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¿Pacto? ¿Qué pacto?

¿Pacto? ¿Qué pacto?

Por Álvaro Ballarín
jueves 25 de febrero de 2010, 00:00h
Aunque el documento enviado por Elena Salgado a los portavoces de los partidos –apenas unas horas antes de la reunión de la comisión anticrisis– no contenía medidas concretas ni hacía mención a lo que de verdad es importante, es decir, la reforma laboral, bajar el déficit, contener los salarios e incrementar la competitividad, los socialistas siguen sacralizando el pacto como si fuera el pacto lo que vaya a sacarnos de la crisis. Una vez más confunden fines con medios: un pacto no es un fin en sí mismo, un pacto siempre es un medio, un instrumento para lograr un fin, en este caso para conseguir mayor crecimiento económico y, por tanto, crear empleo.

Desde finales del siglo XVIII la economía es una ciencia, aunque parece que Zapatero todavía no se haya enterado; no una ciencia exacta, como las matemáticas, pero sí es una ciencia. Y en cuestiones científicas y técnicas, no se llega a soluciones porque haya consensos o pactos: no parece lógico que pactemos entre todos que dos y dos son cinco, porque por mucho que nos pongamos de acuerdo, la realidad es que seguirán siendo cuatro. Por tanto, cuando hablamos de la Economía, una ciencia con normas y reglas que se materializan en formulaciones matemáticas, que se pueden demostrar, lo importante son las medidas que se toman, los contenidos. Por supuesto que si estas medidas se pueden coronar con un pacto, tanto mejor, pero lo que realmente importa son las medidas mismas: si no se baja el déficit, aunque haya pacto, los mercados no nos financiarán, se incrementarán los tipos de la renta fija, caerán las bolsas y correremos el riesgo de colapsar; sin reforma laboral, por mucho pacto que haya, lejos de incrementarse el empleo, se incrementarán los parados.

La política económica, como ciencia que es, deja muy poco margen de actuación; en épocas de bonanza todavía es posible actuar con un cierto grado de discrecionalidad, pero en épocas de crisis las medidas indicadas son las que son y no otras, y éstas son las que hay que aplicar. De las pocas variables que intervienen en la economía que no son técnicas sino de tipo psicológico, la más importante es la confianza, que es precisamente lo que Zapatero es incapaz de generar entre los empresarios –los que crean empleo-, los mercados y, sobre todo, los ciudadanos. Y lo que genera confianza no es que haya un pacto, lo que genera confianza es que se tomen las medidas adecuadas.

En cualquier caso, los socialistas insisten en el pacto. ¿Pacto? ¿Qué pacto? ¿Un pacto al que hay que ir aceptando los prejuicios ideológicos que hasta hace un mes todavía tenía Zapatero y que han sido la causa de que haya 4,5 millones de parados? ¿Quieren que el PP les dé un cheque en blanco para luego, a las primeras de cambio, cuando los sindicatos amenacen con una huelga general, traicionar a los jóvenes y a los parados y, lo que es peor, dejarles sin alternativa?
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