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Formas de no hacer nada

Formas de no hacer nada

lunes 21 de septiembre de 2009, 00:00h
Los que llevamos algún tiempo en política sabemos que una de las mejores formas de no hacer nada ante un problema, se basa en posponer la decisión de atajarlo con alguna iniciativa, a la espera de encontrar una fórmula de resolución que sea mejor que la que tenemos. Este tipo de acción – o más bien de inacción- conduce, a través del axioma de que lo mejor es enemigo de lo bueno, a una generación de soluciones y paralización de las mismas ad infinitum.

Este tipo de procesos en política pueden producirse por voluntad propia o inducidos.

Por voluntad propia en el caso de personas con poca capacidad para tomar decisiones: del Presidente de EE.UU Jimmy Carter, un hombre inteligente, se decía que ante cualquier problema pretendía analizar todas las variables que podrían influir en él y terminaba por no hacer nada. Este tipo de inacción por exceso de información es un problema tan grave que es preferible –tampoco lo tomen al pie de la letra- decidir con una moneda a cara o cruz.

El capítulo de inducidos hace referencia no a las críticas legítimas que debe soportar cualquier propuesta de actuación ante un problema, sino a esa coletilla retórica, recurrente e irritante de “es insuficiente”.

Decía Borges, que hay argumentos que demuestran tanto que terminan por no demostrar nada. Este es el caso de la “insuficiencia”, dado que por definición toda actuación política en cualquier materia es insuficiente: las bibliotecas, los centros de salud, las carreteras, los autobuses o la policía por citar sólo algunos ejemplos siempre serán insuficientes.

Un ejemplo de esto lo tenemos de plena actualidad ante las reacciones provocadas tras el anuncio de la Presidenta de la Comunidad de Madrid de convertir a los profesores en autoridad pública.

Dada la práctica unanimidad de profesores y padres en relación a la necesidad de hacer algo en esta materia, pocas han sido las voces en contra de la decisión, pero como se trata de opinar a toda costa, determinados políticos y sociólogos –dos raras especies habituadas a justificar una cosa y la contraria con los mismos argumentos- han afirmado rotundamente que esa decisión “es insuficiente”.

Y la verdad es que lo es, toda vez que mientras los progenitores no seamos plenamente conscientes de la responsabilidad que contrajimos al traer niños a este mundo, será “insuficiente”; mientras los padres no seamos conscientes de que es más probable que nuestro niño se invente una trola a que se la haya inventado el profesor, será “insuficiente” y mientras determinados psicólogos y pedagogos, se empeñen en hacernos creer que para convencer a un niño de seis años se pueden emplear los mismos argumentos que con un profesor de filosofía, será “insuficiente”. Pero dado que estas otras eficaces medidas son sólo un sueño de una noche de otoño, mi aplauso y felicitación a Esperanza Aguirre y a todos los políticos de cualquier signo que se atreven a tomar medidas insuficientes. 

Ángel Garrido García - Concejal Presidente del Distrito de Villa de Vallecas
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