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Sexo débil

Sexo débil

martes 24 de abril de 2007, 00:00h

Al verdadero, se le producen los cambios pasados los 40 años, no son solo físicos, sino que su sintomatología es mucho más amplia y sutil, gusta de cocinar los fines de semana (algún plato que califica de su especialidad), se interesa por la cultura del vino, se coloca delante de la T.V., para “practicar deporte con una cervecita”...

La naturaleza es femenina. Sentirse, pensar y comportarse como hombre o como mujer no es un hecho innato, sino una construcción cognitiva referente a la idea propia o ajena de ser varón o hembra. Y desde tiempos inmemoriables los hombres han oído que se caracterizan por no llorar, que los hombres de verdad no tienen miedo. Viendo a los varones de Occidente, que no se tocan más allá del apretón de manos cabe preguntarse, hombre y afecto ¿son incompatibles? Fíjense, que hay pocos papás que den caricias.

Querer, no es igual que saber querer, nos encontramos analfabetos sentimentales que no interpretan ni comprenden correctamente sus propios sentimientos, ni los de los demás. El hombre se pregunta ¿qué me exige mi pareja como compañero?, pues el cambio cultural y los avances del feminismo han erosionado en parte las estructuras psicológicas que otorgaban a los hombres su estabilidad emocional.
 El problemas se amplia, pues el varón no está acostumbrado a escuchar, sólo oye las ideas que él mismo rumia, es mas cree saber lo que ella piensa y va a decir, (cree conocerla, no es así, entre otras cosas porque la imagen que de ella tiene es fruto de su propia invención). El hombre delira. Y queda perplejo.

La mujer con una sonrisa similar a la que Leonardo da Vinci pintó a la Mona Lisa asiste con sabiduría resignada a la desaparición de lo tradicionalmente viril. No es que estemos ante un mundo sin hombres, pero sí es verdad que lo masculino y lo femenino se mezclan, pierden sus características diferenciadas de antes. La actual feminización del mundo, le permite al varón reclamar el derecho de la sensibilidad.

El universo empieza a tener características femeninas, pues la agresividad física tan necesaria en otros tiempos para la supervivencia ya no es tan necesaria. Quizás el sexo fuerte reflota en momentos como un naufragio, al grito de “¡Las mujeres y los niños primero!”. Se ha de valorar esa caballerosidad y altruismo de los varones.

Cuestionémosnos, ¿vamos hacia un modelo hermafrodita que aglutine los mejores valores del hombre y la mujer? Creo que no exactamente. Seguimos siendo distintos, también por la educación recibida y transmitida, esa es la razón de que el hombre se sienta más angustiado ante el riesgo de ser invadido y la mujer de ser abandonada.

El hombre, ya sea en el espacio público o privado se está permanentemente autocuestionando sobres sus valores masculinos. Por el contrario, el ochenta por ciento de las mujeres del primer mundo está, o ha estado alguna vez, a dieta (los trastornos de alimentación son mucho más frecuentes entre las mujeres). Nos inquieta que se pueda condicionar desde la cuna el crecimiento de eunucos. Como no deja de trastornar el saber que un hombre adulto, se ha convertido en mujer (o viceversa). Sexo débil, los hombres no podemos parir, estamos discriminados.

El hombre es más analítico, la mujer entiende las situaciones de una manera más intuitiva. La mujer tiene más capacidad para combinar, tiene más registros. El hombre piensa que la mujer es imprevisible y que tiene una gran capacidad para culpabilizarle. Además el varón siente que ha quedado para ser interpretado por la mujer, sin que su opinión le importe a ella.

La posmodernidad y desde una mujer más capaz y menos dogmática que el hombre va disolviendo de manera progresiva la diferencia entre los géneros. ¿Podríamos hoy sostener que la agresividad, competitividad y ambición son privativas de los hombres?

Los varones nos encontramos exactamente en la escena de lo que hemos construido (todo alrededor del poder). Hemos de ser más adaptables, más flexibles a la hora de relacionarnos, menos cobardes con nosotros mismos (o lo que es igual más realistas), erradicando temores en el desempeño sexual, ser mucho menos violentos y cercenar cualquier viso de sentimiento de propiedad.

Lucha de Poder
El falo es el cetro del rey, el obelisco que apunta al cielo. En todas las guerras, los vencedores han plantado símbolos fálicos. Sin embargo, estamos ante la declinación de lo viril. Por medio de la inseminación asistida las mujeres pueden tener un hijo de un hombre muerto. ¿Quiere la mujer ostentar el poder? Desde luego en Occidente ha roto con el yugo histórico que la mantenía protegida y sometida por el hombre, primero el padre y después el marido.

En la década de los sesenta el feminismo produce un gran cambio, es una verdadera revolución social de la modernidad. En los años 80, el acceso al mundo de la educación propició a la mujer su reconocimiento, rompiendo con su condición de subordinación al hombre.  Más tarde se proclama propietaria de su cuerpo. Decide con quien, cuando y cómo tener relaciones sexuales. Se puede divorciar sin tener que esgrimir argumentos morales que enjuicien su actuación.

La mujer vive ahora su libertad, sin la protección de padres, hermanos y maridos. Busca su identidad, sin necesidad de copiar a los varones. Evitando al mismo tiempo el matriarcado machista. Quizás la relación entre los sexos sea una relación de poder. En la pareja ha de ser de decisión personal porque se quiere, no porque se necesita.

La mujer siempre ha tenido poder, pero ha sido el del afecto en el espacio privado, un poder socialmente poco valorado. Este poder en el ámbito de la familia no se somete ¿o sí incipientemente? A discusión. Las mujeres aspiran a la igualdad en lo público, pero detentando una gran influencia en quienes la rodean, en la forma en que todo el núcleo se incardine en el mundo. Y si bien en la función pública, la mujer tiene ya mucho peso (sobre todo cuando han de superarse oposiciones), hay ámbitos como el del dinero o el de la diplomacia (ni un 2% de mujeres embajadores), donde sigue mandando el hombre.

El poder no tiene sexo, como puede comprobarse en los casos en que el hombre está en desventaja económica con su pareja, quedando expuesto a una condición subordinada. Las cosas han cambiado. La mujer propietaria, ejecutiva, decidida, pone en huída al varón mucho más rápido que lo hacía aquella mujerona armada de un rodillo de amasar.

Por contra hay aspectos que no han variado, cuando los niños varones son gamberros hay padres (madres incluídas) que dicen: “Todos los chicos son así”. ¿Biología, Genética, Educación o sumativa de Todo? ¿Cuál es la razón que diferencia a un niño y una niña muy pequeña, al punto de que en una plaza llena de palomas ambos corran torpemente hacia ellas, la niña para darles pan, el niño para darles con el palo?

Sépase todavía hay violencia sexual que se produce en grupo “para demostrar que se es muy hombre”. Preguntémonos si el aumento de la violencia femenina puede ser el resultado de la equiparación de sexos.


Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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