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Qué pasa con la Ley del Menor

Qué pasa con la Ley del Menor

miércoles 27 de enero de 2010, 00:00h
El denominado como caso “Rafita” está conmocionando a la sociedad. Se trata del joven que ahora tiene 22 años y sigue delinquiendo como hace 7, cuando, supuestamente, mató a Sandra Palo de una forma salvaje, sin importarle para nada los sentimientos de su víctima. Pues este joven está en libertad, a pesar de que ha sido detenido en varias ocasiones, después de aquel acto despreciable, y cuando ya no es menor de edad.

Pero los años son lo de menos, el caso asusta y sorprende a la población, que se considera indefensa ante una ley que deja en libertad a delincuentes cuyas posibilidades de recuperación es mínima por no decir nula. El argumento para defender esta ley, que tiene como principal objetivo la reinserción de los delincuentes, es legítima y adecuada para una sociedad que pretende evolucionar en todos los aspectos, pero los límites no están reñidos con la justicia. Y hay casos que están claros, por más que quieras estirar la voluntad, en espera de un cambio de actitud.

Hay tantas cosas que a los ciudadanos nos cuesta mucho entender que da la impresión de que la  justicia va por un lado y el pueblo, la gente de la calle, los trabajadores de todos los niveles, van por otro. Parece que se trata de una justicia que no está hecha para nosotros, para los que trabajamos y pagamos impuestos para mantenerla. Si se fijan, de vez en cuando, salta uno de esos casos que deja a la ciudadanía con la boca abierta.

El problema no es ese que provoca titulares como el “Rafita” o el de “De Juana Chaos”, casos que salen a la luz gracias a los medios de comunicación y provocan un debate social que altera la convivencia y deja un poso de desconfianza en la ley y en la justicia. No, lo preocupante de esto es el día a día, la vida cotidiana en la que se esconden tantos y tantos delincuentes de bajo y alto calibre que conocen y burlan la ley. Todos esos que se amparan en una letra escrita con desacierto y que nadie modifica. Y así día tras día. Y mientras tanto, seguimos trabajando y pagando los impuestos que servirán para que los legisladores hagan su trabajo mal, pero puedan comer y vivir de lujo; para que los juristas retuerzan las palabras hasta que no se entienda nada; y para que los juzgadores sigan haciendo eso que nadie entiende, como poner en libertad a un tío que roba a discreción, que atraca o mata sin el más mínimo coste.

¿Vds., señores diputados, creen que no hace falta reformar eso?. No solo la del menor, la de los mayores también necesita una revisión, porque, una buena parte, de esos que nos maltratan a todos con robos, atracos y otras formas de extorsión,  antes de cumplir los 18 años, terminan cumpliendo los 20 y siguen en la misma autopista de delincuencia, durante mucho tiempo, sin el más mínimo síntoma de tener la intención de abandonar la ilegalidad.

No es de extrañar que esos madrileños, gallegos o andaluces que no entienden nada afirmen que la ley está hecha para los delincuentes y no para la gente sería, honrada y trabajadora. Muchas veces nos preguntamos ¿a quién defienden?

Siempre oigo el mismo planteamiento: ellos, los delincuentes, hablan de derechos. A nosotros, los ciudadanos que pagamos esos impuestos que mantienen el chiringuito, nos hablan de obligaciones. Sus derechos y nuestras obligaciones. Creo que los políticos están obligados a poner más atención a las demandas de los ciudadanos y no sólo en época electoral, que entonces ya lo hacen, porque un día nos vamos a cansar.
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