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¡Gracias, Avellaneda!

¡Gracias, Avellaneda!

Por Álvaro Ballarín
viernes 23 de abril de 2010, 00:00h
Hoy, 23 de abril, es el Día del Libro, que se celebra en conmemoración de la muerte del autor de El Quijote. La importancia de una novela como El Quijote, además de por su inagotable imaginación, le viene de su atemporalidad. Y es leyendo El Quijote en nuestros días, precisamente, cuando se pone de manifiesto su extraordinaria contemporaneidad, que hace que aún hoy, más de 400 años después, siga teniendo vigencia. Quisiera resaltar esta actualidad fijando mi atención en uno de los aspectos de El Quijote que menos han tratado los estudiosos –y al que el propio Cervantes seguramente no concedía demasiada importancia, pues no se refiere a ella hasta la Segunda Parte- que es la presencia de la política y la justicia en la novela.

Es sin duda en los consejos que da Don Quijote a su escudero, cuando está a punto de convertirse en gobernador de Barataria, donde se concentran las reflexiones de Cervantes sobre la justicia y la política.

Sobre la justicia, nos dice Cervantes:

 “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva”.

“No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio”.

Sobre la política, nos cuenta Cervantes que Sancho, sobreponiéndose a la codicia y la vanidad que en un principio le hicieron pretender el título de gobernador, venció en su batalla personal por la virtud; el mismo Sancho que había soñado con la ascensión social de su hija Sanchica y estaba dispuesto a todo para verla convertida en condesa –¿qué no haría uno por una hija?- es el Sancho que abandona Barataria tal como había llegado: “Desnudo nací, desnudo me hallo; ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas”.

Termino con el consuelo que da Cervantes a los impacientes: “pensar que en esta vida las cosas de ella han de durar siempre en un estado, es pensar en lo excusado”; y con su somero balance de despedida: “se fue como en sombra y humo el gobierno de Sancho”.

Aunque pueda parecer lo contrario, Cervantes no escribía para nosotros, sino para las gentes de su tiempo; por eso es tan asombrosa la actualidad del texto y la vigencia de sus observaciones a la luz de nuestra realidad contemporánea. 

¡Gracias, Avellaneda!
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