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Liberad a Willy

Liberad a Willy

viernes 05 de marzo de 2010, 00:00h
Les propongo un ejercicio de imaginación: durante la repugnante dictadura de Pinochet uno de los muchos presos políticos torturados (¿o es que no es tortura estar encarcelado por pensar?) se declara en huelga de hambre y muere en la cárcel. Al día siguiente un actor de derechas (créanme, hay muchos) declara que ya está bien de meterse con el régimen del pobre Pinochet y que el que ha muerto no era más que un traidor a la patria y un delincuente común.

Sí, ya sé que es muy difícil imaginarlo, fundamentalmente porque uno no imagina a un actor tan imbécil —ni tan miserable—  capaz de hacer algo tan abyecto, ni de arruinar su carrera profesional ante el repudio de toda la sociedad.

Pues bien esto es exactamente lo que ha ocurrido —mutatis mutandis— es decir cambiando Pinochet por Castro, derechas por izquierdas, y exclusivamente manteniendo lo de miserable, con Willy Toledo. La cosa ha sido tan repugnante que, hasta campeonas del sectarismo como Pilar Bardem, se han querido distanciar del sujeto en cuestión, habiendo recibido el apoyo a su hazaña de degradación humana únicamente por parte del PCE y esto sí que, en mi opinión, va más allá de la anécdota de un individuo de la catadura moral de Willy.

Europa ha sufrido décadas de espanto, con el advenimiento del fascismo, nazismo y comunismo. El último de los totalitarismos fue precisamente éste último, el cual, en el triste ranking de asesinatos y violaciones de derechos humanos igualó al fascismo.

Pero superados estos movimientos que aún siendo tan recientes, por su crueldad parecen pertenecer a la prehistoria de la humanidad, únicamente el comunismo ha renunciado a dejar de existir como tal en muchos lugares del mundo. Hoy nos escandalizaríamos si en Alemania se presentase a las elecciones el Partido Nazi (de hecho está ilegalizado), o en Inglaterra el Partido Fascista, por citar dos ejemplos; sin embargo nos hemos acostumbrado como si fuese la cosa más natural del mundo a que los Partidos Comunistas en Europa se permitan el lujo de seguir apoyando a dictadores asesinos.

En una de las hambrunas generadas por el comunismo soviético, los niños robaban alimentos para sobrevivir. La respuesta fue rebajar la edad de la pena de muerte para poder ahorcar a los niños de dieciséis años. Ante la conmoción en el mundo democrático, la justificación del partido comunista FRANCÉS, fue que en el paraíso comunista las personas maduraban antes y dejaban de ser niños a edad más temprana.

Yo creo que es bueno que partidos con estas trayectorias y personas como Willy sigan ejerciendo libremente la misma libertad de expresión por la que otros mueren, incluso es bueno que expresen con altavoces sus opiniones y explicaré por qué: cuenta Borges —citando si no recuerdo mal a De Quincey— que hablando de un personaje de naturaleza miserable que había logrado evadir con diferentes argucias la ley y seguía campando a sus anchas, alguien sentenció con frase lapidaria: “los dioses no quisieron que deshonrara el patíbulo muriendo en él, ahí sigue, vivo, fatigando la infamia”.  Conservemos también nosotros estos monumentos vivos a la infamia. Hacedme caso, medios de comunicación democráticos, personas de buena voluntad, no le condenéis. ¡Liberad a Willy!
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