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Zapatero arremete contra molinos

Zapatero arremete contra molinos

Por Álvaro Ballarín
viernes 07 de mayo de 2010, 00:00h
El presidente del Gobierno, con gran desconocimiento y cierto provincianismo, arremetió ayer contra los mercados como si fueran gigantes con oscuras intenciones. Lo que ha pasado en Grecia y lo que está pasando en España, ya le pasó a Gran Bretaña y a otros países, porque los mercados no están contra nadie, sino a favor de ellos mismos. Arremeter contra los mercados cuando no los necesitas puede resultar una ligereza poco inteligente; hacerlo cuando por tus propios errores dependes absolutamente de ellos, resulta una torpeza de extraordinaria dimensión, porque no son otra cosa que los inversores a los que queremos convencer para que renueven o compren nuestra deuda.

Es verdad que en términos absolutos la deuda pública española no es demasiado alta, pero también es verdad que en dos años se ha duplicado. Y lo que es peor, Zapatero, y ese es su grave error, no ha tenido en cuenta a la hora de aumentarla que esta deuda pública se añade a la ya muy alta deuda externa de las familias y las empresas españolas, porque lo que tienen en cuenta los mercados es la deuda total de España. Un país tan dependiente de la deuda externa como España no puede ser ajeno a las demandas de los mercados para que se tomen medidas concretas, porque lo que estos mercados quieren, en su mayor parte, es garantizar a su vencimiento el cobro de la misma.

Y las medidas que demandan son muy razonables: que se reduzca el déficit (porque el déficit se convierte en deuda, que es la que financian estos inversores) y, lo que es más importante, que se incrementen los ingresos y de esta manera sea más fácil devolver la deuda.

Sin embargo la situación es bien distinta: con un incremento de los gastos del 17% del presupuesto en 2010 con respecto a 2009, no parece que estemos en condiciones de reducir el déficit, ni mucho menos que lo podamos dejar en el 3% en 2013. Y con respecto al incremento de los ingresos, con un paro del 20% es muy difícil crecer económicamente, tal como auguran el FMI y la UE, que sitúan el crecimiento español para 2011 en torno al 0,8% del PIB.

De ahí la preocupación de los mercados; y ante ésta, Zapatero, lo único que hace en la rueda de prensa del miércoles –irritado y no consciente de la gravedad de la situación- es intentar mandar un mensaje de confianza, cuando la confianza en economía sólo se genera tomando medidas. Ésta es la clave: adoptar medidas concretas y generar confianza. Justo lo que no se hace.

Los mercados saben que las medidas no tienen efecto de la noche a la mañana, pero esperan señales, medidas concretas y de calado que generen crecimiento económico; por un lado, una reforma del sistema financiero que permita a las empresas acceder con más facilidad al crédito para financiar así el fondo de maniobra; por otro, una reforma del mercado laboral que impulse la creación de empleo. Esto, unido a una reducción del déficit más ambiciosa y más acelerada, permitirá en su momento devolver la deuda y, ahora, tranquilizar a los mercados.

Si Zapatero tomara las medidas adecuadas desde el punto de vista económico se daría cuenta de que no son gigantes lo que tiene enfrente sino molinos, energía para el motor del crecimiento económico.
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