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Un jardín de laboratorio

Un jardín de laboratorio

viernes 04 de mayo de 2007, 00:00h
El Canal de Isabel II ha puesto en marcha un jardín donde investiga fórmulas para hacer más eficiente el uso del agua. Son 60 pequeñas parcelas con diferentes cultivos y sistemas de riego, y en cada una de las cuales se registra la influencia de variables como la humedad del aire y del terreno, las precipitaciones y el viento o las técnicas que se aplican en su cuidado. Es el primer experimento científico de estas características que se conoce y sus conclusiones, a partir del verano, podrían revolucionar los conocimientos sobre el uso del agua en jardinería.
Es el jardín más mimado del Canal de Isabel II, el único de la empresa pública que cada día, desde hace un año, es objeto de seguimiento contínuo, observación y toma de datos. En realidad no es un jardín al uso sino más bien de laboratorio, donde científicos y técnicos del Canal tratan de averiguar la influencia de variables meteorológicas, de técnicas de jardinería y de especies botánicas en el consumo del agua. Es, según dice el subdirector de I+D+i, un experimento "único" que podría revolucionar los conocimientos sobre el riego.

En Madrid el 25 por ciento del uso del agua urbana se emplea en jardinería, un porcentaje que podría reducirse si la investigación del jardín de ensayo llega a buen puerto. A éste respecto los americanos y australianos han sido los únicos que han publicado estudios con estimaciones de cómo pueden influir ciertas variables en el consumo pero "ni en los análisis más avanzados -explica Francisco Cubillo- se tienen datos rigurosos y científicos de cúanto se puede ahorrar".

Ahora, el Canal de Isabel II tiene la oportunidad de demostrar con datos científicamente corroborados si se puede ahorrar agua y en qué porcentaje, en función de las especies que se empleen, los terrenos donde crezca el jardín y el tipo de cuidados, podas y siegas que se apliquen.

El jardín de ensayo ocupa 3.500 metros cuadrados en la Estación Potabilizadora de Colmenar Viejo donde 60 parcelas exhiben 13 plantaciones diferentes con especies de alto y bajo consumo: césped, plantas de flor, arbustos, tapizantes y setos, además de una parcela de plátanos. Son "pequeños jardines en los que jugamos con el tipo de planta, de riego y de jardinería". Para ver cúanto se podría reducir el consumo manteniendo vigorosa la planta cada parcela dispone de dispositivos que permiten medir la humedad y temperatura del terreno, la humedad ambiente o el viento.

Los contadores de humedad están enterrados a 10, 20 y hasta 40 centímetros bajo tierra "para ver si perdemos o derrochamos mucha agua en las filtraciones". Según Rafael, uno de los técnicos del Canal, "controlamos el agua que aporta el riego o la lluvia, y el que se queda en la planta y, sobre todo, lo que más nos preocupa es la humedad que se retiene según el tipo de planta, de suelo y de riego. Éste también es muy distinto: goteo, aspersión, difusión, borboteo y cinta exhudante.

Por el momento los científicos no han pasado de la mera toma de datos, infinita información que en algunos casos incluye la influencia de la longitud de siega en las necesidades de agua de la planta. "Sabemos que si cortas muy bajo el césped, la planta necesita más agua porque tiene que crecer más, pero hay que ir más allá y tener datos en la mano con tipos de hierba de alto y bajo consumo y según la humedad o el clima al que se sometan".

Aún les queda un camino largo por recorrer hasta que tengan los primeros resultados, el próximo verano, y después el experimento seguirá adelante. "Seguro que a las primeras conclusiones provisionales -reconoce Francisco Cubillo- no son definitivas, pero las necesitamos para avanzar y redefinirlas con el paso del tiempo".
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