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Zapatero en la caverna

Zapatero en la caverna

Por Álvaro Ballarín
viernes 04 de junio de 2010, 00:00h
Zapatero aplaza un mes la reforma laboral en aras al pacto y una vez más rectifica y la anuncia para el 16 de junio. El retraso es malo, pero la excusa es peor; Zapatero vuelve a santificar el pacto, cuando los pactos por sí mismos no son ni buenos ni malos, depende del contenido de los mismos: si la reforma laboral es ambiciosa, generará empleo aunque no haya pactos, y si es cicatera, generará desilusión aunque vaya precedida de un pacto. Porque la UE, el FMI, los mercados y, sobre todo, los parados, están esperando una reforma de calado y ésta, para serlo, debe abordar principalmente, dos cuestiones básicas: los convenios, que deben ser empresa a empresa (de manera que los sueldos y sus subidas se fijen en función de la productividad de las empresas y, por tanto, de la viabilidad de éstas); y el coste del despido (que no desincentive la contratación).

Estos derechos de los trabajadores son importantes, pero el primer derecho de todos es el trabajo; sin trabajo no hay derechos. Por tanto, aunque vayan indisolublemente unidos, no hay que confundir lo sustancial con lo complementario. Zapatero recuerda a uno de esos desdichados de la caverna de Platón, que creen ver la realidad de las cosas cuando sólo ven las sombras que éstas proyectan. Igual que las cosas reales y sus sombras están inseparablemente unidas, pero éstas dependen de aquellas, también el trabajo va unido a los derechos laborales, pero éstos no existen, no pueden ser sin aquel, su soporte originario. No tenemos ninguna confianza en que la persona que durante dos años ha estado cegada por sus prejuicios ideológicos acierte a la hora de llevar a cabo la reforma laboral.

Esperamos que esta vez Zapatero salga de su “caverna ideológica” y ponga el foco más en el trabajo –el tener trabajo- que en los derechos laborales. Porque es el trabajo y no los derechos (que al final siempre se concretan de forma material) lo que permite a la persona realizarse como tal, lo que genera en ella confianza y autoestima, mientras lo contrario destruye a la persona.
 
Como termina diciendo Platón: “no se trata de darle la facultad de ver, porque ya la tiene; sino que lo que sucede es que su órgano está mal dirigido y no mira a donde debía mirar, y esto es precisamente lo que debe corregirse”. Porque, en definitiva, ¿qué es lo sustancial?, ¿que los jóvenes y los parados tengan trabajo o que se les concedan derechos para cuando pierdan un trabajo que no tienen?
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