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Crítica musical: Poco BB y mucha Band

Crítica musical: Poco BB y mucha Band

jueves 03 de junio de 2010, 00:00h
BB King y su banda cuajaron un concierto desigual en la celebración del Nelson Mandela Day, que este año tuvo su sede en el Teatro Circo Price de Madrid.

Cuando se tienen 84 años, no hay que demostrar ya casi nada. Todo lo que se ha vivido se traduce en el respeto de los que te rodean. Cientos de personas se acercaron este miércoles al Teatro Circo Price a homenajear a uno de los últimos mitos vivientes del ‘blues’, BB King. Muchas con invitación, de acuerdo, pero todas atraídas por la leyenda del genio de Mississippi, contento por tocar en un local de forma gratuita, como en sus inicios.

Había ganas de música entre el público, pero algunos no sabían muy bien cuál. Suele pasar cuando se invita a la gente a algo, que no es capaz de apreciarlo en su justa medida. El problema que existe para entender el ‘blues’ es que consiste en más sentimiento que técnica, y gran cantidad de la gente que asistió al recital no tenía eso claro, lo que bajó mucho el nivel de exigencia. Gran parte de los que se consideran fanáticos que se congregaron en el Teatro Circo Price creyeron fundamental alabar cada movimiento de su estrella, cuando se supone que eso fluye de forma natural.

De eso se aprovechó un BB King que fue de menos a más en el recital. Especuló con su leyenda, haciendo de maestro de ceremonias de una banda que raya a gran altura y a la que dio mucho protagonismo. Apenas una hora duró su recital, salpicado de canciones. BB  jugó seguro y repartió el papel improvisador entre sus compañeros.  Todos reunidos en torno al mito. Para él dejó pequeñas melodías de acompañamiento y algún solo poco elaborado con su guitarra ‘Lucille’. Pero no se le puede reprochar. Lidiaba en una plaza en la que le habían dado el trofeo (un diploma firmado por Nelson Mandela) antes de enfrentarse al toro. Y cada pequeño gesto suyo era objeto de aplauso. En esa tesitura, una nota sostenida equivalía a ovación y una palabra amable a gritos de admiración.

Magia
Aun así, hubo destellos de su magia. Aparte del teatro que hizo con la guitarra y el circo de parte del público del Price, la música fluyó y cautivó a través de su voz, aunque no hizo hervir la sangre. Fueron sus tablas y sus acompañantes (en especial el trabajo del batería y el juego de metales) los que le salvaron de la pena por aburrimiento. El momento estelar de la noche se vivió al subirse al escenario Raimundo Amador, ex compañero de fatigas del ‘bluesman’. En el tema que interpretó, el guitarrista español  lució su virtuosismo con la seis cuerdas también en el ‘blues’.  Mucho más rápido y técnico que BB, se soltó poco a poco y dejó fluir el sentimiento que narraba al tocar cada traste. Probablemente, la templanza y la presencia del ‘bluesman’ tuvieron mucho que ver en ello.

El aliño final, con canción dedicada a las ‘ladies’ y otra a los ‘men’ incluidas, mantuvo el nivel alcanzado con Raimundo, lo que salvó el conjunto. BB King se fue en pleno baño de masas, tal como vino. Sus acólitos discutían en las gradas hasta qué punto habían sentido el ‘feeling’ y el ‘groove’ del mito. Les dejaba con ganas de más. Quizás es lo que necesitan: un poco más de BB. Ojalá le queden fuerzas para venir a Madrid muchas veces más a mostrar de lo que es capaz.

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