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Vamos a contar mentiras, tra, la, rá

Vamos a contar mentiras, tra, la, rá

El aula ecológica La Cabaña, en el Retiro, muestra a los escolares los secretos del parque con actividades medioambientales y juegos didácticos

viernes 24 de noviembre de 2006, 00:00h

Entre mil verdades, sólo tres mentiras piadosas han bastado para dar emoción a la fría mañana en el Parque del Retiro. Los protagonistas, escolares de quinto de la ESO del colegio Reinado del Corazón de Jesús. Son vecinos de este pulmón verde y alumnos aventajados en esto de pisotear el Parque. Hoy se han vuelto a acercar hasta él para descubrir, de mano de las responsables del aula de ecología La Cabaña, algunos de sus secretos escondidos.

¿Los koalas se alimentan de hojas de eucalipto? ¿Se pueden mover los sauces de los pantanos? ¿De dónde es el Castaño de Indias? ¿Y el Ginkgo Biloba? Son algunas de las preguntas que han tenido que hacerse los alumnos de quinto de primaria del colegio Reinado del Corazón de Jesús en su visita al Parque. En un juego de verdades y mentiras que les ha llevado por los rincones secretos del Retiro los escolares han participado en una de las actividades del aula Ecológica La Cabaña, que desde hace dos años programa talleres para escolares, adultos y familias.

Desde que se abrió para este nuevo fin, han pasado por este lugar miles de personas y sólo para el presente curso se espera que disfruten de esta cabaña y sus actividades entre 9.000 y 10.000 personas. No lejos de La Rosaleda y a unos metros de la Puerta de Mariano de Cavia, se esconde este pequeño refugio ambiental desde donde los escolares han partido en ruta, buscando entre las mil verdades sobre el Retiro las tres 'mentirijillas' que les darán la llave para regresar a La Cabaña a comerse el merecido bocata del almuerzo.

La primera parada de su periplo tiene mucho que ver con la mentira: frente a la estatua del Ángel Caído, que todos reconocen como "Lucifer" tratan de saber algo más sobre este homenaje único nada menos que al mismísimo demonio. Del Ángel Caído a la noria de madera donde un día se levantó una de las más exquisitas fábricas de cerámica de España. Allí queda sólo el rastro de la noria con la que se extraían las aguas subterráneas, y desde ella se puede contemplar el huerto de almendros que se abre ante los ojos asombrados de los niños, cuando se enteran de que sus frutos son venenosos. "Almendras amargas con cianuro?" Repiten, atónitos, escrutando a la vez, las hojas rosadas de un liquidambar ya caduco.

Camino del estanque hacen una parada frente a un castaño de Indias muy mentiroso. Merche y Violeta, las monitoras de este taller, explican a los niños que ni es de la India, ni sus castañas se pueden comer, por pilongas, ni las hojas parecen ser lo que son, ¡nada más y nada menos que caben siete en una sola!. "¿Cómo es esta hoja?", pregunta Violeta. "¡Pues mentirosa!", responde, convencido, Pablo. "No, no es mentirosa es compuesta". Ni corto ni perezoso un compañero, disculpándose antes, apunta: "Pues esa hoja se parece bastante a la marihuana". Después, muchas carcajadas bajo el viejo castaño de indias.

El frío se crece y el cielo amenaza lluvia. De las bromas, los niños pasan a asuntos más serios cuando llegan hasta el Bosque de los Ausentes, donde casi 200 cipreses recuerdan a otras tantas víctimas de los atentados del 11-S. La mayoría de los escolares saben bien de qué les hablan y a su edad ya conocen la trascendencia de aquél suceso. Bajan la voz y se acercan hasta un grupo de árboles muy especiales: los ginkgos. Sus caras delatan su desconocimiento a cerca de esta especie prehistórica, "como un fósil viviente", apunta Violeta, "tan antiguo como los dinosaurios", dice. "¿Ese árbol lleva ahí desde los dinosaurios?", se oye una voz que interroga. "No -aclara Violeta- éste se plantó en 2004 pero es de una especie que ha conseguido sobrevivir y no extinguirse". Admirados por la forma de abanico de sus hojas, que ya amarillean, parten hacia el parterre, donde contemplan un gran ciprés calvo, varios boj y dos inmensos cedros entre el jardín de inspiración francesa.

Desde el estanque, donde echan de menos la isleta central en la que los reyes españoles acostumbraban a disfrutar de obras teatrales, alcanzan el Palacio de Velázquez, "construido -dice con picardía, Merche- por el famoso pintor". Algunos ya se han dado cuenta de la mentira mientras otros creen haberla odio en la explicación del estanque. Cuando llegan al imponente Palacio de Cristal y el lago que se abre frente a él descubren unos curioso árboles sumergidos: "Es el sauce de los pantanos, según Violeta, "que sobrevive en el agua gracias a que sus raices asoman en el exterior. Dicen que este árbol puede desplazarse y que no siempre está en el mismo lugar". Ya de camino a la cabaña se detienen a contemplar un viejo eucalipto, "un árbol español con muchas propiedades y de cuya madera se extrae el papel", oyen decir los alumnos. "Además, los koalas se alimentan de sus hojas". "¿Los koalas?", se pregunta Jaime.

Los chicos están hambrientos y quieren "ya" su almuerzo pero para ello tendrán que desvelar primero las tres mentiras de su paseo otoñal y así obtener la llave que les devolverá a la Cabaña. Son listos y ya han dado con ellas: "el Palacio de Velázquez no lo construyó el pintor sino el arquitecto Ricardo Bosco Velázquez", primera 'mentirijilla' desvelada. Además, el ciprés de los pantanos no puede andar, algo muy evidente. Y, por fin, el tercer secreto lo guarda el eucalipto, un árbol originario de Australia y no de España. "Claro -dicen algunos- por eso se lo comen los koalas". El paseo matinal ha acabado y es hora de contar otras verdades en La Cabaña, donde su responsable, Nuria, espera a los alumnos para realizar una manualidad de arcilla en la que estampan la hoja más bonita que han encontrado: la del ginkgo. ¿Será verdad que este antiquísimo árbol chino tiene propiedades curativas únicas en el mundo?

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