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Zapatero en la montaña mágica

Zapatero en la montaña mágica

Por Álvaro Ballarín
sábado 30 de enero de 2010, 00:00h
En La montaña mágica, una de las novelas más estremecedoras del siglo XX, Thomas Mann cuenta la visita del joven Hans Castorp a su primo, internado en un sanatorio de tuberculosos de los Alpes suizos, en la ciudad de Davos. Cuando se acerca el momento de partir, Hans Castorp tiene conocimiento de su enfermedad, lo que le obligará a prolongar su estancia en el sanatorio por un largo periodo de tiempo.

También Zapatero ha ido a Davos; lo sorprendente es que lo ha hecho para hablar de las enfermedades de la economía mundial, cuando España es el enfermo de Europa. Durante mucho tiempo Zapatero ha estado manteniendo que la crisis internacional nos había contagiado –como si de un catarro se tratara- sin que se haya enterado de que España padecía desde antes un mal propio, del mismo modo que le ocurrió a Hans Castorp, que creyó haber contraído la tuberculosis en el sanatorio cuando había llegado ya enfermo y todos en la montaña mágica menos él se daban cuenta de que lo estaba. Durante el tiempo en que Hans Castorp todavía no sabía de su enfermedad (tremenda paradoja, él creía que se trataba de un catarro) estuvo dedicado a asuntos triviales para hacer más llevadera su estancia en el sanatorio. También Zapatero, en su ignorancia, ha estado perdiendo el tiempo, mientras negaba la crisis y afirmaba irresponsablemente que vamos hacia el pleno empleo, que estamos en la champions league o que vamos a superar en renta per cápita a Francia. Con su pasividad ha dejado crecer el mal de la economía española, hasta que nos hemos dado de bruces con la realidad: nos hemos quedado totalmente descolgados de la recuperación, con previsiones de crecimiento negativo para 2010 y con cuatro millones y medio de parados; en definitiva, somos un lastre para nuestros vecinos europeos y así nos lo han hecho saber en Davos.

Ahora que ve que todos los países empiezan a salir de la crisis pero él se queda –como Hans Castorp, que veía salir del sanatorio a otros enfermos que ingresaron al mismo tiempo que él- parece que toma conciencia de la gravedad de su enfermedad. Pero aquí acaba todo paralelismo. Porque si Hans Castorp se disciplinó y siguió las indicaciones del jefe médico cuando supo de la gravedad de su tuberculosis, a la vez que relativizaba la importancia de las posiciones ideológicas que trataban de imbuirle sus tutores, Settembrini y Naphta, Zapatero, por el contrario, ha hecho de sus prejuicios ideológicos un fin (las ideologías son para las personas y no al revés), que le impide hacer caso de las voces que desde distintas instituciones económicas de todo el mundo le están indicando los remedios para la recuperación de la economía. Después de un largo periodo de tiempo, Hans Castorp salió del sanatorio de tuberculosos. Zapatero sigue en la montaña mágica, porque hay enfermedades que duran más que un largo periodo de tiempo.
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