistas".

Una vida de esfuerzo y dedicación que no queda exenta de las lesiones. "Para los chicos los puntos débiles siempre son las rodillas y la espalda; las chicas es más frecuente que sufran con las caderas y los tobillos, por las puntas". En el caso de Joaquín, el joven tuvo que hacer frente a una fuerte lesión en la espalda y escuchar que no volvería a bailar nunca más. Pero su perseverancia y ejercitar "el músculo más importante de un bailarín, como es la mente", explica Joaquín, le salvaron de un cruel destino. Una cualidad más importante que "la flexibilidad o las largas piernas", que mencionan algunos y que "en el fondo no son más que estereotipos".

A los pocos días de concedernos esta entrevista, Joaquín partió de nuevo rumbo a su hogar en Nueva York para volver a la rutina diaria. "Me levanto y veo los informativos españoles mientrás desayuno. Después voy a la clase diaria, que es sagrada, y luego ensayo de tres a cuatro horas como media, para estar preparado para la función, porque suelo tener unas cuatro a la semana". Una rutina que, si todo va bien, le permitirá viajar a Madrid para recoger el galardón de la Comunidad de Madrid. Un reconocimiento que pone de relieve que la danza, aunque en España "no exista mucha cultura ni tradición de ballet", tiene grandes representantes y embajadores que poco a poco "irán educando al público hasta crear un Rollat Ballet o un New City Ballet".

De momento, Joaquín de Luz ha aportado su granito de arena triunfando y arrancando los aplausos del público en la capital del mundo, al otro lado del charco.
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