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MUSEOS DE MADRID/4

La historia, viento en popa

La historia, viento en popa

El Museo Naval de Madrid, en el Paseo del Prado número 5, muestra a sus visitantes el desarrollo de la Armada Española desde tiempos de los Reyes Católicos hasta la actualidad.

martes 24 de abril de 2007, 00:00h
El mar se extiende hasta Madrid y se adentra en el Paseo del Prado. Allí, a la altura del número 5, barcos de todos los tiempos echan el amarre. “A mucha gente le choca un poco que haya un museo tan completo en Madrid, donde no hay mar”, afirma Rosa Abella, responsable del gabinete de comunicación del Museo Naval. Pero Madrid tiene tradición marina.

En pleno centro de la capital  el visitante puede encontrar un amplio homenaje al mar y a todos aquellos que, a lo largo de los siglos, han tratado de gobernarlo. A través de los dos patios y 18 salas del Museo Naval de Madrid, el curioso recorre la historia de la Armada Española desde tiempos de los Reyes Católicos hasta la actualidad y reviviendo grandes hechos como las batallas de Trafalgar, Lepanto o las más cercanas de la Guerra Civil.

 La idea de crear este museo surgió en 1790, pero no fue hasta el 19 de octubre de 1843 cuando abrió sus puertas en el Palacio de los Consejos -en la calle Mayor esquina a Bailén, hoy sede de la Región Militar Centro- Capitanía General  para ubicarse después en la Casa del Platero, situada frente a la catedral de la Almudena. En 1850 el contenido fue trasladado de nuevo, esta vez al Palacio de los Ministerios, en el palacio Godoy situado junto al Senado, donde, en 1853, tuvo lugar una segunda inauguración en presencia de la reina Isabel II. Finalmente, en 1930, el Museo se instaló en la sede que sigue ocupando hoy día, en la primera planta del Cuartel General de la Armada, donde en 1932 fue de nuevo inaugurado.

“Es un museo que se ha movido mucho. Además, podríamos decir que es un gran museo con salas en varias ciudades. Aquí, en Madrid, tratamos de dar una visión general, mientras que museos como el de Canarias o Cartagena se han especializado en temas más concretos”, afirma Carmen Zamarrón, Jefa de Conservación del Museo. “Estas ‘salas periféricas’ también nos sirven para exponer piezas que aquí no tienen cabida. Además, la falta de espacio resulta un grave problema a la hora crear  zonas didácticas como talleres, salas de proyección audiovisual y demás”.

Esta carencia de espacio impide al Museo volcarse aún más en la función educativa que sus responsables se esfuerzan por desarrollar. “Los museos históricos tiene que incluir una parte didáctica, y este museo en concreto lo pide a gritos ya que la historia de la Armada ha jugado un papel fundamental en la sociedad como puente de unión entre culturas. No todo son combates”, asegura Zamarrón rodeada de cuadros de batallas navales. 

Dentro de esta faceta didáctica, el Museo Naval colabora en numerosos proyectos culturales. Cuentacuentos, ‘Madrid por la ciencia’, visitas guiadas para colegios o concursos de dibujo infantil, son algunas de las iniciativas desarrolladas.  Además, dentro de poco, el Museo Naval firmará un acuerdo de colaboración con la Universidad Complutense para trabajar conjuntamente en un master sobre museos.

Otra iniciativa cultural permite que el Museo disponga de voluntarios que, de forma gratuita, enseñan a los grupos de visitantes toda clase de historias y curiosidades. Terribles sables filipinos adornados con el pelo de sus víctimas, un modelo de la fragata Numancia –la primera blindada que dio la vuelta al mundo- timones y bitácoras o la famosa carta universal de Juan de la Cosa elaborada en el año 1500 - el primer mapa europeo que representa las tierras descubiertas en el nuevo continente-, son algunas de las piezas que los guías explican a sus atentos oyentes.

Después de haber observado antiguos instrumentos navales, haber comprendido cómo han evolucionado los sistemas de construcción y los modelos de navíos desde el siglo XV hasta la actualidad y haber aprendido más sobre la vida a bordo de un barco o curiosidades como que el famoso capitán Nelson perdió el brazo luchando frente a las costas de Tenerife, la visita al museo termina. Y allí, en la última de sus salas, rodeados de sextantes, brújulas, cuadros de batallas navales y reproducciones de los camarotes de popa de enormes fragatas el visitante siente que Madrid tuvo mucha más relación con el mar que aquellos combates navales que se celebraban en el estanque del Retiro en tiempos de Felipe IV.

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