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El ipod de Gutenberg

El ipod de Gutenberg

miércoles 23 de junio de 2010, 00:00h
Como muchos otros ciudadanos, no puedo evitar sentir una cierta estupefacción ante la enorme trascendencia que se otorga a ciertas cuestiones y la casi nula que se aplica a otras, en mi opinión muchísimo más importantes.

Por ejemplo, ¿habéis visto o escuchado alguna vez un anuncio que condene de forma contundente el robo de motos? ¿Y la caza furtiva? ¿y los tirones de bolsos?. Seguro que no. Sin embargo no hay vez que uno entre en un cine, ponga un DVD o escuche alguna emisora de radio, en que el Gobierno de España nos deje de recordar que “la piratería es un delito”.

Es notable este hecho, dado que con absoluta seguridad si formulásemos una encuesta a mil ciudadanos españoles, novecientos noventa y nueve estarían de acuerdo en repudiar los tres primeros delitos y dudo que más de uno sintiera una profunda desazón por el cometimiento del último.

Mueve a la reflexión este hecho: a pesar de los millones de euros en publicidad sobre este tema, no se consigue concienciar a un solo “pirata” de que lo que hace está muy, pero que muy feo.

Ya se que generalizar puede resultar injusto y que los arquetipos a veces devienen en caricaturas, pero seguro que se me entiende cuando digo que es muy difícil hacer sentir a alguien como un “pirata”, cuando quien se lo dice sí que suele viajar en barco, aunque en este caso en cruceros de placer.

Lo simplifico más; si el vendedor de “chuches” de la esquina nos dice que si le robamos las gominolas le quitamos el pan a su familia, con toda seguridad nos conmoveremos. Si nos lo dice desde su avión privado el presidente de la Warner, Madonna desde su mansión en Malibú o Sabina y Miguel Bosé (por citar ejemplos patrios) que cobran entre ochenta y cien mil eurillos por actuación, lo más probable es que les hagamos una pedorreta.

El argumento más comúnmente empleado en este asunto, suele ser que la piratería destruye la “creación”, así de grandilocuente, nada menos que la creación. No hace falta recordar que alguno de los más grandes creadores de la literatura, de la pintura o de la música universal murieron en la miseria más absoluta, lo que anula el argumento; en cualquier caso no se trata de que los nuevos artistas tengan que mendigar para crear, mi argumentación va por otro lado.

A mediados del siglo XV Gutenberg inventó el iPod de su tiempo, es decir un aparato –la imprenta como ya habrán adivinado- que permitía reproducir en un infinito menor tiempo y a un también infinito menor coste, los libros que hasta entonces se copiaban en la inmensa mayoría de los casos a mano.

Ya imagino a la SGAE medieval poniendo el grito en el cielo ante un invento del demonio, que posibilitaba la copia de la "creación" a gran escala, sin control y abaratando el precio del artículo (algo así debió pasar, porque Gutenberg, sorprendentemente, murió en la miseria). En cualquier caso la imprenta, finalmente, triunfó y los libros dejaron de pagarse a precio de incunable.

Estoy convencido que el inventor del iPod no morirá en la miseria, pero la comparación con la imprenta viene muy al caso. Ahora es posible copiar y distribuir la música -y también los libros- de una forma infinitamente más sencilla y por supuesto más barata que hasta fechas muy recientes. Ignoro las cifras exactas, pero es posible que frente a la distribución de un CD, la facilitación de la descarga de música a través de Internet seguramente conlleve unos costes equivalentes a una centésima parte. Pero esta vez los “creadores” no están dispuestos a que la tecnología disminuya sus ingresos.

Lo diré tal y como lo pienso: seguir vendiendo un CD al precio de hace 15 años cuando los costes del material de la grabación y de la copia se han reducido seguramente a la mitad, o querer comercializar una canción a un euro a través de la descarga en Internet, no sólo me parece un error que promueve la “piratería”, me parece simple y llanamente usura, que según la Real Academia es la “Ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de algo, especialmente cuando es excesivo”.

No es fácil engañar a la gente; hoy los “artistas”, palabra que por desgracia ya se aplica casi en exclusividad a cantantes sean estos buenos o de medio pelo, sacan sus principales beneficios, más que de la venta de su música, de los conciertos, donde te colocan 50 eurazos para entrar y se quedan tan a gusto.

Sé que sería políticamente correcto terminar esta columna haciendo en cualquier caso un llamamiento a la responsabilidad de los internautas en sus descargas, pero empezaré por pedir responsabilidad a las discográficas y a los "artistas", para que se imponga un precio justo, aunque sus ingresos mermen unos milloncillos al año y después si tengo que pedirle algo a los internautas lo haré, pero hoy no...mañana.

Ángel Garrido
Concejal Presidente de Villa de Vallecas
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