www.madridiario.es
Crítica teatral. - 40, el musical: generación O.T.

Crítica teatral. - 40, el musical: generación O.T.

lunes 19 de octubre de 2009, 00:00h
El teatro Rialto repite la fórmula ensayada la temporada pasada con “Enamorados anónimos”, pero ahora con los éxitos más populares de los 40 Principales. Un espectáculo-recopilación que gustará sobre todo al público veinteañero devoto del programa Operación Triunfo. Aunque algunas de las canciones las tararearan sus hermanos mayores.
El planteamiento es sencillo: se seleccionan canciones de éxito, se estudia ligeramente sus letras y se redacta un texto que les dé  una conexión. Esto, en la vieja Revista española se hacía mucho. Quique Camoiras, por ejemplo, decía en un momento: ¡Qué calor hace, parece que estamos en Brasil! Y las coristas se marcaban una animada samba. Y así con el chotis, la estepa rusa o la jota aragonesa. La historia de “40, el musical” no da más que para engarzar las muchísimas canciones que se interpretan.

Ambiciosa producción
Tiene este espectáculo una espléndida producción. Medios no se han escatimado para lograr que el incómodo y pequeño escenario del Rialto parezca uno de Broadway. Iluminación apabullante, sonido rotundo, pasarelas que suben y bajan, plataformas que ascienden desde el foso... un complejo mecanismo que funciona a la perfección. El vestuario intenta reproducir la estética en la época de cada canción y algunos nos sonrojamos al ver en escena cosas que nos pusimos tiempo atrás.

Hay algunos momentos brillantes. Como el “Bienvenidos” de Miguel Ríos, vibrante y arrollador. O el intimismo de Pablo Puyol cantando “Siete vidas” de Sabina. Humor y recochineo en las dos canciones de Bosé, “Superman” y “Bandido”. Y desmadre divertidísimo en la disparatada boda. Pero, como en este tipo de espectáculo, se acaba pecando por exceso, sobre todo en la duración.

Compañía juvenil
Presenta este musical un  compacto y musculado cuerpo de baile, al que se le queda estrecho el escenario. Sus apariciones provocan un subidón de energía, cuando no de sofoco por la exhibición de epidermis. El reparto de los siete protagonistas es muy irregular y no está a la altura de la producción. Destaca claramente la potencia y seguridad de María Blanco, la mejor del elenco. Adrián Lastra posee una naturalidad que conecta inmediatamente con el patio de butacas. El público más joven -¿tiene dinero para pagar estas localidades?- cantará con los artistas, acompañará con palmas y hasta bailará en el patio de butacas. Sus padres, si les acompañan, suspiraran con nostalgia recordando la época de la pata de elefante, las camisas floreadas o los calentadores en las piernas. ¡Cosas de la edad!
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios